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Ganadería

Modelo sustentable

Campo

Bernardo Toller obtiene máximos rendimientos de carne, que llegan a los 700 kilogramos por hectárea, con un manejo de pasturas de especies nativas

En tiempos en los que el desmonte crece en diferentes zonas del país como una práctica para producir más en agricultura, en el departamento Feliciano, al norte de Entre Ríos, un ganadero apuesta al manejo eficiente del pasto natural para crecer en la obtención de kilos de carne por hectárea sin dañar el ambiente. Bernardo Toller aplica en su establecimiento La Colina, el sistema integral de producción en monte nativo desarrollado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y que dirige Juan Manuel Pueyo, técnico de la Estación Experimental Paraná junto a un grupo de investigadores del proyecto ganadero regional. Con años de implementación, actualmente Toller produce 300 kilos de carne más que la media de la zona, obteniendo un plus de 3 pesos por cada uno invertido, básicamente en mejoramiento de la producción de las variedades existentes con la aplicación de fertilizantes, limpieza de los campos, alambrados y labores, para lograr más kilos de materia seca.

En Feliciano hay 300.000 cabezas de ganado bovino que son parte de los 4 millones existentes en toda la provincia. Es una región de tradición ganadera de cría y que se desarrolla en suelos vertisoles, que se caracterizan por el alto contenido de arcilla, negros, pesados y de difícil manejo. Aquí, el 95 por ciento de la actividad pecuaria se realiza sobre pastizales naturales, compuesto mayormente por especies finas como pasto blando, tiernas como pasto horqueta y otras como pasto miel, pasto cola de lagarto, cola de liebre; se presentan también variedades invernales, cebadilla criolla, flechilla mansa y alpistillo, entre otras. Tienen una productividad que oscila entre 3000 y 4500 kilos de materia seca por año. Estas presentan un regular valor nutritivo durante la mayor parte del año, y valores de digestibilidad cercanos al 50%, con niveles de proteína de entre 6 y 10% en la mayoría de los casos.

Con estas particularidades, el desafío de los técnicos es lograr incrementar los resultados en kilos de materia seca y de carne aprovechando los recursos disponibles. Como en la mayoría de los casos de tecnologías de proceso aplicadas a campo, los resultados positivos se vislumbran luego de un tiempo de implementadas y sobre la base de ensayos que permiten determinar cuáles son las prácticas adecuadas.

Diversificación

Bernardo Toller es un empresario citricultor que hace dos décadas decidió diversificar su actividad y como inversión compró 1900 hectáreas y actualmente explota 2500.

Con la idea de que la pecuaria sea el reservorio económico de la citricultura, comenzó a producir y con el paso del tiempo, emprendió la tarea de buscar fórmulas para crecer en una zona difícil. Hoy maneja un rodeo de 2800 vacunos y 1200 ovinos.

Limpieza del campo, fertilización y destete precoz, éstas son las principales pautas de manejo para Toller. Comentó que crían los terneros y la premisa es que las vacas obtengan buenas condiciones corporales rápidamente para volver a entrar en servicio.

Apuesta a lograr rodeos uniformes para lo cual el destete se realiza a los 80 o 90 días. "De esta manera logramos incrementar el índice de preñez en 15 a 20%. Tenemos el 95% promedio de preñez", indicó. La consecuencia es un aumento del número de cabezas de ganado.

Como estrategia comercial el productor vende los terneros con 250 kilos de peso, en contra estación, para obtener un mejor precio y tienen como destino principal la invernada en campos de la provincia de San Luis y La Pampa.

La carga animal en La Colina es de 0,85 a 0,90 vaca por hectárea, cifra un 40% superior al promedio de la zona. Las vacas gordas se venden cuando alcanzan los 480 o 500 kilos y la faena se realiza en el frigorífico de Feliciano y un 20% en Paraná.

El circuito productivo de esta categoría prevé el retiro de la última preñez en los meses de enero o febrero para que estén terminadas en los meses de invierno. Salen unas 180 vacas por año y la reposición la realizan con 200 vaquillonas de producción propia. Todo el sistema se realiza en campo con pasturas naturales enfatizando en el manejo racional del pasto. El establecimiento se provee de agua de 8 molinos y 2 bombas eléctricas.

Los lotes se fueron seleccionando y crearon potreros de 40 o 50 hectáreas de superficie con alambrados eléctricos y tradicionales. "En espacios más reducidos como éstos, podemos tener un mejor manejo de los animales y un mayor control del estado de las variedades de pasturas presentes", señaló el productor. En los de alta productividad, fertilizan con aplicaciones de fósforo y nitrógeno. "Obtenemos ganancias de peso de hasta 700 u 800 gramos por día y un promedio de 700 kilos de carne por hectárea", añadió.

Costos

En referencia a los principales costos de este sistema, el empresario dijo que el principal, es gerencial. Lo describió como una tecnología de procesos. Entre las labores se realiza una limpieza del campo, que consiste en cortar las ramas bajas de los árboles, práctica que cuesta 20 pesos por hectárea y pasada de un rastrón de diseño adaptado por Toller, tirado por un tractor, que representa un gasto de 100 pesos por hectárea. La aplicación de fosfato diamónico y urea cuesta unos 140 pesos por hectárea.

Los resultados obtenidos le permitieron crecer en kilos de carne por hectárea, obtiene 300 más que el promedio zonal y un plus de 3 pesos por cada uno invertido.

En cuanto a la inversión realizada en estos años de trabajo, enfatizó que es un planteo que se tiene que analizar pensando en la sustentabilidad. "Queremos contar con pasto todo el año y minimizar el impacto de la estacionalidad en este establecimiento", agregó.

Juan Fonseca, jefe de la Agencia de Extensión del INTA de Feliciano, comentó que de acuerdo con las mediciones realizadas en este campo, en el 2006 se produjeron 6300 kilos de materia seca promedio por hectárea.

El técnico indicó que el planteo aplicado en La Colina ya es un modelo difundido zonalmente y que sirve de referencia a productores del departamento que pretenden tener producciones con mayores rendimientos y sostenibles en el largo plazo.

Producción con pasturas fertilizadas

Juan Manuel Pueyo, coordinador del Módulo de Cría Vacuna del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Proyecto Ganadero Regional, investiga con un grupo de técnicos el incremento de la productividad de las especies presentes en los montes nativos de la provincia de Entre Ríos.

La fertilización es una de las prácticas más difundida para obtener una mayor producción de materia seca durante todos los meses del año.

En referencia a la particularidad que existe en esta zona, dijo que los suelos presentan una deficiencia generalizada de fósforo y nitrógeno disponible. Desde 1992 trabajan para cuantificar el impacto de la fertilización fosfórica y nitrogenada sobre la producción primaria y secundaria de los pastizales.

Los últimos análisis indican que durante los meses de primavera y verano se produce alrededor del 60 por ciento de la producción anual.

El pastizal natural fertilizado, según detalló Pueyo, tiende a adelantar y concentrar su pico productivo en primavera, mientras que el pastizal sin fertilización lo hace en época estival. Las especies forrajeras dominantes son gramíneas de buena a mediana calidad forrajera y escasas leguminosas.

La investigación

El investigador ejemplificó que durante 2004, 2005 y 2006, cuando se midió la producción secundaria, en el primer año, a partir de la recría de vaquillas que ingresaron en abril con un peso corporal de 225 kilos y se recriaron hasta febrero, fecha en la que se les dio servicio con 313 kilos, la producción fue de 230 kilos de peso vivo por hectárea.

En 2005 se realizó a partir de la recría de vaquillas que ingresaron a fines de marzo con 212 kilos y se recriaron hasta febrero, luego se les dio servicio con 343 kilos y en este caso, la producción expresada en kilos de peso vivo fue de 458 kilos por hectárea.

Para 2006 se realizó en el engorde de novillos que ingresaron en abril con 178 kilos y se recriaron hasta febrero, cuando se faenaron con 403 kilos. La producción fue de 689 kilos de peso vivo por hectárea. Aclaró el técnico que durante el período de engorde recibieron una ración de balanceado correspondiente al 1% de su peso.

Estos resultados fueron obtenidos en ensayos realizados en La Colina y forman parte de los que se desarrollan para mejorar la productividad ganadera en la zona. .

Por Verónica Puig Para LA NACION
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