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Jueves 24 de mayo de 2007 | Publicado en edición impresa

Retrato de cuerpo entero

Por Fernando López | LA NACION

 
 
 

Maria Bethânia, música y perfume ( Maria Bethânia, musica é perfume , Francia-Suiza/2006, film documental hablado en portugués). Dirección y guión: Georges Gachot. Con Maria Bethânia, Jaime Alem, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque, Nana Caymmi, Miúcha. Fotografía: Mathias Kälin. Edición: Ruth Schläpfer y Anja Bombelli. Presentada por 791cine. 82 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: muy buena

Retrato ejemplar, este film de Georges Gachot apunta a Maria Bethânia yendo a lo sustancial, al ser humano y la artista que son el objeto de su mirada, acercándose a ella no con la devoción enceguecida del fan ni dejándose encandilar por el resplandor de las marquesinas, pero sí con respeto, simpatía y admiración.

El realizador suizo (a quien se debe un admirable documental sobre Martha Argerich que lamentablemente no pudo ser exhibido aquí) no necesita de artificios formales para "vestir" su film. No se propone la biografía cargada de información ni el homenaje exaltado y superpoblado de adjetivos. "Descubrió" a Bethânia en Montreux en 1998, y fascinado por su voz, su teatralidad, su elegancia y su carisma quiso dar una visión de esa artista única, tratando de establecer de dónde vienen la inspiración y la energía que impulsan el fenómeno artístico. Lo que consigue es un retrato amoroso en su tono, musical en su construcción; íntimo en cuanto consigue crear una familiaridad que favorece la conversación entre amigos. Y ejemplar porque revela en sus precisas pinceladas el rostro verdadero de Bethânia, el de la artista que en escena transforma un show musical en ceremonia, el de la profesional que tiene pleno dominio de su trabajo y el del ser sensible y atento a las expresiones más genuinas de la gente de su Bahía natal. Para ellos canta y de ellos viene la belleza de esa música en la que ella siempre ve algo de sagrado.

Intimidad

Gachot construye su film poniendo el acento en el proceso creativo. Así alterna escenas de los ensayos y de la gira que la intérprete desarrolló para presentar el álbum Brasileirinho, con las grabaciones del CD que emprendió en 2005 como homenaje a Vinicius de Moraes: Que falta você me faz. Los fragmentos musicales, que por supuesto constituyen parte sustancial del film, se superponen e intercalan con los comentarios de la artista, que suele mantenerse alejada del ruido público, celosa como es de su intimidad, y que pocas veces se ha mostrado como aquí: tan relajada, tan espontánea y tan feliz. Pero también con los testimonios de sus familiares y colegas (Caetano, Chico, Gil, Jaime Alem) y con los apuntes laterales que Gachot emplea para contextualizar el canto de Bethânia. Son imágenes nobles, descriptivas -ni pintorescas ni turísticas-, que muestran a quienes sustentan ese canto: los paisajes y la gente de su tierra natal, Santo Amaro da Purificação, en el interior bahiano; de Salvador, la ciudad a la que sorprendió hace muchos años, según cuenta Caetano, cuando por primera vez puso su voz -sólo su voz fuera de escena- en la apertura de una pieza teatral, o de Río, que la consagró definitivamente.

A Gachot no le hace falta multiplicar los ángulos ni hacer alardes de montaje para describir a Bethânia en todas sus facetas: en familia, celebrando el cumpleaños de Dona Canô, la encantadora mamá de los artistas y ella misma todo un personaje de Santo Amaro; espontánea y graciosa en el diálogo más o menos confidencial; risueña, festejando en el camarín con Nana Caymmi y Miúcha el feliz resultado de un encuentro en escena; atenta, en el ensayo o el estudio de grabación, a cada detalle, o en escena, donde aflora su veta de actriz y se percibe con claridad el fenómeno de su magnetismo. Gracias seguramente a una cámara que sabe estarse quieta cuando cualquier movimiento sería superfluo.

El suizo consiguió lo principal: el clima para que la artista se muestre como es, de cuerpo entero, olvidada de la cámara. Y para que confíe libremente sus reflexiones. Como la del título -el original, que alude al poder evocador e inmediato de una melodía-: "La música es perfume". Tiene razón. .

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