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Una noche que tuvo para todos los gustos

Fiesta de la Cultura: frente a la Facultad de Derecho se realizó un megaevento artístico con alto poder de convocatoria.

Lunes 23 de marzo de 1998

Con la imponente fachada de la Facultad de Derecho como fondo escenográfico, y con sus amplias escalinatas devenidas en múltiple escenario, tuvo lugar anteanoche la Fiesta de la Cultura Nacional.

Organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación, el encuentro tuvo como principal objetivo "sacar a la calle" a todos sus organismos estables, orquestales y corales. Y, para sumar algunos nombres con gancho, participaron, en calidad de invitados, Julio Bocca, Eleonora Cassano, María Rosa Gallo y el Ballet Argentino.

Poco después de las 21 y durante exactamente dos horas, entre 5 mil y 6 mil personas escucharon obras que fueron desde Mozart, Poulenc y Ginastera hasta Gardel o Fito Paéz y coreografías de danzas populares y clásicas.

La amplia explanada de la Facultad de Derecho posibilitó disponer a lo largo de ella a todos las orquestas y coros, en una especie de u que rodeó al escenario central que se dispuso para el Ballet. Esto evitó los puntos muertos que se habrían generado de contar con un solo escenario y le dio continuidad al espectáculo, aunque no una buena visibilidad para el público presente.

En general, la velada tuvo un clima festivo, pero no escapó a los problemas que genera hacer música al aire libre. Había más de 150 micrófonos para captar a instrumentistas y cantantes, pero no se tuvo en cuenta que una brisa fuerte podía arruinar horas de ecualización. En este punto los que más salieron perdiendo fueron los coros y todos aquellos pasajes musicales de cierta sutileza.

El recorrido fue iniciado por la Sinfónica Nacional, que bajo la dirección de Pedro Ignacio Calderón interpretó la Obertura de "Las bodas de Figaro". Inmediatamente hizo su aparición Julio Bocca (uno de los más aplaudidos de la noche) junto con el ballet Argentino con una primer entrada con "sabor a poco", ya que recién regresaría al escenario una hora y media más tarde.

En verdad, todos los participantes tuvieron que luchar contra la discontinuidad obligada para dar variedad a la velada. Así, los chicos del Coro Nacional de Niños, luego de mostrar su excelente afinación al cantar "El árbol del olvido" y una versión demasiado leída de una cueca, protegieron del fresco a sus gargantas con bufandas a la espera de la nueva entrada. Del mismo modo, la Banda Sinfónica de Ciegos, que dirige Osvaldo Manzanelli no alcanzó a entrar en calor con una tímida versión del tema de la película "Indiana Jones" y debió también esperar un rato antes de regresar con más ímpetu en una versión instrumental de "Yo vengo a ofrecer mi corazón".

Una agradable sorpresa fue la intervención de la Banda de Jazz de la Banda Sinfónica de Ciegos, que arremetió con "Conmigo todo Bien", con Marcela Difonzo luciéndose como solista. La Orquesta de Música Nacional Juan de Dios Filiberto entusiasmó a los tangueros con una selección de temas de Carlos Gardel y luego acompañando el primer ingreso del Ballet Folklórico Nacional.

La variedad hizo que hubiera para todos los gustos. Pero con la interpretación de las Danzas Polovsianas del Príncipe Igor de Borodin, a cargo de la Sinfónica y del Coro Polifónico, se notaron los contras de los megarrecitales al aire libre. Mientras los tutti, tocados fuertísimo al final de la obra, arrancaron una ovación, a los oídos atentos no se les escaparon los desajustes propios de este tipo de conciertos y las desafinaciones que no se podían solucionar por el cambio de temperatura. María Rosa Gallo, por su parte, consiguió el mayor silencio de la noche, con un monólogo de "Las Troyanas".

El final del concierto tuvo tanto de explosión como de los -¿inevitables? lugares comunes. Primero, Julio Bocca y Eleonora Cassano, enfundados en sendos trajes de "gaucho" y "campesina" bailaron no muy prolijamente un pas de deux sobre música de Ginastera.

Y finalmente la apoteosis. Bocca, Cassano y el Ballet Folklórico Nacional bailaron una coreografía sobre el famoso "Malambo" de Ginastera cargada de obviedades: no faltaron ni la simulación de una cabalgata ni un duelo de cuchillos.

De postre, todos los organismos tocaron y cantaron el Aleluya de Haendel que en los bises sirvió como acompañamiento a los fuegos artificiales.

Martín Liut

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