33a Feria Internacional del Libro
El sueño de comprar libros para que los pueblos lean
Más de 2000 representantes de bibliotecas populares recorrieron la muestra para adquirir ejemplares, al recibir un subsidio oficial; variedad de gustos
"Es como una peregrinación a los santos libros", expresó con emoción Analía Vidal, bibliotecaria de Las Lajas, un pueblo de Neuquén, sobre las largas colas en los stands de la 33a. Feria del Libro que hacían los 2000 miembros de bibliotecas populares de todo el país, que ayer por la mañana, mientras la muestra permanecía cerrada al público, hicieron sus compras gracias a un subsidio de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip).
Extensas listas en mano, carritos que iban y venían con pilas de ejemplares, ojos que parecían querer verlo todo. La felicidad inmensa, desbordante por momentos, de estar en ese paraíso literario y tener no sólo la posibilidad económica de adquirir sus preciados tesoros, sino también de conversar con los autores y los editores.
Pero algunos lamentaban, aunque sin perder el entusiasmo, que tal maravilla se concentrara en un solo punto del país. Podía percibirse la sensación de estar viviendo la cercanía de lo lejano.
"Es la compra más importante en treinta años para nosotros; es un acontecimiento histórico. La biblioteca tiene muchos libros vetustos y las actualizaciones se hacen con cuentagotas", relató a La NACION Noris Ramonda, de la biblioteca Almafuerte, de la localidad homónima de Córdoba, que compraba libros para reforzar el área infanto-juvenil.
Gustos y reposiciones
La lista de cada bibliotecario respondía a los gustos de los habitantes de sus zonas, a las necesidades sociales del lugar, al interés por actualizar el catálogo y la importancia de reponer títulos clásicos gastados por el uso y el tiempo.
Estas distintas causas hacían que convivieran en un mismo carrito Jorge Lanata, Gabriel García Márquez, Isabel Allende, William Shakespeare, Sydney Sheldon, libros sobre automovilismo, Jorge Luis Borges, manuales para el nivel secundario y el Nunca Más .
"Estamos felices. Los socios venían enloquecidos a dejarnos sus sugerencias. Acá hay variedad y buenos precios", contó Sandra Acebal, de la biblioteca popular Domingo Faustino Sarmiento, de Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, fundada en 1915. Ya tenía en su haber Pendejos , de Reynaldo Sietecase; El soberano del Nilo , de Wilbur Smith, y clásicos que necesitaban reposición, como textos de Molière, Salgari, Shakespeare y Hernández.
La biblioteca Palighuen es la única del pueblo neuquino de Las Lajas. "Es la primera vez que asistimos y es una oportunidad muy grande. Además, podés compartir las conferencias y ver escritores importantes que nos parecen siempre tan lejanos", contó, contento, Ariel Salvo.
"Nos faltan ojos para mirar", acotó Silvia González, al lamentar que en Las Lajas no haya ningún lugar que venda libros. Pudieron comprar Antígona , de Sófocles; Las ruinas circulares , de Borges; ediciones de Harry Potter, y libros de enfermería, entre otros.
La Conabip tiene 1850 bibliotecas populares adheridas y un presupuesto de $ 16 millones, de los que destinó $ 3 millones para esta convocatoria, que reunió a más de 900 instituciones.
Los titulares de las bibliotecas pudieron viajar, asistir al Encuentro Nacional de Bibliotecas Populares, en el que participaron periodistas, intelectuales y escritores, además de adquirir los libros en la feria a mitad de precio, en un acuerdo con la Cámara Argentina del Libro y la de Publicaciones.
Cada biblioteca recibió un subsidio especial de $ 3400, de los cuales debió destinar al menos $ 1300 en libros para sus fondos. "Una demanda de las bibliotecas es poder comprar ellas mismas y eso lo introdujimos el año pasado en la Feria. Por otra parte, está lo que la Conabip compra y les envía", explicó a LA NACION María del Carmen Bianchi, presidenta del organismo.
"Es la compra más importante para nosotros. Tengo la imagen de los ojitos de la gente cuando vea los libros nuevos", contó Gladys Sánchez, de la biblioteca Elsa Bornemann, de la capital de San Luis.
Norberto Sola es profesor de historia y llegó del pueblo santafecino de Monje, donde hay una biblioteca, que se fundó en plena crisis de 2001, en la estación de ferrocarril que estaba abandonada. "Es muy importante participar en estos eventos. Indigna que siempre andamos mendigando", expresó Sola. Entre sus compras estaban Gabriel García Márquez, José Ignacio García Hamilton y Horacio Verbitsky.
Desde el pueblo de Volcán, cerca de la Quebrada de Humahuaca, había llegado Nicolasa de Martínez, de la biblioteca 3 de Abril. "Es un pueblo que tiene necesidades y muchos chicos no pueden comprar libros. Por eso la biblioteca tiene que estar actualizada", consideró.
A mano
Santiago Kovadloff y José Pablo Feinmann ofrecieron ayer sus miradas sobre el país y cautivaron a la gente con sus conceptos, en el ciclo de LA NACION, conducido por Nelson Castro. .
Por Laura CasanovasDe la Redacción de LA NACION
