Después de la crisis de diciembre de 2001 fueron muchos los argentinos que comprendieron la urgencia de producir un cambio que fortaleciera el marco institucional a través de una reforma del proceso político, para promover el surgimiento de una nueva clase de dirigentes que neutralizara el hartazgo generalizado del "que se vayan todos". Dirigentes que, aunque tuvieran diferencias ideológicas acerca de cómo enfrentar la realidad del país y solucionar sus problemas, al mismo tiempo se respetaran mutuamente, tuvieran voluntad de diálogo y pudieran, toda vez que fuera necesario, trabajar en forma conjunta para el bienestar común.
Es por eso un dato alentador, aunque todavía insuficiente, la presencia de no pocos jóvenes, técnicos y profesionales que no superan los 40 años, en varias de las listas de legisladores que se presentaron en los comicios del 3 del actual para la ciudad de Buenos Aires.
También lo es el hecho de que empiecen a surgir en el horizonte diversas agrupaciones regidas por esos objetivos anteriormente mencionados. En esa dirección, hay que destacar la existencia, desde fines de 2002, de una organización independiente y apartidaria, la Red de Acción Política (RAP). Su presidente es el empresario Alan Clutterbuck, quien creó la red movido tanto por el rechazo de la violencia de los años 70, que en lo personal le costó la pérdida de su padre (secuestrado en 1988), como por la mencionada crisis de 2001, que, a su juicio, terminó por destruir el tejido social argentino.
Hacia RAP confluyen tanto políticos que desarrollan una vida partidaria activa como ciudadanos con vocación de hacer un aporte al país. La organización busca apoyar a esos dirigentes para que logren realizar una gestión más eficiente y transparente. Su declarada aspiración es alcanzar una Argentina genuinamente democrática, con instituciones sólidas y con igualdad de oportunidades para todos sus habitantes, que promueva la movilidad social, la defensa de la libertad y de los derechos humanos, y se integre al mundo con un profundo respeto al Estado de Derecho, a la propiedad privada y a la iniciativa emprendedora.
Crear las condiciones para facilitar el desarrollo en el mediano y largo plazo de esa nueva dirigencia, de entre 35 y 50 años, y que se sienta comprometida con una forma diferente de llevar adelante la actividad política es otro de los objetivos. Esos nuevos dirigentes, provenientes de distintos partidos políticos, podrán construir una confianza mutua y una "amistad cívica", es decir, una cultura diferente, que en su forma de hacer política busque crear consensos para la gestión de gobierno.
Por eso mismo, el financiamiento de una organización de estas características tan especiales se hace sobre la amplitud de la base de donantes, para que no haya dependencia hacia ninguno de ellos ni hacia ningún ámbito en particular; en la transparencia en la recepción de donaciones, y en la utilización de éstas en los distintos programas que se desarrollan. Con la obtención de la personería jurídica a fines de 2004, se incorporaron donantes institucionales del ámbito local, empresas y organizaciones de la sociedad civil, y se comenzó con la búsqueda de donantes institucionales internacionales.
En un reciente editorial, titulado "Por una generación de nuevos políticos", nos referíamos a la necesidad de un recambio generacional intenso y sostenido en los planteles humanos que se desempeñan en los escenarios políticos nacionales, provinciales y municipales, operado a través del tiempo, de manera gradual y lo más ordenadamente posible. De ello, concluíamos, dependerá que se logre un modo diferente de impulsar la actividad política y de construir las instituciones de la patria.
A la luz de estas expresiones de deseo, parece entonces muy alentadora la aparición de organizaciones como la RAP, que auspicia el encuentro de dirigentes políticos jóvenes en un diálogo verdaderamente pluralista, para luego pasar a la resolución de temas muy concretos, que son, justamente, los que preocupan e interesan a la mayoría silenciosa, la sociedad argentina, que podrá así volver a confiar en la política y en sus políticos.