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Poética evocación destinada al fracaso

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LA NACION
Sábado 09 de junio de 2007

Olympica , por el grupo Krapp. Coreografía y dirección: Acuña y Biasotto. Con Luciana Acuña, Gabriel Almendros, Luis Biasotto, Edgardo Castro y Fernando Tur. Música: Almendros y Tur. Escenografía: Ariel Vaccaro. Iluminación: Marcelo Alvarez. Vestuario: Edgardo Castro y Gabriela Fernández. Producción: Mariana Tirantte. Duración: 70 minutos. En El Portón de Sánchez, los sábados, a las 21. Nuestra opinión: Bueno

Apenas comienza Olympica , uno de los integrantes del grupo Krapp aclara algunos tantos. "Ex- olímpicos en un lugar de recuperación", apunta sin dar más pistas. A lo largo del trabajo, algo de eso estará presente pero no de forma literal porque, decididamente, no es lo que buscan.

Habría que aclarar otra cosa: estos cinco personajes no pretenden repetir la performance que tuvieron en sus años mozos. En realidad, ponen su esfuerzo en recuperar lo que sentían ante la ovación de la muchedumbre asombrada por ese momento mágico alcanzado (sea un gol, el segundo en el cual se cruza la meta o la satisfacción de un golpe ganador). En búsqueda de esa fugacidad van ellos, ahí ponen el cuerpo, ahí afilan la sensibilidad. Todo está puesto en esa evocación destinada casi al fracaso.

Los integrantes de Krapp, en pleno entrenamiento
Los integrantes de Krapp, en pleno entrenamiento.

El público, lejos de presenciar un supuesto entrenamiento, se topa ante una especie de kermés surrealista de intentos vanos, de acciones que se desvanecen, que caen en una enumeración de fallidos. Durante algunos fragmentos, los magníficos intérpretes se transforman en especies de trapecistas de un circo pueblerino que entrenan una rutina imposible de realizar. En otros momentos, algo de la esencia de las películas de Buster Keaton late por ahí. En otros, parecen dar vida a una foto de Man Ray. Acto seguido, la desgarradora voz de Edith Piaff tiñe al espacio.

Caja negra

Olympica tiene la magia de parecer un trabajo en blanco y negro. Posee esa textura y esa fina sensibilidad, aunque los cuerpos se desplomen contra el piso violentamente y duela oír ese ruido. Para alcanzar ese tono, mucho tienen que ver la brillante idea escenográfica de Ariel Vaccaro, la iluminación de Marcelo Alvarez, y el vestuario de Edgardo Castro y Gabriela Fernández. Entre todos construyen un espacio sugerente de una enorme fuerza poética.

Pero claro: los espacios se habitan y los actores, bailarines y músicos de Krapp saben hacer eso. En ese aspecto, la coreografía de Luciana Acuña y Luis Biasotto, la bella música compuesta por Gabriel Almendros y Fernando Tur o la canción que terminan cantando ellos dos junto a Edgardo Castro definen el comportamiento de este espectáculo de raíz coreográfica pero fuertemente teatral, musical y plástico. En definitiva, los signos constitutivos de los creadores de Mendiolaza .

Aunque Olympica atrape por su fuerza, la entrega de sus actores y ese constante abrir y cerrar de sentidos, la nueva propuesta de Acuña y Biasotto todavía no alcanzó su punto de maduración. Por lo pronto, la función de estreno del sábado pasado contó con una infinidad de desajustes. Profesionales como son, es de imaginar que con el paso de las funciones el montaje irá logrando la dosis de poesía y de adrenalina que subyace en él.

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