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Violencia en Brasil

Jueves 03 de mayo de 2007

Las calles de algunas de las principales ciudades de Brasil han sido escenario en los últimos días de movilizaciones populares en reclamo de mayor seguridad y contención de la ola de violencia urbana. El clamor popular se concentró en San Pablo, donde se produjeron audaces ataques organizados por la mafia; Río de Janeiro, donde el narcotráfico ha crecido de manera significativa, y en Minas Gerais, Espíritu Santo, Goiás, y Sergipe, donde la violencia las azota por igual.

En lo que va del año, la situación en Río de Janeiro se ha deteriorado a causa del accionar del narcotráfico y la ineficiencia del Poder Judicial. Por esto no sorprendió que el gobernador de ese estado haya pedido reiteradamente a las autoridades nacionales ayuda militar para contener la ola de violencia.

Dos acontecimientos próximos preocupan sobremanera en este contexto, porque pueden ser perturbados por la violencia. El más inmediato es la visita del papa Benedicto XVI a San Pablo, entre el 9 y el 13 de este mes. El Pontífice permanecerá cinco días entre esa ciudad y Aparecida, el santuario de la Virgen del mismo nombre, patrona de Brasil, cercano a la capital paulista. El otro se producirá en Río de Janeiro, que recibirá a cientos de miles de turistas con motivo de los Juegos Panamericanos, por realizarse en julio.

El gobierno federal contribuye al combate contra la violencia con un cuerpo formado por policías de elite de todos los estados, denominado Fuerza Nacional de Seguridad Pública. En la administración del presidente Luiz Inacio Lula da Silva hay quienes manifiestan reservas sobre el uso de efectivos militares para garantizar la seguridad urbana. Su despliegue en escenarios urbanos es fácil, pero el cumplimiento de su mandato, particularmente cuando es necesario utilizar la fuerza, no es para nada sencillo.

Es complejo pensar en el uso masivo de la fuerza militar en medio de la población civil. La respuesta pasa, quizá, por poder contar con fuerzas de despliegue rápido, cuya naturaleza sea intermedia entre la que caracterizó tradicionalmente a los militares y la que hasta ahora ha definido el accionar de las fuerzas policiales.

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