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Jueves 10 de mayo de 2007 | Publicado en edición impresa

Destacado trabajo del clown que regresó

 
 
 

Llegué para irme . Dramaturgia y puesta en escena: Alan Gautre y Gabriel Chamé Buendía. Intérprete: Gabriel Chamé Buendía. Escenografía e iluminación: Jorge Pastorino. Asistencia de reposición escenográfica: Mariana Tirantte. Stage manager: Miriam Costamagna. Supervisión técnica: Jorge Pérez. Director de producción: Ariel Stolier. En el Paseo La Plaza. Duración: 70 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno

Cuando Gabriel Chamé Buendía formaba parte del grupo El Clú del Claun, su clown tenía unas cualidades muy especiales: era tierno y muy inquieto, y esto lo llevaba a manejar cierta suspicacia que, sobre todo, demostraba a través de su gestualidad. Han pasado muchos años de aquellas propuestas y hoy el intérprete -y esto se nota mucho- carga con una experiencia que, sin duda, ha sido muy determinante a la hora de plantarse sobre un escenario. Las múltiples rutinas que ha realizado junto con el Cirque du Soleil, ante los públicos más diversos, han dejado en él una impronta singular.

El clown que Chamé Buendía trae hoy a Buenos Aires -Piola Buendía- posee una personalidad muy fuerte y un manejo del cuerpo que sorprende gratamente y que le posibilita hacer que su personaje, de manera integral, exponga una acabada performance en diversos niveles de expresividad.

En Llegué para irme, el actor muestra un mundo por él muy conocido, y por tanto artista que está continuamente en gira, entrando y saliendo de su casa. Cada arribo es por poco tiempo y por lo tanto habrá que responder llamadas, estar atento a la correspondencia que ha llegado, poner en orden la casa deshabitada y, a la vez, estar pendiente de la nueva salida, prestando suma atención a si el pasaje está en orden, por ejemplo. También habrá que dormir y hacerse cargo, o tal vez no, de algún amor que está esperando una respuesta. En definitiva, si llegar implica una posibilidad de quebrar con la rutina laboral, lo que comienza es otra rutina, la personal, y el agobio es tanto que, en definitiva, cabría preguntarse cuál será la que mejor conviene a nuestra vida.

Gabriel Chamé Buendía propone observar esta situación desde el puro juego. Se coloca su nariz roja y recrea, de manera muy ajustada y a la vez muy divertida, múltiples situaciones cotidianas y, a cada una de ellas, las desarrollará en un tiempo exacto y hasta proponiendo derivaciones que asombrarán a los espectadores. Más allá de lo rico de su juego escénico es muy destacable, también, su manejo del público. Atento a todo lo que sucede en la platea disfruta de cada pequeña relación que concreta y la acomoda en su espectáculo con mucha gracia.

Gabriel Chamé Buendía es un artista muy creativo, sensible y consciente de que cualquier situación, por agobiante que resulte, puede disparar la risa si se la trabaja utilizando armas muy genuinas. .

Carlos Pacheco
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