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Geometría, medio siglo de arte argentino

El Museo de Arte Moderno inaugura hoy una muestra que reconstruye la tradición del constructivismo, desde Lozza hasta Polesello

Jueves 19 de marzo de 1998

El Museo de Arte Moderno ofrece desde hoy una exposición sobre la tradición constructiva en el arte argentino, amplia corriente estética que va nutriendo, década tras década, a diversos grupos de artistas, conformando en total una historia de más de medio siglo. Creadores esenciales generan con su talento esas nuevas formas de arte, a veces influidos por maestros extranjeros, y otras, sintonizando, desde este lejano rincón del mundo, las mismas ideas que flotan en Europa y Estados Unidos. Cuando los artistas locales reciben influencia del exterior, sin embargo, proponen soluciones propias que dan autenticidad y relieve a sus trabajos.

Esta muestra, curada por la investigadora Adriana Lauría, propone un recorrido por esas distintas épocas a partir de las obras de patrimonio del museo. Ese acervo, sin embargo, padece tres importantes ausencias que limitan el sentido de la exposición, y que el Mamba se propone subsanar: el período minimalista, el espacialismo de Lucio Fontana, y los años más recientes, que encarnan artistas como Fabio Kacero, Pablo Siquier, Ernesto Ballesteros, Fabián Burgos y Gachi Hasper. Por otra parte, esta muestra rescata obras de artistas que finalmente quedaron identificados con otros movimientos, a veces tan opuestos al rigor geométrico como el informalismo.

Lauría organiza la muestra remontándose a los orígenes europeos de esa tradición, que fundan, entre otros, Malevich, Kandinsky y Piet Mondrian -iniciadores de la abstracción de raíz espiritualista-, y Theo Van Doesburg y Hans Arp, que fundamentan la abstracción en una postura racionalista, de la que surge el arte concreto.

Esta tradición -cuya prehistoria hay que rastrear en la obra de Paul Cézanne, a fines del siglo último- tiene como principio básico el construir una nueva realidad desligada de la imitación del mundo real. Lo único válido en este nuevo arte es la obra en sí, no los referentes externos a ella, de los que se abasteció el arte figurativo durante siglos. De allí que esta postura revolucionaria conciba a la obra como proceso mental. Se abandona todo intento metafórico y el arte desemboca en la abstracción. El uso de elementos geométricos como única materia visual es otra constante de la tradición constructiva, y lo que la separa de las demás vertientes de la abstracción.

En la muestra se incluyen obras de Mondrian, Kandinsky, Sonia Delaunay, Herbin, Albers, Vantongerloo y Vordemberge-Gildewart, que refuerzan su sentido didáctico y aportan referentes internacionales que fueron antecedentes o manifestaciones contemporáneas de lo que ocurría en nuestro país. El enlace entre esas fuentes y el Río de la Plata es el uruguayo Joaquín Torres-García, cuyo "Universalismo constructivo", madurado en Europa, produce una verdadera revolución en estas costas. En 1944 se imprimirá el único número de la revista Arturo, pero basta ese solo intento para concretar las primeras experiencias abstractas en Buenos Aires. Enseguida se forman la Asociación Arte Concreto-Invención -con Tomás Maldonado, Alfredo Hlito, Enio Iommi y Raúl Lozza, que vaticinan la pronta disolución del arte en el diseño- y el Movimiento Madí, en el que se inscriben Carmelo Arden Quin, Gyula Kosice y Martín Blaszko con una actitud mucho más lírica y libre.

El Perceptismo -que funda Lozza en 1947, tras separase de los concretos- entiende la obra como medio de conocimiento visual y educación perceptiva. Los que quedan del grupo de arte concreto forman, en la década siguiente, la agrupación Artistas Modernos de la Argentina, mientras Blaszko, Manuel Alvarez, Marta Boto y otros, atemperan un poco los rigores de aquéllos en la Asociación Arte Nuevo.

Los años 60 imponen un geometrismo estricto a partir de los avances de la ciencia y la tecnología y sus derivaciones teóricas. Nacen entonces el arte óptico -de la mano de Ary Brizzi, María Martorell, Rogelio Polesello, Carlos Silva, Eduardo Mac Entyre y Miguel Angel Vidal- y el arte cinético, con Julio Le Parc y Luis Tomasello, entre otros. Ambas tendencias incorporan los nuevos materiales que proporciona la tecnología -acero inoxidable, motores eléctricos, etcétera- e integran al espectador a sus obras al estimular sus facultades visuales y motrices.

Paralelos al minimalismo -movimiento emergente a mediados de esta década- aparecen artistas independientes como Víctor Magariños D., María Juana Heras Velasco, Ricardo Laham, Kenneth Kemble y Aldo Paparella.

El itinerario concluye con la Abstracción sensible, en la que participan, entre otros, Gabriel Messil, Alejandro Puente, Enrique Torroja, Vidal y Polesello. Este grupo recupera entre fines de los años 70 y principios de los años 80 el placer por la pintura y el valor de lo decorativo, en contraposición con el conceptual, que se manifiesta sobre todo en objetos e instalaciones.

El periplo que propone esta muestra puede ser una guía útil para adentrarse en uno de los más vastos territorios del arte argentino.

Santiago García Navarra Museo de Arte Moderno. Av. San Juan 350. Hasta el 3/5, de martes a viernes, de 10 a 20; y los sábados, domingos y feriados, de 11 a 20. Entrada, $ 1.

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