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Oficiales españoles, testigos de la represión argentina

En Madrid: el juez Garzón recibió un informe sobre diez militares que tomaron un curso de inteligencia en la Capital, en 1979.

Sábado 04 de abril de 1998

MADRID.- Por lo menos diez oficiales españoles de alta graduación que siguieron cursos de formación en la Argentina fueron testigos de los métodos represivos que las Fuerzas Armadas de ese país emplearon durante la última dictadura militar.

Los diez oficiales (uno de Estado Mayor, siete coroneles, un general de división y un teniente coronel) tomaron parte en cursos de inteligencia que se dictaron en Buenos Aires entre 1979 y 1983, y sus nombres fueron entregados al juez Baltasar Garzón recientemente por el Ministerio de Defensa.

Los militares españoles fueron informados por los argentinos sobre los "operativos" que hacían, eufemismo con el que se referían al secuestro, tortura y muerte de los opositores, según declaró aquí el coronel Amadeo Martínez Inglés, quien pasó once meses en la Argentina, en 1981, y siguió un curso de Estado Mayor en la Escuela de Guerra de la Capital Federal.

Los operativos

Cualquier militar español de los que estuvieron en la Argentina, dijo a la agencia Colpisa, pudo tener información sobre los métodos de la represión, ya que a él le informaron al respecto varios capitanes y altos mandos del Ejército argentino. Los militares argentinos, agregó, realizaban sus operativos vestidos de civil y en vehículos particulares. Nunca actuaban soldados rasos, sino oficiales.

Cuando descubrían un departamento sospechoso, entraban "disparando a ráfaga viva" contra todos sus ocupantes. Dijeron que si alguien quedaba vivo era llevado a un campo de concentración.

"Mientras el asalto se producía, un grupo de tropa regular, vestida de uniforme, esperaba en las proximidades -siguió-. Una vez terminada la operación, los soldados regulares subían al piso (departamento) para poder así fingir que las muertes se habían producido en legítima defensa, durante un enfrentamiento limpio con soldados inexpertos."

Tras ganar la confianza de los oficiales argentinos en la Escuela de Guerra de Buenos Aires, Martínez Inglés fue informado sobre la existencia de los vuelos de la muerte, desde los que se arrojaba vivos a los "subversivos".

En defensa de la Patria

Los argentinos justificaban estos métodos, afirmó, diciendo que lo hacían "en defensa de la Patria" y como parte de "la lucha antiterrorista contra grupos peligrosos con más de 30.000 personas armadas hasta los dientes".

Martínez Inglés dijo estar dispuesto a declarar ante Garzón, en caso de ser citado, pero no reveló los nombres de los militares argentinos que le dieron información de sus "operativos".

A su regreso a España, Martínez Inglés hizo un informe de más de cien páginas para la Dirección de Inteligencia del Ejército en el que incluyó la situación política argentina. También informó verbalmente a sus superiores sobre las "irregularidades" que, a su juicio, cometía el ejército argentino.

Además de Martínez Inglés, los oficiales que figuran en la lista son Rafael Saiz Torres, los coroneles Isidoro Calderón Portilla, Francisco Acín Gallego, Juan Meléndez Jiménez, Joaquín Rodríguez Solano, Enrique Gómez Rueda y Eduardo Fuentes Gómez de Salazar, el general de división José Villaroya Chueca y el teniente coronel Julián Soutuelo Pérez.

Baltasar Garzón solicitó la información en noviembre, tras conocer el testimonio del superviviente Víctor Melchor Basterra, que pasó cuatro años prisionero en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y que denunció que un oficial de la marina española había tomado parte en "los trabajos operativos" de aquélla.

El oficial al que se refería era Cristóbal Gil y Gil, que no figura en la lista del Ministerio de Defensa porque estuvo en Buenos Aires antes de 1979.

La presencia de oficiales españoles en la Argentina en esa época puede fortalecer a Garzón, que sostiene su competencia para juzgar los crímenes de la dictadura, y debilitar la postura del fiscal Pedro Rubira, que la cuestiona.

También podría abrir un nuevo capítulo en el juicio si miembros del servicio de inteligencia fueran interrogados sobre aquellos hechos.

Por Fernando Mas (Especial para La Nación )

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