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Ian McEwan: el espectro en mi familia

En esta entrevista, el escritor británico habla de la repercusión que tuvo en su vida la reciente revelación de que tenía un hermano secreto. Además se refiere a su última novela, On Chesil Beach, en la que algunos vieron cierto paralelismo con este episodio íntimo

Domingo 13 de mayo de 2007

Se da cuenta, le digo a Ian McEwan, de que esto es exactamente como una novela de McEwan. "Eso dice todo el mundo, pero no he escrito una novela tan buena. Es más como una novela victoriana, una novela de Dickens."

McEwan es el novelista británico más destacado de su generación. Desde sus sombrías y casi violentas primeras obras de la década de 1970, como Primer amor, últimos ritos y Jardín de cemento, hasta la deslumbrante novela histórica Expiación y Sábado , su meditación después del 11 de septiembre, ha dominado la ficción británica. De manera inusual, su éxito crítico ha sido igualado por su popularidad. Cada nueva novela de McEwan tiene grandes probabilidades de vender 200.000 ejemplares en tapa dura. Casi todos los novelistas prominentes del campo literario se sentirían felices con vender una décima parte de esa cifra. Un tema central de la obra de McEwan es el poder de un momento para cambiar completamente la vida de las personas. Expiación gira en torno a una sola, breve y petulante actitud de una niña, y su nueva novela On Chesil Beach es sobre un único y desastroso encuentro sexual. Pero la vida imita al arte. Y ahora es evidente que la propia vida de McEwan ha cambiado a partir de un encuentro secreto en la estación de ferrocarril de Reading ocurrido en 1942, que el novelista ignoraba completamente hasta hace cinco años.

En 2002 descubrió que tenía un hermano llamado David Sharp. Hasta entonces sólo había conocido a una media hermana, Margy, y a un medio hermano, Jim, también conocido como Roy. Ambos habían nacido en el primer matrimonio de su madre con Ernest Wort, quien murió en acción en Bélgica en 1944. Luego de enviudar, Rose se casó con otro hombre del ejército, David McEwan, y el 21 de junio de 1948 nació Ian.

Después de Ian, Rose no pudo tener más hijos y el matrimonio consideró la posibilidad de adoptar, pero no ocurrió. Ian creía ser el único hijo de sus padres, aunque siempre mantuvo el contacto con Margy y Jim. Luego descubrió que la guerra había incidido en su vida de manera tan íntima y conmocionante como él mismo podría haber imaginado en cualquiera de sus ficciones.

"Siento que hay consecuencias que derivan de la confusión de una guerra que nunca llegan a encontrar lugar en los libros de historia y ni siquiera en los libros de memorias", dice.

Porque mientras Ernest estaba luchando en el norte de Africa, Rose había tenido un amante, David McEwan. Tuvo un hijo de McEwan, pero como su esposo iba a regresar, los amantes convinieron que no podían quedarse con el niño. En diciembre de 1942, publicaron en un periódico local: "Se necesita un hogar para un bebé, varón, de un mes, entrega absoluta". Parece, le sugiero a McEwan, algo terrible.

"Bien, creo que hay que pensar en la vergüenza que implicaba en ese momento que un soldado estuviera en el extranjero, en servicio activo durante la guerra, y que su mujer tuviera un niño ilegítimo con otro hombre. Lo mejor que puedo decir al respecto es que soy capaz de entender que debe de haber sido un infierno. Pero lo que me resulta difícil de entender, desde mi punto de vista, es el secreto que perduró durante el resto de sus vidas."

¿Qué cree que pasó por la mente de sus padres? "No era una generación de padres sensibles, y mi padre creció en la parte más dura de Glasgow y era un soldado de carrera y seguramente pensó que se trataba de una solución prolija. Mi madre no era suficientemente fuerte como para resistirse."

Una pareja, Rose y Percy Sharp, respondió al anuncio del periódico y la "entrega absoluta" del bebé se llevó a cabo en la estación de Reading. Todos vivían bastante cerca y, cuando el bebé cumplió un año, los Sharp recibieron una tarjeta de felicitación de los verdaderos padres. Pero eso fue todo; no hubo ningún otro contacto.

"Puedo escuchar a mi padre razonando al respecto: no debíamos interferir entre los padres adoptivos y el niño. Sé que mi madre debe de haber anhelado verlo, pero era demasiado tímida. Ahora, retrospectivamente, no dejo de reinterpretar las cosas... el hecho de que mi madre, después de mi nacimiento, ya no pudo tener hijos y, cuando yo tenía unos siete años, consideraron la posibilidad de adoptar. Ahora resulta tan penoso pensar la clase de expiación que deben de haber padecido o en la ironía que implicaba que el niño que habían entregado estuviera sólo a 20 millas de distancia. Ellos seguramente supieron todo eso."

Los padres de McEwan se llevaron el secreto hasta el borde de la tumba. David McEwan sufrió una prolongada agonía y murió de enfisema en 1996 y su esposa fue víctima del Alzheimer. Pero todavía vivía en 2002.

Mientras tanto, David Sharp sabía que era adoptado y experimentaba una creciente curiosidad respecto de su verdadera familia. Vaciló, pero finalmente se puso en contacto con el Ejército de Salvación, y la institución rastreó a Margy. Después se enteró de que Ian era su hermano y ambos intercambiaron cartas.

"Lo primero que sentí fue una enorme excitación... ¡tengo un hermano! Pero también fue un shock y luego, al cabo de pocos días, experimenté una gran tristeza."

Se encontraron en "un pub tipo centro de conferencias", en Oxford. "El primer encuentro fue una suerte de comedia. Nos estrechamos las manos y tal vez nos dimos un medio abrazo. Le pregunté qué le gustaría beber y él pidió vino tinto. Fui al bar y la chica no podía abrir una botella de vino y dijo que tenía que buscar a alguien que lo hiciera. Llevó unos 20 minutos conseguir una copa de vino. Nos habíamos reunido e inmediatamente habíamos sido separados."

McEwan advirtió de inmediato el parecido físico. ¿Pero experimentó alguna sensación básica, biológica, de fraternidad? Típicamente -está fascinado por las ideas científicas- se refiere a las investigaciones recientes sobre los hermanos.

"Bueno, compartimos la mitad de los genes del otro. Pero se han realizado muchos trabajos interesantes sobre el incesto entre niños no emparentados que se crían juntos. Adquieren muy rápidamente el tabú del incesto. Todo lo genético necesita ser subrayado, señalado, así que es fundamental crecer juntos. Mucha gente aborrece a sus hermanos pero no obstante siguen conectados por ese pasado compartido. Este caso no es así. Me siento próximo a David porque sé intelectualmente que es mi hermano, pero no es lo mismo que si hubiéramos pasado la infancia juntos."

La genética tampoco parece haber desempeñado un papel prominente en el desarrollo de sus vidas. Ian se sintió atraído desde el principio por los temas intelectuales y artísticos; David odiaba la escuela y ha trabajado toda su vida como albañil.

La relación entre ambos parece cómoda. Ian no comparte la pasión de David por el club de fútbol Reading, pero conversan con fluidez y sus familias se ven regularmente.

Ian respeta la "naturaleza comprensiva e indulgente" de David y la madurez con la que él ha manejado el encuentro. Pero el momento del encuentro dio otra vuelta de tuerca a la reunión. Ian llevó a David a un hogar de ancianos del oeste de Londres para ver a su madre que lo había "entregado absolutamente" en la estación de Reading. Pero su demencia estaba demasiado avanzada.

"Los dos suministramos pistas para ver si podíamos reconstruir las cosas. Pero de nada sirvieron. En ese momento trascendental en el que él podía conocer a uno de sus progenitores, allí estaba ella, viva pero ausente. Pero él lo afrontó muy bien. Se mostró muy calmo y maduro al respecto."

La experiencia dejó a McEwan conmocionado y un poco perplejo por el secreto que habían guardado sus padres. "Hablábamos mucho sobre el pasado, y con frecuencia. Tuvieron infinitas oportunidades para decírmelo. Sólo puedo pensar que la vergüenza que sentían era demasiado grande."

La historia -y la manera como él piensa al respecto- hará que cualquier lector de McEwan se asombre por el paralelismo que revela con su obra. En particular, con su mayor novela, Expiación , publicada en 2001, el año antes de que el autor descubriera a su hermano, que tiene el mismo tema: la redención de un acontecimiento terrible del pasado; y, más notable aún, la novela muestra cómo el caos de la guerra transforma la vida de las personas de una manera que el historiador rara vez advierte.

On Chesil Beach , su último libro, también exhibe ciertos paralelismos, pero McEwan niega que el encuentro con su hermano haya afectado su escritura, al menos no aún. "Todavía no lo he absorbido en mi trabajo. Pero creo que trataré el tema directamente en un libro de memorias."

David, con un escritor fantasma, está escribiendo un libro de memorias titulado Entrega absoluta . McEwan lo alienta pero guarda distancia. "Es su historia. Algún día yo escribiré mi versión."

McEwan relata la historia con libertad pero de manera vacilante, como si estuviera esforzándose por convertirla en una de sus propias novelas. Sin embargo, tengo la sensación, bastante extraña, de que de alguna manera su ficción ha creado retrospectivamente su propia vida. Siempre que él aparece en las noticias por razones no estrictamente literarias, las historias parecen tener una coloración oscura, muy típica de McEwan. Su divorcio de su primera esposa, Penny Allen, fue complejo y sombrío. Esa complejidad llegó a los titulares en 1999 cuando Allen se fugó a Francia con Greg, el hijo menor. McEwan tenía la custodia de sus dos hijos. Ahora está casado con la periodista Annalena McAfee. Vivían en la casa de Londres, cerca de la Torre de correos, que él le adjudicó a Henry Perowne, el héroe de Sábado .

En diciembre pasado volvió a los titulares, cuando fue acusado de plagio. Se dijo que Expiación le debía todo a No Time For Romance , la autobiografía de la novelista Lucilla Andrews. En particular, McEwan había usado sus relatos como enfermera de los soldados heridos después de Dunquerque.

Fue una acusación peculiarmente malévola, ya que McEwan había reconocido el crédito de Andrews en el mismo libro, y todos los novelistas, especialmente en obras históricas, deben emplear algunas fuentes de no ficción. Pero la prominencia conferida a las tres historias -la del hermano, la del divorcio y la acusación de plagio- son pruebas de la estatura que ha cobrado McEwan en la imaginación nacional. Se lo ve cada vez más como el escritor nacional.

McEwan acepta su papel de figura pública, "pero rechazo 19 de cada 20 invitaciones a actuar como experto". Está profundamente involucrado en el debate sobre el cambio climático y, tal como lo demuestran sus comentarios sobre su hermano, tiene sofisticados conocimientos de genética. Sábado fue su respuesta ficcional al mundo posterior al 11 de septiembre, pero inmediatamente después de los atentados escribió un emocional artículo sobre ese horror. Cree que esas cosas conciernen al novelista, son cosas a las que puede hacer alguna contribución útil. En el caso de los sucesos del 11 de septiembre en particular, fue la capacidad de un novelista de proyectarse en la mente de los otros lo que le permitió ofrecer lo que fue, efectivamente, una respuesta de "experto".

"Para mí, el núcleo moral de la novela es poder habitar otras mentes. Eso es lo que las novelas parecen hacer muy bien y también es aquello de lo que la moral se ocupa: entender que las personas son tan verdaderas para sí mismas como lo es uno para sí mismo, hacerle al prójimo lo que uno se hace a sí mismo. He estudiado mucha psicología cognitiva sobre la manera en que los niños desarrollan teorías sobre la mente ajena. Es parte del desarrollo hasta lograr plena conciencia. Las personas psicóticas o autistas no pueden leer la mente ajena. Pueden ser aterradoramente lógicas pero carecen de compromiso emocional. Todos ocupamos algún grado de la escala que se extiende entre la fría persecución de nuestros intereses personales y la devastadora conciencia de lo que piensan los demás."

El novelista imagina su trayecto hasta entrar en la mente de otros. El terrorista no puede o se niega a hacerlo. "La crueldad extrema -dice McEwan- es el fracaso de la imaginación."

McEwan, la figura pública, la gran personalidad literaria, está muy lejos del McEwan que se volvió conocido con Primer amor, últimos ritos en 1975. Después escribió ficciones despojadas y sombrías que estaban profunda y tal vez excesivamente influidas por Franz Kafka y el existencialismo francés.

"Ahora, cuando veo escritos así, se me viene el alma al piso. Es ficción que mira a la pared. Ahora lo que quiero en mis lecturas y en mi escritura es la concreción de un mundo que pueda juzgar por reconocerlo. ¡Y también el personaje, esa grandiosa y magnífica invención del siglo XIX!

La despojada oscuridad ha dado lugar a una pródiga y amorosa acumulación de detalles y a un cuidadoso registro de lo que él llama el "ruido blanco" de los pensamientos pasajeros. Ahora, según dice, se siente capaz de poner más de sí mismo y de sus experiencias y sentimientos en sus libros. "Por ejemplo, todas las cosas que amo del paisaje inglés también las amaba en la década de 1970, cuando escribía sombrías historias existenciales. Pero entonces no tenía la seguridad o la claridad o lo que fuera para incluirlas en mis escritos."

Como el gran novelista francés Flaubert, McEwan cree que cualquier cosa se vuelve interesante si uno la mira con suficiente atención. El realismo es todo lo que necesita el novelista, no fantasía ni huida del mundo real. Esto refuerza su lugar como figura pública nacional. Escribe sobre nosotros y sobre nuestra sociedad. El es nuestro espejo, que refleja y revela nuestras vidas, nuestros amores y pesares.

Específicamente, es nuestra historia social lo que da forma a On Chesil Beach . Está situado en 1962 y representa el momento en que la austeridad y los usos sociales de posguerra están a punto de desmoronarse y ser reemplazados por el libertario carnaval de la segunda mitad de la década de 1960. La pareja cuya noche de boda contemplamos está atrapada por las antiguas costumbres e inhibiciones y se trasunta una poderosa sensación de que, si se hubieran conocido y casado unos pocos años más tarde, todo habría sido distinto, tal vez mejor... aunque, por supuesto, no puede haber ninguna certeza al respecto.

También es una novela que revela la conciencia madura de McEwan respecto de su propio público. El libro está lleno de su característica tensión, muy bien manejada. Los lectores experimentados esperarán encontrar algún momento de atroz revelación o un acto de violencia. Pero en este caso la profundidad de la novela se basa más en lo que no ocurre que en lo que ocurre.

"No iba a ser esa clase de novela. Era sobre la separación de destinos debido a cosas pequeñas."

A pesar de que él lo niegue, me descubre pensando que su experiencia de descubrir a un hermano perdido debe de de tener algo que ver con todo esto. Pero en última instancia, ése es el punto. La ficción y la vida están estrecha pero indirectamente unidas. Esa es la naturaleza del realismo.

T. S. Eliot dijo en una oportunidad que un gran escritor crea el lenguaje crítico en el que deberá ser entendido. Eso es precisamente lo que ha logrado McEwan. Pero en cierto sentido ha ido incluso más allá. Si no, ¿por qué la historia de su descubrimiento de David tiene tanta resonancia y resulta tan conmovedora? Porque su comprensión de nuestro mundo, de lo que tomamos con seriedad, de lo que en última instancia importa nos ha infectado a todos.

Somos eso que el espejo de McEwan refleja, criaturas inseguras que anhelan expiación.

Por Brian Appleyard Para LA NACION

Traducción: Mirta Rosenberg

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