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El mundo artístico y su encanto irresistible

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LA NACION
Jueves 14 de junio de 2007
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Lo mejor de nuestras vidas ( Fauteuils d orchestre , Francia/2005, color; hablada en francés). Dirección: Danièle Thompson. Con Cécile de France, Valérie Lemercier, Albert Dupontel, Christopher Thompson, Laura Morante, Claude Brasseur, Suzanne Flon, Dani, Sydney Pollack. Guión: Danièle y Christopher Thompson. Fotografía: Jean-Marc Fabre. Música: Nicola Piovani. Edición: Sylvie Landra. Presentada por Alfa Films. 110 minutos. Apta para todo público. Nuestra opinión: Buena

Un café parisino, en la elegante avenue Montaigne; a su alrededor, además de hoteles lujosos y locales de las más sofisticadas firmas de moda, una sala de conciertos, un teatro, una galería de arte y, circulando por ellos, una fauna humana variada, pintoresca, un poco bohemia y por ello tan atractiva como puede serlo el mundo del arte y el espectáculo. Danièle Thompson los imagina en el trabajo y, sobre todo, en las pausas, yendo y viniendo al bar donde se cruzan y entreveran, afrontando o resolviendo sus asuntos profesionales, personales o sentimentales, y los ve con los ojos asombrados de una recién llegada: la encantadora Jessica, que en busca de empleo consiguió debutar como camarera del local y así seguir los pasos de su abuela, que de joven halló la forma de colarse en esos ambientes de lujo ingresando en el área de servicio del Ritz.

La llegada de Jessica fue más que oportuna: con la inminencia de un estreno teatral, un gran concierto y una subasta en la que saldrán a la venta las obras de arte que un ricachón supo acopiar, se avecina una avalancha de parroquianos. Al torbellino de nervios imaginable en tal situación se suman otros hechos menos mundanos que la directora y guionista aprovecha para organizar esta ronda amable, liviana y divertida gracias a cuyo fresco encanto puede aceptarse que romances, dilemas artísticos, desencuentros familiares y crisis matrimoniales se resuelvan en una sola noche y que personajes próximos al estereotipo se vean revitalizados y resulten para el espectador tan seductores como lo son para la protagonista.

Cécile de France y Christopher Thompson se lucen, como todo el elenco
Cécile de France y Christopher Thompson se lucen, como todo el elenco. Foto: Alfa Films

La ligereza del tono admite algún delicado apunte sobre otros asuntos -la soledad, el paso del tiempo, el alcance del arte- y deja que se filtre una pizca de melancolía sin riesgo de caer en el melodrama. Es un tipo de comedia burguesa que el cine francés ha sabido cultivar con frecuente éxito y que responde tanto a la habilidad del guión y la fluidez de la puesta en imágenes como a la reunión de un grupo de actores capaces de dar con el tono justo en cada situación, sea esta tierna, levemente dramática o francamente cómica.

Notable elenco

Aquí hay pareja oportunidad de lucimiento para todos. Desde Cécile de France, que tiene el encanto exigido por su Jessica, hasta la recordada Suzanne Flon, a cuya memoria está dedicado el film y que asume el papel de la adorable abuela. Valérie Lemercier es, quizá, la que consigue el eco más inmediato por las situaciones cómicas que protagoniza y por el diseño satírico de su papel: una actriz popular por su trabajo en telenovelas, que aspira a representar a Simone de Beauvoir en la película que planea una celebridad de Hollywood (Sydney Pollack), mientras concluye los ensayos de un vodevil de Feydeau.

Pero también brillan los demás: Albert Dupontel, como el pianista en crisis con su arte y su matrimonio, y la siempre bella Laura Morante, como su esposa, dispuesta a seguir sacrificándose por amor; el veterano Claude Brasseur, como el self-made-man que se desprende de su colección y procura recomponer la relación con su hijo (Christopher Thompson, también coguionista), y Dani, recordada pareja de Jean-Pierre Léaud en La noche americana , que aquí es la fanática de Gilbert Bécaud a punto de retirarse después de haber dedicado su vida a los artistas desde que supo que carecía de las condiciones para serlo. Groupie al fin, ella ha sido otra víctima de ese encanto irresistible que ejerce sobre muchos el mundo de los artistas. Un encanto en el cual, seguramente, también confió Thompson al concebir su film.

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