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Murió el gran humorista Fontanarrosa

Retrató con brillantez la realidad en dibujos y cuentos

Viernes 20 de julio de 2007
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Murió el humorista y escritor Roberto Fontanarrosa, el Negro, y en Rosario, su ciudad, las lágrimas destiñeron las risas.

Lo lloran su familia, sus amigos –los célebres y los de toda la vida–, sus colegas, sus lectores de aquí y de allá, los jóvenes que buscaban su autógrafo en cada ocasión pública. Lo lloran también sus vecinos, las amas de casa y los trabajadores de todas partes. Y los parroquianos del bar El Cairo, el histórico punto de encuentro con sus malas compañías, en palabras de su gran amigo Joan Manuel Serrat.

Lo lloran también las mujeres de su ciudad, cuya belleza siempre elogió, y los hinchas canallas, como se conoce a los seguidores de Rosario Central, del que fue un fanático.

Ayer, a los 62 años, a las 3 de la tarde, se fue Fontanarrosa, víctima de una esclerosis lateral amiotrófica que hace más de un año lo inmovilizó en una silla de ruedas. Sus restos fueron velados en la Cochería Bassi, a pedido de su familia, pese a que la intendencia rosarina ofreció el Palacio Municipal. Los suyos no quisieron flores en el velatorio, sino donaciones a entidades de bien público, como el Negro Fontanarrosa hubiera querido. Hoy al mediodía, sus restos serán inhumados en el Cementerio Parque de la Eternidad, de General Baigorria.

Humorista, dibujante y escritor con un ingeniosa mirada sobre la realidad, Fontanarrosa creó personajes memorables como el gaucho Inodoro Pereyra y Boogie el Aceitoso , tras su paso por el mundo publicitario.

Nació en 1944. Y cómo él mismo escribió en su website [ www.negrofontanarrosa.com.ar ] "era domingo y el parto fue normal, salvo por el detalle de que el bebe resultó negro y canalla". En su vida unió su pasión por el fútbol con el humor gráfico y la escritura, que plasmó en sus libros El mundo ha vivido equivocado , La mesa de los galanes , No sé si he sido claro , Nada del otro mundo , Los trenes matan a los autos , El mayor de mis defectos , El rey de la milonga y las novelas Best seller, El área 18 , La gansada y varias recopilaciones de sus historietas.

Decía de sí, con humor y sentido común: "De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro ".

Cuando sus amigos rescatan del Negro Fontanarrosa sobre todo su humildad y su completa ausencia de maldad, queda dicho que en su humanidad estuvo su mayor grandeza, más allá de su talento intuitivo para captar la cultura popular y esa espontánea naturalidad para hacer reír de manera ancha y franca a sus lectores.

Pese a no haber tenido una formación tradicional, sus obras alcanzaron el sitial de los escritores más populares y su matiz argentino y "futbolero" fue celebrado. Entre sus influencias reconocía a Oesterheld, Salgari, Jack London, Cortázar, Vargas Llosa, Borges, Hemingway, Capote, Mailer. A todos los había leído con devoción.

Recibió numerosos premios y distinciones. Hace una semana, Andreani emitió una oblea postal en su homenaje. Fiel a sí mismo, Fontanarrosa agradeció: "Es raro aparecer en una estampilla, reservada habitualmente a los próceres. En cuanto a la posteridad... es relativa. Durará lo que dure el pegamento".

En 2004, el escritor intervino en el III Congreso Internacional de la Lengua Española y dedicó su exposición a las malas palabras, con una broma dedicada al moderador, José Claudio Escribano: "Se nota que esta mesa es polémica porque es la única a la que le han asignado un escribano para que controle lo que se dice en ella". Y arremetió: "¿Por qué son malas las palabras? ¿Acaso les pegan a las buenas o son de mala calidad? ¿Se deterioran cuando uno las pronuncia o tienen actitudes reñidas con la moral?"

Sobre el final de una intervención celebrada, Fontanarrosa dijo: "Pido una amnistía para las malas palabras e integrémoslas al lenguaje porque las vamos a necesitar".

En enero de 2006 hizo estallar de emoción y aplausos el Teatro Heredia, de Cartagena de Indias, cuando las celebridades asistentes al Hay Festival de Literatura -entre quienes se contaron Gabriel García Márquez, el británico Hanif Kureishi, los españoles Enrique Vila Matas y Fernando Savater y el argentino Edgardo Cozarinsky-, lo eligieron como el mejor entre todos ellos.

Conmocionado, el Negro Fontanarrosa, dijo entonces: "Muchas gracias... en nombre del pueblo argentino. Seguro que en Rosario habrá fiesta en las calles". Y su ciudad le rindió un tributo digno de un héroe, vencedor de toda adversidad.

Así será por siempre.

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