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Cuatro coreógrafos con licencia para bailar

El Centro Cultural Rojas presenta desde este jueves un programa de danza contemporánea inspirado en James Bond

Lunes 02 de julio de 2007

Detectives y superagentes, escenas de acción y suspenso, mujeres despampanantes y otras decadentes, armas, maletines cargados con dinero y un martini dry servido en glamorosa copa triangular. ¿Acaso están Sean Connery y Pierce Brosnan invitados a este estreno? El caso es que el tercer programa de danza del Centro Cultural Rojas para este "(2)007" -según juguetea con los números su curador, Alejandro Cervera- toma como disparador el imaginario Bond y lo ofrece en favor de una nueva convergencia entre coreógrafos.

Cuatro realizadores, cuatro obras, cuatro universos de intriga diferentes. Las experimentadas Mariana Bellotto (última actualización: Slogans, presentado en el último Buenos Aires Festival de Danza Contemporánea) y María José Goldín (de ella, Verde, no naranja. Naranja, no. Se vio en 2005 y 2006), que desde que se formó el primer grupo de danza teatro de la UBA vienen compartiendo experiencias, harán su apuesta en el primer programa de este ciclo, que pone la lupa sobre las posibilidades de contar una historia de superagentes con el lenguaje de la danza. Y apenas separados de las chicas por un intervalo, también a partir del 5 de julio, las insólitas propuestas de los jovencísimos Joel Inzunza Leal y Exequiel Barreras modularán otro tono para el cierre de cada función.

A días del estreno, sólo Goldín (porque Bellotto estaba de viaje en Chile) se encuentra con los chicos -representantes de otra generación, que apenas pasan los veinte años- y entre la sesión de fotos y una charla con mucha gracia que mantuvieron para esta nota, enseguida pierde de vista los síntomas de una gripe que la tenía mal. "Cuando Cervera me mandó el mail con la propuesta tan impulsivamente, le dije que sí. Pero después pensé: «¡Estás loca, María José!» -cuenta, reproduciendo con detalle aquella situación-. Tomé conciencia de lo dificilísimo que era encarar este trabajo y empecé a buscar los elementos más relevantes de las series de detectives privados, desde el Superagente 86 y los archienemigos de Batman hasta James Bond". Así, como en flashes, algunos de los detectives secretos más famosos del cine y la TV se cuelan en la pieza Operación Spectra (Sociedad Permanente Ejecutiva de Contraespionaje, Terrorismo, Rebelión y Aniquilamiento), título interminable que Goldín y su compañía Pata de Ganso toman de una de las películas de la saga de 007.

Foto: Mariana Araujo

-¿Cómo se lleva la danza con el suspenso, tanto más cinematográfico, literario o televisivo?

Goldín: -Como lo que hago es danza teatro y el desafío es la integración de los lenguajes, la obra termina siendo como un chiste, una mirada completamente satírica, algo muy mío. Es que es tan gratificante para el intérprete escuchar que la gente se ríe que cuando lo empezás a descubrir querés ir siempre por ese lado.

Además de doce bailarines, en la obra de la coreógrafa interviene el tenor George Bourdie, con un papel clave en la historia. "¿No me digas que el asesino es el mayordomo?", le pregunta Barreras, ciento por ciento cordobés en su primera intervención, recostado en el piso del escenario, mientras toma una gaseosa. "Me faltaría un poco de fernet, nomás", sugiere como corolario ideal para el cierre de un día agitado con el Ballet del Teatro de San Martín, que él integra.

A propósito, este joven de 23 años sobresalió con su performance en el programa que la compañía de Mauricio Wainrot presentó hasta hace un mes en el Alvear. Allí, supo ser un español desopilante para Playback, de Carlos Casella; un intérprete con un as de actuación en la manga del traje, para Amargo ceniza, de Carlos Trunsky, y finalmente, con igual nivel de talento y técnica, en la coreografía Movimiento perpetuo. "Soy más actor que bailarín, pero las cosas se fueron dando así y a Buenos Aires me trajo una beca para la compañía de Julio Bocca", resume su historial, al que ahora suma su primer trabajo coreográfico, Rufianes.

"Juro por Dios que recibí la propuesta y no dormí por tres días -confiesa-. Me costó decidirme; pensé qué hacer y dije: «Me tengo que mandar, porque ahora soy bailarín», y se ríe otra vez. Y como soy fanático de Timothy y Stephen Quay, dos hermanos que hacen cine con objetos, tomé de su mediometraje La calle de los cocodrilos una música que me reventaba la cabeza y armé todo desde ahí." Barreras dice que su obra -que deja de lado la figura del detective para centrarse en el género policial- apareció como un film que después empezó a fragmentar y desordenar.

El maletín o la chica

"Hay un juego de poder entre los dos personajes varones: ganar el dinero de un maletín robado o ganar a la chica que, claro, también pretende quedarse con la plata", dice el cordobés, anticipando la trama de esta película "bailada" que cuenta con una cornisa de edificio por toda escenografía, en un ambiente afrancesado.

En cambio, es sobre un callejón inglés recreado a través de una videoproyección en blanco y negro que Historia para dos finales, de Joel Inzunza Leal (24), pondrá a sus personajes psicológicamente desnudos.

"Sobre todo me enganché por la conexión con el año en que estamos, 2007, como una excusa para abordar la danza desde otra temática. Y encontré un coloquio que se hizo en enero último, en Francia, sobre la saga de James Bond", dice el bailarín chileno, de 24 años, que a sólo un año de su mudanza a Buenos Aires ya estrenó, además, Aireempaq.

Inzunza Leal se dispone a sacar al sol los trapitos de la infancia de sir James. "Me agarré de esa investigación sobre el lado psicológico, la personalidad bondiana, y un poco de las características de estas películas -sigue diciendo, para dejar a todos boquiabiertos-. Se habla de por qué nunca se mostró a los familiares de James Bond, como si en cada chica que él pudiera conquistar estuviera su madre."

Todos se ríen. María José pone cara de asombro. Exequiel se revuelca en el suelo. Y Joel sube la apuesta cuando refiere: "La elegancia, el fetichismo por la línea, el buen comer y esa preocupación medio gay del hombre inglés. Me tiré por ese lado".

Barreras: -"¡¿Vos decís que James Bond era marica?!- interrumpe, a las carcajadas.

Su compañero responde con la definición que hasta ahora todos estuvieron buscando. "La base es la sugestión. Hace mucho que estoy tratando de lograr desde el movimiento cierta narrativa, cierta dramaturgia, exclusivamente con la danza como medio. Desde ahí empecé a buscar intriga, suspenso, en lo coreográfico, en el vestuario, en la música, en cada elemento."

Por Constanza BertoliniDe la Redacción de LA NACION

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