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A San Cayetano por un trabajo

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Más de 15.000 desempleados esperan conseguir ocupación en la bolsa de la parroquia de Liniers

 
 

La lista crece día tras día. Pero la esperanza, también. En la iglesia de San Cayetano, del barrio porteño de Liniers, funciona una bolsa de trabajo y sus números reflejan una preocupante situación: en menos de dos años, 15.000 desocupados recurrieron al santuario en busca de ayuda.

Alrededor de 1000 personas se anotan cada mes, de las que unas 180 consiguen trabajo. Según expresó Nelson González, director general del Servicio Social del templo, las mujeres recurren al servicio más que los hombres y el promedio de edad de quienes se acercan ronda los 35 años.

El objetivo es conectar a quienes necesitan trabajo con quienes pueden ofrecerlo, y el servicio es gratuito tanto para los empleadores como para los empleados. "La bolsa de trabajo y todas las actividades del Servicio Social se financian con la donación que el peregrino deja en las alcancías de la iglesia", explicó González.

Desde su llegada al lugar, en 1996, González vio crecer la lista de pedidos y también la de las demandas, pero los 281 puestos conseguidos durante los dos primeros meses de este año lo ayudan a pensar en el futuro con optimismo.

"Frente al 2 por ciento de colocación que tiene la bolsa del Ministerio de Trabajo, la de San Cayetano ostenta entre un 18 y un 20 por ciento de efectividad", precisó orgulloso.

"No nos asusta que cada día venga más gente a pedirnos empleo, pero sabemos que para poder ayudar necesitamos la colaboración de los empresarios", se sinceró.

Necesidades que crecen

La bolsa de trabajo se creó el 16 de agosto de 1970 y nació con los ofrecimientos que se publicaban en la revista Pan y Trabajo, una publicación que se entrega gratuitamente a quienes visitan el santuario.

"No hay que olvidar que en ese entonces había sólo un 4 por ciento de desocupación, nada que ver con la situación actual", recordó González a La Nación .

En aquellos tiempos, hace 28 años, se anotaban 80 personas y en dos o tres días encontraban trabajo. "Las posibilidades eran muy distintas -agregó-. Hoy por hoy, nuestros números y nuestras oportunidades son otros".

En sus orígenes, la bolsa de trabajo de San Cayetano estuvo vinculada con las tareas domésticas, pero los aires de cambio también llegaron a los rubros que la integran: las profesiones desplazaron en gran medida a los oficios.

Maestras, supervisores, ex jefes y encargados, empleados de la construcción, administrativos y técnicos se acercan a golpear las puertas de la calle Cuzco al 200, en Liniers. "Muchos llegan desesperados y traen los papeles de la hipoteca o las deudas, pero muchas veces no tenemos una solución inmediata para ellos", se lamentó González.

Además de las cifras, en la actualidad los mecanismos de la bolsa son más sofisticados que en sus inicios.

Las personas se inscriben y una entrevista personal con un trabajador social los ayuda a definir su perfil. Luego, un banco de datos cruza la información de quienes buscan con quienes ofrecen.

La bolsa de trabajo de San Cayetano (643-1101/644-3305) ofrece varios beneficios al empleador que recurre a ella. "Después de ubicarlos, tratamos de hacer un seguimiento de la persona y la mayoría de los empresarios vienen a agradecernos nuestra intermediación", aseguró el trabajador social.

Referente del Ministerio de Trabajo y de otras instituciones, la bolsa de trabajo apuesta a crecer. "Nuestro objetivo futuro es lograr tener una red de bolsas de trabajo para poder darles una salida a los que vienen en busca de ayuda", dijo González a La Nación .

Finales felices y no tanto

Las historias que González recuerda son muchas. "Me acuerdo de que había un hombre que vivía en la estación de Haedo y la bolsa de trabajo le dio la oportunidad de tener una nueva vida", relató a modo de ejemplo.

Cuando la situación es muy apremiante, los desocupados reciben alimentación, ropa y calzado de manos del Servicio Social.

Pero otros casos no tienen un final tan feliz. En cada mes que termina, unas 800 personas que recurrieron al santuario no encontraron el trabajo que anhelaban. Aunque nunca está dicha la última palabra.

"Conocemos nuestros límites y somos claros con la gente: saben que tienen que esperar", dijo González.

Según dijeron, el fenómeno que ronda a San Cayetano no es fácil de explicar. "La fe de la gente es algo impresionante", aseguró el trabajador social. "Muchos vuelven a sus casas con la misma realidad, pero con un corazón distinto -afirmó el párroco Fernando Maletti-. Más allá de un trabajo, vienen a buscar un consejo, una mano amiga".

En la medida de sus posibilidades, quienes consiguieron trabajo a través de la bolsa de San Cayetano no se olvidan de agradecer. "La gente dona desde un paquete de yerba hasta su primer sueldo", reconoció emocionado el licenciado.

"¿Qué necesitamos? Que los empresarios puedan darnos empleo y que la comunidad colabore con nosotros para ayudar a quienes esperan", dijo González.

En los pasillos del servicio esperaban decenas de caras preocupadas. Sin embargo, en todas había algo difícil de explicar con palabras. La esperanza de encontrar un trabajo los acompañaba.

Solidaridad vía Internet

Cuando el 9 del actual salió en esta página el pedido de la Red Solidaria, que necesitaba padrinos para cubrir los gastos de varios enfermos de SIDA, Marisa, una enferma de 32 años, no pensaba que la ayuda aparecería tan rápido.

Inmediatamente, una joven se comunicó por Internet con la Red para saber qué significaba ser la madrina de un enfermo de SIDA y para ofrecer su ayuda.

Juan Carr, responsable de la organización, le contó el caso de Marisa, quien necesitaba desde hacía varios meses Leucotrofina, el remedio que cuesta 400 pesos y con el que la joven combate al virus.

Cuando Marisa recibió la llamada de esta joven se sorprendió de la rapidez con que viajaba la ayuda solidaria. "Estaba muy emocionada porque por fin podría tomar el medicamento", recordó Carr a La Nación .

"Buscamos que nuestra dirección en Internet sirva para salvar vidas, y el caso de Marisa es el más cercano a nuestro objetivo", reconoció el titular de la Red Solidaria.

Según explicó Carr, la madrina de Marisa es una joven del interior que estudia en Buenos Aires y gana 900 pesos por mes, de los cuales destina una buena parte para ayudar a su ahijada.

Santiago Bufardini tiene 6 años y vive en la ciudad de Maipú, en la provincia de Buenos Aires. Como padece una leucemia aguda, tiene que viajar con urgencia a los Estados Unidos para buscar allí un donante no relacionado.

Para los que puedan colaborar con Santiago, su teléfono es (0268) 30013 y la Red Solidaria, su nexo en esta ciudad, recibe ayuda en el 791-6386.

Trasplantes

El Instituto de Investigaciones Médicas y la Red Solidaria trabajan para aumentar los trasplantes de médula ósea en el país, ya que la mayoría de las intervenciones deben realizarse en el exterior, con un costo mínimo de 450.000 dólares.

Para ello, realizan exámenes de histocompatibilidad para elaborar un registro de personas que quieran ser donantes. Quienes deseen recibir información, pueden llamar al teléfono 761-7994.

Ayuda al Perú

El fenómeno climático de El Niño produjo, en el Perú, más de 150 muertos y 92.000 evacuados. Además, el 70 por ciento de la población urbana sufrió pérdidas materiales.

Las damas peruanas y la Red Solidaria iniciaron una campaña por los damnificados en aquel país y necesitan medicamentos, frazadas, material quirúrgico y zapatillas. Para colaborar: el teléfono de la Red es el 796-5828 y su e-mail: redsolidariateletel.com.ar.

Para Los Changuitos

Margarita de Góngora, una de las fundadoras del comedor comunitario Los Changuitos de La Católica, de Santiago del Estero, viajó a Buenos Aires en busca de ayuda.

El comedor, que apareció en Historias Solidarias en octubre último, no recibe ningún subsidio y ya no puede dar de comer a los 220 chicos que asisten diariamente. "Si no recibimos ayuda, vamos a tener que cerrarlo", dijo angustiada Margarita.

Los Changuitos necesita alimentos no perecederos, y para ayudarlos, su teléfono es el (085)22-3481 y el de la Red Solidaria, el 791-6377.

Escuela del Delta

A la escuela Nº 17 Islas Delta, del Tigre, concurren 90 chicos , que viajan en lancha una hora y media para asistir a clases. Las necesidades son muchas y reciben delantales, zapatillas, cuadernos, libros de lectura y útiles escolares en el 732-2412. .

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