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El sonido de San Francisco

Daniel Amiano
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11 de mayo de 2007  

Hace cuarenta años, se registraba un temblor que, con epicentro en San Francisco, sacudiría a las juventudes del planeta. Los hippies, entonces, promovieron su gran invención: un movimiento que pretendía derribar todos los conceptos con los que se armaba la sociedad occidental: nada más y nada menos. Pero la revolución del amor no nació por generación espontánea. Muchas circunstancias, muchas situaciones facilitaron esa ebullición juvenil que comenzó a gestarse un par de años antes, con los Beatles, Bob Dylan y los Rolling Stones a la cabeza de un movimiento contracultural que alcanzaba su mejor herramienta en la música.

No fue casual que se desplazara del centro de atracción a Liverpool y a Londres. Históricamente, San Francisco había sido una ciudad tolerante, pero además facilitaba el arribo y el asentamiento de los jóvenes, gracias a sus bajos alquileres en un barrio en particular, Haight-Ashbury, donde cada uno revisaba los baúles heredados con ropas de los abuelos y así salían a las calles. Y llegaron artistas, vagabundos, bohemios, vividores para participar de eso que se gestaba casi secretamente, y se sumaron a los estudiantes de Berkeley (nido de los intelectuales de izquierda de entonces) y de North Beach (refugio de los beatniks). A ello hay que sumar la generosidad del paisaje circundante: bosques, praderas y un clima por demás amable.

Y si todo esto parece poco, hay que agregar el LSD, por entonces conocido simplemente como ácido, de venta libre, producido allí mismo por Owsley Stanley. De esa conjunción de situaciones comenzó a gestarse una música particular, que combinaba el rock que llegaba de Inglaterra y el folk que cada uno había heredado de sus respectivos lugares de procedencia. Bautizada como música psicodélica, en 1967 tuvo su gran año.

* * *

Son varios los nombres célebres que surgieron de aquella movida. La vanguardia del sonido de San Francisco la marcó el grupo Quicksilver Messenger Service, que entre 1965 y 1967 formó parte de cuanta movida se generara en la ciudad, aunque su debut discográfico llegó sólo en 1968. Y era mucho lo que sucedía en San Francisco: aparecían las FM ( invención de Tom Donahue), que pasaban los extensos pasajes psicodélicos en los que podían perderse los grupos del momento; también empezaban los light shows , que se utilizaron para reemplazar los viajes provocados por el LSD cuando la droga fue prohibida, y el Festival de Monterrey marcó el hito: una numerosa juventud contraria a la Guerra de Vietnam, que propugnaba el amor libre y la música como elemento aglutinador. En fin: sexo, drogas y rock and roll.

De ese año quedan varios registros históricos, aunque algunos fueron reconocidos tiempo después: Jefferson Airplane, con Surrealistic Pillow , y los Grateful Dead, con su debut homónimo, son la punta del iceberg delirante de psicodelia. También los Doors grabaron ese año su debut, pero pronto todo comenzó a derrumbarse. Un año después, las juventudes rebeldes de Praga, París, Chicago, México sufrían duras derrotas ante sus propuestas de una sociedad distinta, y las drogas comenzaban a hacer estragos en la gente.

La utopía terminó pronto, pero alcanzó para inscribir un par de nombres inevitables para la historia.

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