A boca de jarro
"Somos parte del problema, pero también de la solución"
Joaquín Fargas
En un rincón del estudio hay un enorme insecto negro, con patas muy largas de alambre y el cuerpo formado por un panel solar. "Es un mosquito solar, un robot que integró una muestra que se denominó, precisamente, El Zoo solar. Había otros animales que, al acumular energía, comenzaban a moverse iniciando una danza extraña. El más exitoso fue una oruga, y el mensaje era mostrar que el sol es la principal fuente de vida en la Tierra", explica el ingeniero y artista plástico Joaquín Fargas. Autor, además, de proyectos como Sunflower; Biosfera, la ropa interactiva o el abrazo virtual, entre otros.
"Soy el menor de seis hermanos, y desde muy chico me acostumbré a soñar y tratar de realizar mis sueños escondido en algún rincón del enorme caserón que era mi casa. Mi padre era constructor, pero de escritorio, nunca tocó una herramienta. Por eso se sorprendió cuando, a los 10 años, le pedí que me regalara herramientas. Pero no de juguete, sino de ésas que no se rompen, le aclaré. Me regaló un serrucho, un martillo y una pinza. ¡Espero que no los tengas que usar nunca!, aclaró. Tal vez por llevarle la contra a mi padre fui (soy) un notable trabajador manual. Tengo una empresa y sé usar todas la herramientas a la par de mis operarios", continúa.
Sus experiencias habían comenzado un año antes: "En aquella época no había pilas recargables. Entonces hice un análisis lógico: si la energía podía salir de una pila, también tendría que poder volver. Entonces intenté cargar una pila con una corriente de 220 voltios. Estalló la instalación de la casa y yo me salvé de milagro. Mi próximo experimento importante fue intentar hacer un arma de fuego con un caño de antena de televisión y un percutor hecho con los restos de un picaporte de puerta. ¡Por suerte no funcionó!
–¿Qué es Sunflower?
–Una flor solar de cinco metros, una escultura, que es al mismo tiempo estación meteorológica, y testigo ocular y virtual. Abre sus pétalos al amanecer y sigue los movimientos del sol. Los pétalos son paneles solares que generan la electricidad necesaria durante el día para recoger información, y para su iluminación nocturna. Monitorea la polución del aire, radiación y temperatura. Posee tres cámaras: la primera captura imágenes del paisaje; la segunda, el Sol, mediante una cámara telescópica, y la tercera capta imágenes de la flor misma. Sunflower (girasol) cumple un rol social importante: es un centinela del cambio climático, que es uno de los grandes problemas actuales. Instalamos la primera en Ushuaia durante la reciente Bienal del Fin del Mundo; el proyecto es instalar la próxima en Canadá, y luego continuaremos hasta crear una red de estaciones Sunflower.
–¿Las bioesferas?
–Son esferas de acrílico herméticamente cerradas, que en su interior contienen un ecosistema con agua, plantas, microorganismos, elementos básicos para la vida. Las hemos hecho en distintos tamaños y en diferentes encuentros hemos repartido unas 700 a empresarios, periodistas, intelectuales, etcétera. Al recibirla, uno asume la responsabilidad de cuidarla. El ecosistema necesita la energía solar para desarrollarse y subsistir; bien cuidado, está programado para durar unos dos años. Significa que todos somos responsables del cuidado de nuestro hogar: el planeta Tierra.
–¿Qué podemos hacer?
–Cuando hablamos de contaminación pensamos en grandes establecimientos industriales, larguísimas chimeneas que apuntan hacia el cielo lanzando humo negro, empresas que arrojan residuos contaminantes a los ríos, etcétera. Es un imaginario muy conocido. ¿Y nosotros? ¿Somos testigos inocentes de todos estos procesos? ¿Quiénes son los consumidores de los productos que elaboran las industrias contaminantes? Nosotros, claro. Entonces tenemos que ser responsables, confiar en nuestras convicciones y hacer algo. No importa qué, debemos comprender que, como contaminamos, somos parte del problema, pero también de la solución. Esa es la enseñanza de las bioesferas.
–¿Qué es la ropa interactiva?
–La idea fue crear ropa que sea como una segunda conciencia. Imagine que llega a un lugar por primera vez. No conoce a nadie y usted es particularmente tímido. Pero tiene un chaleco que cuando se acerca alguien lo saluda afectuosamente: "¡Hola, bienvenido!" Ese chaleco existe, está hecho con fibras ópticas, iodos luminosos y un láser. En realidad, es el comienzo de todo un proyecto que incluye prendas que pueden dialogar entre sí y tomar decisiones. Por ejemplo, aconsejarle sobre lo que debe ponerse según el día, la temperatura, compromisos a los que debe asistir, etcétera. En esa línea, el proyecto es todavía más ambicioso y hemos desarrollado prendas que pueden compensar carencias físicas. Por ejemplo, un camperón que puede reforzar su debilidad muscular. Es teóricamente posible, falta hacerlo nada más. .
Luis Aubele