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Con la fuerza del sonido instrumental

El francés Alain Huteu, invitado de lujo

Miércoles 04 de julio de 2007
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LA NACION

El nuevo concierto de Anacrusa en Buenos Aires será la excusa para reencontrarse con un viejo amigo e integrante de la formación durante su período europeo. El percusionista y vibrafonista francés Alain Huteu, reconocido solista de la Opera de París, se sumará a la formación integrada por José Luis Castiñeira de Dios ( guitarras, arreglos y dirección), Susana Lago (canto y piano), Alejandro Santos (flauta), Hugo Pierre (clarinete y saxo), Ricardo Lew (guitarra eléctrica), Marcelo Torres (bajo eléctrico) y Enrique "Zurdo" Roizner (batería), para recordar en vivo en el ND/Ateneo obras de su viejo repertorio y de su último disco, Encordado .

Surgido en los setenta en la escena de la música popular, Anacrusa sorprendió por su trabajo sobre nuevos arreglos para música argentina y de América latina. "Cuando comenzó, el grupo era netamente de proyección folklórica en torno a una sonoridad más de cámara. Pero después fuimos pasando a un sonido con formaciones orquestales, influenciados por el trabajo de Waldo de los Ríos, para derivar en un sonido más de jazz rock criollo", cuenta Castiñeira de Dios, sobre la evolución del grupo en todos estos años.

Cuando llegaron a Europa, a comienzos de los ochenta, el grupo ensambló a la perfección con la búsqueda del vibrafonista Alain Huteu. Por esa época el sonido del vibráfono ya había sido incorporado por Castiñeira a la formación del grupo. "Yo venía realizando algunas cosas con el vibráfono, pero el aporte de Alain Huteu fue fundamental para darle otro desarrollo al grupo, donde buscábamos un sonido más ligado a Milton Jackson o el Modern Jazz Quartet. Con él grabamos varios discos y conseguimos esa sonoridad Costa Oeste pero haciendo folklore."

-¿Cómo fue recibido ese sonido nuevo para la época?

-Era imposible para nosotros. Habíamos comenzado en un gran enfrentamiento con los tradicionalistas y los falsos gauchos, que eran como boleristas y malos instrumentistas. Nosotros veníamos de un modelo que se acercaba a Waldo de los Ríos, el Negro Lagos y Astor Piazzolla.

-¿Buscaban provocar?

-Queríamos algo más descarnado y más seco en el sonido. Además, tocábamos con partitura, y el folklore no tenía esa evolución, a diferencia del tango, que ya había desarrollado una complejidad en su lenguaje. El folklore, en cambio, seguía con una especie de transmisión oral, pero impostada. Nosotros buscábamos lenguajes nuevos, donde aparecían las grandes fusiones de los setenta con el jazz y el rock. Aspirábamos a lograr algo así pero con nuestra música. Con el paso del tiempo, eso se volvió moneda corriente y hay una mayor libertad en el género popular.

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