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Las chicas se revuelcan en tules

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LA NACION
Domingo 06 de mayo de 2007
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Pequeño drama para dos mujeres . Dramaturgia, dirección y concepto escenográfico: Andrea Chacón. Con Mariana Ortiz Losada y Vanna Passeri. Luces: Javier Alemanno y Mariano Arrigoni. Vestuario: Gabriela Delmastro. Música: Christian Basso. Entrenamiento corporal: Silvia Tavcar. En Apacheta, Pasco 623, los viernes, a las 21. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: muy bueno

Escondido, pero cálido y acogedor, el Apacheta ya se consolidó en el circuito alternativo como una sala de experimentación, con interesantes propuestas.

Pequeño drama para dos mujeres es una delicia. Al principio, todo parece raro. Un espacio escénico cubierto de tules por el que se mueven dos actrices, como perdidas, diciendo cosas que parecen sinsentidos. Pero enseguida todo comienza a tomar forma y atrapa la atención del espectador, con una poética artesanal desarrollada por Andrea Chacón, de la que no se ausentan ni el humor, ni la reflexión.

Estas dos mujeres se cuelan en los casamientos y buscan, ansían y sueñan no sólo con el amor sino con los hombres y todo aquello que puede venir con ellos. Su paso por las fiestas de bodas es una condena que disfrutan y parece destinada a no terminar jamás.

Para eso, Chacón exploró en el ser femenino, y tomó un punto de partida brillante: los cien cobres grabados que hizo Pablo Picasso con el nombre de Suite Vollard . Quien alguna vez haya observado esas sugestivas estampas de fuerte erotismo encontrará puntos en común e imágenes en forma casi permanente. Quien nunca haya tenido contacto con ellas tendrá el preludio perfecto.

Así, una de ellas contará que el hombre que conoció y que la enloquece tiene dos cuernos en la cabeza. "Estás tan acostumbrada a la desgracia, que me das pena", le dice la otra.

La dramaturga hace uso y usufructo del absurdo y de lo naíf, pero en forma cruda y contundente. Juega con los antagonismos, con la lucha de fuerzas y se vale de esas imágenes abstractas en un decir no naturalista, sino natural en ellas. A su vez, el simbolismo es tan asequible como elaborado.

El texto hurga con obsesión y esmero en lo más intrincado de los sentimientos y las elecciones afectivas. Qué se busca y cómo; las ansiedades; la insatisfacción; la envidia; la necesidad y la búsqueda del placer; la omnipotencia de los sexos, y cada vértice de este universo es tocado con exquisita sutileza. Asimismo, Chacón confrontó esa búsqueda y esos lazos afectivos con los vínculos sanguíneos cercanos.

Tres mujeres talentosas

Andrea Chacón es muy hábil en el manejo escénico y deja en claro aquí sus conocimientos de régisseuse .

Por momentos, apuesta a la inmovilidad, pero de pronto apela a la acción como elemento modificador. Las aproxima y las aleja; las hace transitar la violencia y les pone acciones para acelerar sus estados emocionales, y dejar expuesta la fragilidad de ambas criaturas. Asimismo, las hace transitar el espacio y juguetea con movimientos casi geométricos.

Para eso cuenta con dos actrices que se entregaron enteras a tan compleja tarea. Mariana Ortiz Losada es una intérprete espléndida a la que hay que prestar mucha atención, y Vanna Passeri no se queda atrás y va creciendo cada vez más con el transcurrir del trabajo. Sobre la segunda mitad de la pieza, las dos consiguen una sinergia potente y efectiva.

La concepción escénica de Chacón también es brillante, así como el vestuario diseñado por Gabriela Delmastro, que le dio a cada una de las chicas su color, como personajes de dibujos animados. Por su parte, la música de Christian Basso es un elemento importante en los climas.

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