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Leyenda y aciertos de la ruda en la vida cotidiana

Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION

Sábado 07 de julio de 2007

Ya hablamos seriamente de la ruda en estas columnas, con consultas a un especialista en botánica, además de los libros que ofrecen información abundante sobre este tema.

Pero como tengo la fortuna de compartir un programa con Luis Landriscina, que con la mayor seriedad y solvencia incursiona en el fascinante terreno del folklore y el costumbrismo, me atrevo a tocar el tema, ya que los fríos arrecian y la promesa de que la ruda macho nos liberará de todos los males es fascinante.

Es en estos primeros días de julio cuando se ponen a macerar los brotes de ruda en caña para obtener la pócima milagrosa que se beberá el primer día de agosto, de manera que puede ser una nota oportuna.

La primera discusión surge acerca de cuál es la ruda macho. Tanto los botánicos como los libros y el inapelable dato que proporciona el Diccionario Folklórico Argentino, del profesor Félix Coluccio, señalan que es la Ruta chalepensis , de tamaño algo mayor y crecimiento más vigoroso que la Ruta graveolens.

Sin embargo, tanto en algunos viveros como en la creencia de mucha gente, la ruda macho es la de hojas más pequeñas y de borde recortado.

Desde un enfoque más cientificista, que se apoya en la investigación botánica, ambas especies producen flores hermafroditas, que llevan estambres y pistilo, es decir, tienen ambos sexos.

Como observación personal recuerdo que las plantas suelen ser muy sensibles a sus condiciones de cultivo y que, ubicadas en el suelo adecuado, el follaje puede parecer más vigoroso que su modelo habitual.

Otras confusiones se suelen producir en cuanto a sus virtudes benéficas. Como ocurre con otras plantas medicinales, puede haber una dualidad de efectos, que van desde ser curativa y aliviadora hasta llegar a ser tóxica. En su compleja composición se destaca la rutina, principio activo cuya función más importante es aumentar la resistencia de los capilares sanguíneos, pero su fama viene de lejos.

En el siglo I, Dioscórides apuntaba que los pintores la consumen para aguzar la visión y también que tiene gran fuerza contra los espíritus malignos .

Es de origen europeo, pero sus usos contra la mala onda parece que se originaron en la provincia de Corrientes, donde se dice que, ubicada frente a la vivienda, no sólo defiende de esas asechanzas, sino que avisa si la visita es indeseable, y donde es más fuerte el uso preventivo de la caña con ruda .

Para sumar a este tema un aporte humorístico, transcribo un cuento de Landriscina: "En la casa de una curandera hay un persona tendida en la cama con una lechuza sobre la cabeza, un sapo sobre la cara, una rana sobre la barriga y una vizcacha a los pies.

-¿Y eso? -pregunta otro paciente.

-Ese -contesta- está en terapia intensiva..."

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