Macri y Kirchner se saludan para la foto en el despacho presidencial; en el fondo, el retrato de Axel Blumberg
Foto: Fabián Marelli
Se estrecharon con frialdad las manos dos veces para complacer el pedido de los fotógrafos y camarógrafos que aguardaban en el despacho presidencial. Eran las 17.55 cuando Mauricio Macri, el próximo jefe de gobierno de la Capital, pisó la Casa Rosada. Una hora después se retiraba con la venida formal de Néstor Kirchner para que la ciudad cuente con una policía propia. Fue un diálogo “cordial”, dijo Macri.
Hubo más de una coincidencia: estuvieron de acuerdo en la necesidad de una reforma de la Constitución de la ciudad que elimine el ballottage y reduzca el gasto en la enorme estructura de la administración porteña.
El líder de Pro reveló a LA NACION, después del diálogo con Kirchner, que apenas asuma, el próximo 10 de diciembre, impulsará la convocatoria a elecciones de convencionales constituyentes para reformar la carta magna de los porteños.
En el Gobierno hubo sintonía con la propuesta de Macri. Según relató una alta fuente a LA NACION, el Presidente transmitió en la reunión su opinión sobre la “inconveniencia” de la segunda vuelta. “Kirchner cree que es un sistema complicado”, relató un ministro del gabinete nacional. Pero agregó que el tema deberá estudiarse con profundidad. Macri, además, pretende reducir las comunas de 15 a 7, una división de la ciudad que aún no se concretó.
El encuentro se produjo después del aplastante triunfo de Macri el domingo pasado frente al candidato del oficialismo, Daniel Filmus, lo que lo convierte de hecho en el principal referente de la oposición. Según fuentes de la Casa Rosada, el Presidente quiere tener una buena convivencia con el jefe de gobierno electo y decidió, como primera medida, ceder ante el reclamo del líder de Pro de manejar la seguridad en la Capital.
El 15 de agosto próximo, el Congreso tendrá la primera palabra: en la sesión de ese miércoles quedará derogada parcialmente la llamada “ley Cafiero”, que limita la autonomía de la ciudad, según anunció Macri durante una conferencia de prensa en la Casa Rosada.
“Se llevó el compromiso del Gobierno de que la ciudad tendrá autorización para contar con su propia fuerza. Las fechas las trajo él", dijo a LA NACION el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, presente en el encuentro junto al ministro del Interior, Aníbal Fernández.
La reunión duró una hora. Ambos fueron puntuales. El líder de Pro llegó 17.55 a la explanada, subió las escaleras que lo condujeron al primer piso, donde lo esperaba el jefe del Estado. Macri disculpó a su compañera de fórmula, Gabriela Michetti, que no fue al cónclave. "Está agotada por la campaña", dijo.
Inmediatamente, pasaron al despacho. "¿Cómo viene el pase de [Juan Román] Riquelme?", rompió el hielo Kirchner. "Y... anda medio complicado", fue la escueta respuesta.
Después del encuentro, en la Casa Rosada habilitaron -como lo había hecho anteayer tras la reunión con la gobernadora electa de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos- la sala de conferencias, que estaba colmada por los medios. Un Macri serio llegó hasta allí e improvisadamente se sentó a contestar. "Pregunten", dijo, sin esperar que los periodistas tuvieran a mano un micrófono. Se lo notaba algo nervioso.
"Fue una reunión muy cordial, siento que se habló con un buen diálogo institucional entre los que tenemos la responsabilidad de gobernar la ciudad y el Presidente, que tiene la responsabilidad de gobernar el país, por lo menos hasta fin de año", arrancó. Enseguida relató que en la reunión, Kirchner le garantizó que el 15 de agosto será derogada la "ley Cafiero" y que a partir de ese momento comenzará la discusión de cómo se hará la transferencia.
El dinero para que la ciudad pueda administrar la fuerza de seguridad es aún una incógnita en este debate que se abre entre la ciudad de Buenos Aires y la Nación. "La primera etapa es dar apoyo con el bloque oficial para derogar parcialmente la «ley Cafiero». Después empieza la discusión de cómo se hará la transferencia", apenas especificó Macri, y volvió al fútbol. "Paso a paso. Yo siempre he sido un admirador del filósofo Mostaza Merlo, aunque está de capa caída", bromeó.
La discusión, sin duda, se plantará en ese punto. El jefe de gobierno electo quiere la transferencia de la superintendencia metropolitana de la Policía Federal, que incluye a las 53 comisarías, y los fondos para su funcionamiento, que rondan los 800 millones de pesos anuales.
Pero el Gobierno teme una dura reacción de las provincias si cede ese dinero de la Nación a la ciudad. La otra alternativa que hoy se maneja en la Casa Rosada es la modificación de la denominada "ley Cafiero" e implica una autorización para que la ciudad tenga su policía propia, y que los recursos surjan del estado porteño. "No es imposible que se maneje sin el dinero del gobierno nacional", sostuvo un ministro.
También hubo un fuerte compromiso para que Kirchner transfiriera el manejo de la Justicia, el puerto y el transporte. De todas maneras, ese debate quedará para más adelante.
"Fijamos una agenda constructiva de trabajo", dijo más tarde Macri. "Tenemos como denominador no frustrar el plan de gobierno del jefe porteño", sostuvo Alberto Fernández.
La campaña, sucia o no, que apenas terminó hace una semana, ya había quedado atrás. Ayer fue el momento de algún pase de factura. "Antes de hablar, hacemos", le dijo el jefe de Gabinete al líder de Pro, parafraseando su campaña de "Mejor que decir es hacer". "Dejame pasar una", cuenta que le contestó Macri. El Presidente tampoco se la iba a dejar pasar: "Mauricio, que es Macri", le había dicho.
Luego del encuentro, en el programa "A dos voces", que emite el canal TN, Macri dijo: "Hoy actuamos los dos como si tuviéramos Alzheimer y no nos acordamos de todo lo que dijimos en la campaña".
Por Mariana Verón
De la Redacción de LA NACION