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Un ministerio fracturado

Por María Elena Polack De la Redacción de LA NACION

Lunes 28 de mayo de 2007

Es en las acciones concretas y no en los discursos donde puede comprenderse en toda su amplitud la capacidad estratégica de un político en sus responsabilidades ejecutivas.

Las acciones concretas del Ministerio de Defensa marcan una profunda división interna. Prácticamente conviven en el imponente Edificio Libertador dos áreas bien diferenciadas que hasta llegan a recelarse entre sí.

El área de la defensa propiamente dicha, en la que Garré aparece como imagen central y busca resolver los problemas estructurales de las Fuerzas Armadas, y el área de los derechos humanos, que, a estas alturas de la gestión, parece gozar de clara autonomía y que ha llegado a contraponerse a decisiones de la ministra.

La política del presidente Néstor Kirchner de reivindicar la acción militar en la Guerra de las Malvinas como no lo hizo ningún presidente de la democracia chocó de lleno con la visión revisionista del área de derechos humanos de Defensa. Y Garré se llevó la peor de las sorpresas: se enteró in situ de que la muestra para evocar los 25 años del conflicto bélico del Sur incluía un soldado estaqueado. La exposición que puede aún verse en el Edificio Libertador disgustó a la ministra y puso furiosos a los militares, que lo tomaron como una involución en el camino recorrido.

Garré no pudo hacer nada más que tragarse la bronca. Y no fue la primera vez que le sucedió. A fines del año pasado, la ministra se convirtió genuinamente en la difusora de la película Fuerza Aérea Sociedad Anónima , del ex piloto comercial Enrique Piñeyro.

La escalada de denuncias por los problemas del tráfico aéreo, debido a la crisis del sector de controladores y la ausencia de equipamiento adecuado, llevó a Piñeyro a convertirse en el principal enemigo de Garré, quien pide reiteradamente su renuncia.

Aunque hizo esfuerzos por mantener su enojo en reserva, en el Senado la semana última admitió que se había equivocado en su trato con Piñeyro y marcó errores de esa película, famosa por ser un ariete contra la Fuerza Aérea.

La reformulación del sistema educativo militar deja en claro, como muy pocos otros proyectos, la fractura en dos del Ministerio de Defensa. El área de derechos humanos, que revisó y planteó los cambios educativos, decidió desarticular el corazón mismo del espíritu de la formación militar: tendrá a su cargo la selección de los oficiales que instruirán en destrezas castrenses a los cadetes.

Son esos oficiales los que transmiten de generación en generación los valores que consideran propios de cada especialidad.

Y, además, retrocederán un paso más de los dados para alejarse de la sociedad extra OTAN que el país tiene con los Estados Unidos desde mediados de los año 90, que permitió salir al mundo en misiones de paz elogiadas por propios y ajenos. Se pondrá foco en el estudio político de América latina.

¿Se habrá medido el impacto de volver a introducir en los cuarteles el debate político que tantos dolores ha ocasionado al país?

Esta respuesta no podrá darse en lo inmediato. Formar un oficial requiere bastante tiempo más que un período presidencial y tiene un objetivo estratégico superador de la política coyuntural.

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