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Una joya histórica de la ciudad, abandonada

Es sitio de interés cultural, pero tiene peligro de derrumbe

Jueves 19 de julio de 2007
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Abandonado, como si fuese un bien renovable o como si el pasado no importase. Esa es la sensación que transmite el mirador Comastri, declarado sitio de interés cultural de la ciudad pocos años antes de pasar al olvido.

Hoy, clausurado por peligro de derrumbe como resultado de la falta de mantenimiento y de las interminables gestiones frente al gobierno porteño, el edificio histórico se deteriora lentamente ante la mirada crítica de los vecinos que desde hace tres años reclaman su inmediata restauración.

En la esquina de Loyola y Bonpland, en Chacarita, en una superficie de un cuarto de manzana y en medio de un jardín de palmeras, la erosión de la gran casona de tres pisos contrasta con los vívidos recuerdos que evoca el lugar.

El edificio fue construido en 1875 a pedido de Agustín Comastri, un italiano que llegó de la región de la Toscana diez años antes.

Con el detalle único de una cúpula de metal y vidrio, desde donde en aquellos tiempos se podía contemplar la pampa, la residencia familiar se convirtió en un centro político y social que recibió a destacadas personalidades de la época.

Luego de la muerte de Agustín Comastri, los herederos vendieron la propiedad al Estado, que lo convirtió, años más tarde, en sede del actual colegio industrial Enrique Hermitte. Con la reforma educativa de los años noventa, la propiedad pasó a depender del Ministerio de Educación porteño.

En la manzana -delimitada por Loyola, Bonpland, Aguirre y Fitz Roy- se construyeron un edificio de poca altura, que alberga las aulas y las oficinas de la institución, un patio, un gimnasio y una cancha para practicar deportes.

El edificio original está muy dañado, sostenido por maderas y cubierto en algunas partes por un toldo verde que poco impide el paso del agua. En el interior reinan la oscuridad, el polvo y los agujeros.

Gestiones interminables

A fines de 2004 y luego de una frustrada iniciativa cuatro años antes, la Dirección de Infraestructura Escolar elaboró un nuevo proyecto. La licitación pública se abrió en mayo de 2006 y quedó desierta por falta de ofertas convenientes, según informaron a LA NACION en el Ministerio de Educación porteño.

Ese mismo año, y ante los numerosos y lentos trámites que rodeaban el futuro del edificio, nació Cuidemos al Mirador (CAM), una organización que agrupa a los vecinos de Villa Crespo y Chacarita y a los descendientes de la familia italiana.

En julio de 2006, CAM denunció el proyecto de la Dirección de Infraestructura por la falta de participación de especialistas. Exigió, además, la participación activa del Ministerio de Cultura para garantizar la calidad del proyecto.

Un año más tarde, el mirador Comastri sigue abandonado y en avanzado deterioro. "Ahora está todo trabado. Alertamos para que no se poden los árboles y por un posible derrumbe, pero pasaron las dos cosas", observa Raúl Comastri, tataranieto del creador del mirador, en referencia a la caída de parte del ala derecha del edificio. Y añade: "Ya no puedo pasar por la angustia que me genera".

La subsecretaria de Patrimonio Cultural, Nani Arias Incollá, considera que el edificio es un referente para el barrio. "Una vez restaurado por Educación, el uso se va a afectar a Cultura", dijo a LA NACION. Según dicen, la idea es abrirlo a la comunidad.

En la Subsecretaría de Coordinación y Acción Comunitaria del Ministerio de Educación, encargada de la restauración, manifiestan estar trabajando "en el apuntalamiento del mirador, consistente en un andamiaje octogonal". Aducen, además, que todavía se está gestionando el traspaso de la obra a la jurisdicción del Ministerio de Cultura.

Pero, con 132 años, y poco cuidado institucional, al mirador Comastri se le hace difícil esperar los tiempos burocráticos.

Por Nathalie Kantt De la Redacción de LA NACION

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