Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Antes de que sea tarde

Desidia y malicia llevan al Cervantes a un callejón sin salida

Domingo 06 de mayo de 2007
SEGUIR
LA NACION

He aquí una gran oportunidad para que Cristina Fernández de Kirchner -que siempre parece estar a la búsqueda de prestigiosas causas aisladas que le permitan lucir sus potencialidades como eventual candidata presidencial sin exponerse a mayores riesgos- dé un paso al frente y ponga un poco de luz en medio de tanta desolación.

Pese a los arreglos parciales en marcha -recuperación del piso original y de la luz difusa de la sala principal, reparación de butacas, instalación de nuevas cabinas de iluminación y sonido, puesta a punto y pintado de algunos yesos de palcos y columnas y los andamios actualmente colocados en el foyer y sobre la fachada externa para proceder a sus respectivas restauraciones-, el Teatro Nacional Cervantes se cae anímicamente a pedazos, por dentro y por fuera. Según algunas estimaciones harían falta entre 12 y 14 millones de dólares para ponerlo a punto y devolverle su brillo y operatividad original.

La autarquía en organismos públicos que como el Cervantes generan tan escasos recursos -unos 450.000 pesos por ingresos anuales de boletería- parece jugar en contra de su propia existencia.

Aunque la Secretaría de Cultura de la Nación recibe todos los cachetazos por su lamentable estado edilicio y el explosivo conflicto gremial que lo mantiene desde hace tiempo paralizado, aquélla sólo ejerce sobre éste una supervisión somera y, a duras penas, reacciona ante los hechos consumados sólo de manera acotada, en tanto que tiende a deslindar responsabilidades en la dirección del teatro (a todo esto, hoy vacante).

* * *

Sin un padrinazgo público firme que lo prohije de manera más activa, con un director renunciado (Alejandro Samek) y un subdirector (Rubens Correa) que no sube porque el presidente Néstor Kirchner no acaba de firmar el decreto correspondiente, con un presupuesto a todas luces exiguo para 2007 de 7.548.700 pesos (cuyo 80 por ciento se va en pagos de sueldos de sus 150 empleados estables y en producción de obras) y sin una mística y una convicción propias para exponer ante la sociedad una impronta de programación clara, atractiva y estable que lo arranquen de su opaco letargo y de su profunda tristeza, en esta instancia tan crucial sólo una mano poderosa, desde lo más alto del poder político, podría revertir una dinámica destructiva en la que, o por inoperancia o por necedad, está sumido el Cervantes.

Con el Bicentenario a la vista y en tanto la ciudad de Buenos Aires prodiga cuidados intensos para que sus teatros Colón y San Martín luzcan en algún tiempo como merecen sin por eso detener sus programaciones, la pasmosa inactividad del Cervantes se expresa tan patéticamente hacia fuera que no sólo se notifican de ella los sectores involucrados con la cultura (que emiten comunicados, mantienen reuniones y se hacen presentes en actos públicos), sino que hasta un par de linyeras se han cobijado en algunas de sus puertas, atraídos seguramente por su tranquilo abandono.

Tras un incendio en 1961 que lo mantuvo cerrado durante siete años, el Cervantes viene languideciendo, librado al sostenimiento, a puro pulmón, de algunas gestiones pasajeras que hicieron más de lo que pudieron con tan poco.

Ahora con su producción 2007 parada -esperan estrenar distintas obras Rodolfo Bebán, Juan Carlos Gené, Enrique Liporace, Luisa Kuliok, Marikena Monti, Graciela Dufau y Perla Santalla, entre otros-, el Cervantes es salvaje campo de batalla de una lucha gremial que excede completamente su ámbito (en tanto hay paritarias en curso, la combativa Asociación de Trabajadores del Estado, ATE, quiere más aumentos y jerarquizaciones por fuera del Sistema Nacional de la Profesión Administrativa).

* * *

Calderas que no funcionan, telas del Salón Dorado manchadas por filtraciones, desmoronamiento de molduras externas e internas, baldosas que faltan, instalaciones eléctricas pendientes: una minuciosa recorrida ocular que hizo este periodista anteayer por los distintos pisos y subsuelos del Cervantes le permitió comprobar deterioros y falta de mantenimiento de años. No obstante, al teatro se lo nota entero y operable, muy lejos de las versiones disparatadas que alertan sobre la posibilidad de su demolición para construir en su lugar algún emprendimiento inmobiliario.

El tema de fondo remite a una vieja polémica histórica de la que el Teatro Nacional Cervantes es una de sus víctimas dilectas: la Nación, como tal, ¿se interesa de verdad, en hechos concretos, por los contenidos de la cultura, más allá de intenciones y discursos? ¿Por qué la ciudad de Buenos Aires, en cambio, dedica mayores presupuestos y lucen ostensiblemente mejor sus esfuerzos en esta materia?

He aquí, señora Kirchner, una causa que realmente vale la pena llevar adelante y que llenará de gloria a quien pueda responder a esos interrogantes y obrar en consecuencia.

Te puede interesar