En Santa Fe
El desafío de ir a clases y evitar los tiroteos
Por José E. Bordón
Corresponsal de LA NACION
SANTA FE.– “Cuando hay tiroteos, no salimos de la casa. Nos metemos debajo de la cama. Vamos gateando, llamamos a los hermanos y esperamos a que un mayor nos diga que todo terminó y que no hay peligro.” Este es el texto de las instrucciones escritas que recibieron los 600 alumnos de una escuela para evitar que los hirieran o mataran al quedar atrapados en medio de los enfrentamientos armados entre bandas rivales que dominan el barrio.
“Algo teníamos que hacer. Lo que pasa en el barrio es terrible, y es la realidad”, afirma Olga Arancibia, maestra de la Escuela Nº 95 Simón de Iriondo, del distrito Alto Verde, una isla situada frente al puerto de esta capital, que tiene unos 18.000 pobladores.
Arancibia es una de las iniciadoras del camino de divulgación que se comenta en esta capital como si recién despertara en la comunidad un fenómeno que no sólo se repite, sino que se acrecienta, desde hace una década: enfrentamientos armados que se multiplican y no cesan; balas que pueden alcanzar a cualquiera. Y que hieren y matan.
La policía, agente de prevención, dice no desconocer el problema. "Lo que sucede en Alto Verde no es nuevo, ni para nosotros ni para la población. Con la Unidad Regional I estamos trabajando en medidas que contribuyan a brindar seguridad en la zona. En las últimas semanas se trabajó en la identificación de las bandas que operan en ese distrito y se practicaron varias detenciones. Insisto, no es un problema nuevo, pero tampoco dejamos de preocuparnos por lo que allí sucede", aseguró a LA NACION el jefe de la policía provincial, comisario Gabriel Legstra.
Las familias, obviamente, tampoco dejan de preocuparse. Raúl Mendoza, padre de uno de los alumnos que recibió las indicaciones docentes sobre cómo comportarse ante un tiroteo, se mostró de acuerdo con la medida. "Nosotros siempre comentamos en familia lo que está sucediendo, pero a los chicos, si se los dice la maestra, parece que es mejor. Sin embargo, esto no es la solución, que está en desarmar a las bandas y detener a los que sólo están interesados en cometer delitos", opinó.
Según informes policiales, en esta capital se producen entre cinco y siete hechos delictivos por día. Los tiroteos entre bandas, y entre éstas y la policía, son frecuentes en Alto Verde, un distrito de esta ciudad en el que, en lo que va del año, fueron denunciados más de 40 hechos de violencia. Las propias autoridades policiales admiten que un número similar de robos con agresión física no son denunciados, por lo que no están sumados a la estadística oficial.
Según el cuerpo de docentes de la escuela Simón de Iriondo, la idea de los carteles surgió a partir de los relatos de los alumnos de los primeros grados de la escuela sobre los constantes tiroteos que se registraban en la zona.
Acicateadas por la necesidad de concretar la iniciativa, solicitaron autorización a las autoridades del establecimiento y, luego, difundieron el instructivo con los consejos en cada una de las aulas, además de incluir charlas sobre el tema en las clases.
Arancibia, como el resto de los maestros, aseguró que "es común escuchar las balaceras. Por ello, muchos padres llevan tarde a los chicos en el turno mañana y los retiran antes en el turno tarde, ya que los enfrentamientos comienzan al atardecer y finalizan al amanecer", apuntó.
"Disparos todo el tiempo"
La vicedirectora del establecimiento, Alicia Lereis, también fue gráfica al justificar la acción emprendida. "Escuchamos disparos todo el tiempo. Eso es continuo. Es más: el otro día, mientras estábamos en una reunión de maestros, se desató un tiroteo muy cerca de la escuela; de haber salido nosotros una hora antes, nos agarraba [la balacera] en la calle", aseguró.
La frase más escuchada en la propia comunidad educativa es: "Gracias a Dios hasta ahora no pasó nada grave con los alumnos".
El resto de los maestros comparte la idea de esta prédica aleccionadora. "Tuvimos que acostumbrar a los chicos a esto y es por eso que hace unos años comenzamos una campaña por mayor seguridad. Nunca nos escucharon. El gobierno prometió seguridad, pero no mandó a nadie", fue la queja generalizada.
Según los docentes, se necesitan efectivos policiales para custodiar el ingreso y el egreso de alumnos y docentes, lo que contribuiría a frenar la violencia desatada en el distrito, casi una postal de lo que ocurre en diferentes barrios alejados del centro de la ciudad capital.
Al conocer la denuncia, LA NACION buscó la respuesta oficial. Dijo la titular de la Regional IV de Educación, con jurisdicción en Alto Verde, Liliana Fassanelli: "Lo que estamos haciendo es tratar de asistir a las instituciones educativas para que trabajen la cuestión en forma de contenidos transversales a la seguridad. Trabajamos también con supervisores y con los equipos técnicos que tenemos en la regional". .
