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El pasado, como escuela para curar las heridas del alma

Entrevista con Liliana Hollmann, única discípula de Brian Weiss en la Argentina

Sábado 07 de julio de 2007

"Construir un nuevo paradigma para la convivencia es una necesidad del hombre y del planeta. En este momento hay 30 guerras simultáneas. O nos espiritualizamos, o colapsamos." La terapeuta Liliana Hollmann lo dice con la certeza de quien escucha cada día las historias de soledad e insatisfacción de sus pacientes y la añoranza que éstos confiesan por alcanzar mayor paz y plenitud en sus vidas.

Hollmann tiene el privilegio de ser discípula del eminente psicoanalista y best seller norteamericano Brian Weiss, que revolucionó las técnicas terapéuticas de sanación al incluir la regresión a vidas pasadas. Exito editorial en todo el mundo, con millones de ejemplares vendidos en decenas de lenguas, Weiss fue una figura rutilante en la última Feria del Libro de Buenos Aires, seguido por decenas de jóvenes que lo esperaron durante horas por un autógrafo.

En el mundo médico hay voces que señalan que el psicoanálisis está en crisis, mientras otros fustigan científicamente la terapia de regresión a vidas pasadas.

Hollmann, una mujer de gestos armoniosos y mirada brillante, conoció a Weiss a fuerza de proponérselo hace un año, cuando el escritor estuvo en Mar del Plata. Entonces era una terapeuta que aplicaba el psicoanálisis y la terapia transaccional. "De ambos rescato el respeto por la singularidad de la historia del paciente y la escucha", dice la terapeuta en diálogo con LA NACION.

Un día advirtió que la mayoría de la gente llegaba a su consultorio con la pregunta: "¿Qué hice yo para merecer esto? Y cuando comenzaba la regresión, resignificaba lo que le pasaba. Cuando el paciente gana en serenidad, puede conectarse mejor con su alma", precisa Hollmann. Precisamente, la novedad de la terapia de regresión a vidas pasadas contempla el alma en la sanación.

Muchos de los pacientes que llegan para "probar" con la terapia de regresión ya se analizaron. Y no son pocos los que llegan con ataques de pánico, fobias, problemas con sus hijos y con sus parejas, o un gran miedo a la muerte", explica Hollmann.

"Los pacientes buscan respuestas a cosas que, muchas veces, trascienden su situación actual. Todo lo que pensamos, lo que actuamos, lo que decimos tiene consecuencias. Con la terapia tradicional, la gente toma conciencia de lo que está en el inconsciente. Pero con la regresión el paciente se hace consciente de que tiene un alma. Por eso es tan importante la experiencia vivencial", subraya.

Y allí la terapeuta presenta el primer caso: "A una paciente le cuesta mucho conectarse con su pareja como tal. Mediante la regresión, ella tuvo la imagen de que su actual pareja pudo haber sido su padre en otra vida. Ese nuevo elemento le posibilita elegir cómo quiere comunicarse en el futuro con su pareja".

Otros casos de Hollmann: el paciente de 54 años que por la regresión consiguió conjurar sus ataques de asma o la mujer que al reconocerse como indígena en otra vida adquirió mayor aplomo para enfrentar las tribulaciones posteriores.

En cuerpo y alma

"En las primeras entrevistas los pacientes vienen con información sobre sus vidas. Pero durante la terapia pueden aparecer situaciones completamente desconocidas", señala Hollmann. Para la especialista "hay un nuevo paradigma cultural en el mundo, que se está instalando como una necesidad de plenitud de la gente. Muchos están en la búsqueda de una unidad, pues vivimos en un mundo dual, donde todo tiene que ser bueno o malo. Con la regresión se produce un encuentro con esa partícula de divinidad que el alma tiene. La gente vuelve a sentirse serena y, desde ese estado, reconecta con un dios personal".

¿Y cómo se alimenta el alma? "Con la respiración -dice Hollmann-. Alimentamos el cuerpo y la mente, pero nos olvidamos de respirar adecuadamente para alimentar nuestra alma."

La regresión a vidas pasadas tiene sus restricciones. "Requiere una estructuración psíquica estable. Por eso está contraindicado en pacientes bipolares, psicóticos, alcohólicos, drogadictos, bordeline o aquellos que no pueden hacerse cargo de su situación. Tampoco es aconsejable para quienes están atravesando una crisis", dice Hollmann. Y agrega que "la regresión provoca un aumento de la responsabilidad y una sensación de liberación interior".

Para la terapeuta, los niños de hoy parecen tener más claro que el hombre es cuerpo, mente y espíritu. Algunas madres cuentan que sus hijos recuerdan "cuando eran grandes" o "cuando estaban en la panza".

Los efectos llegan tan lejos como el paciente necesita y quiere. "Si lo vivido por la gente es ficción o verdad, eso se mide por la intensidad de la vivencia. Mi convicción es que esta terapia ayuda a la gente a ser más feliz. Y eso es lo que Dios quiere."

Por Susana Reinoso De la Redacción de LA NACION

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