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Dólar a $ 3,17, en el peor día financiero de la era Kirchner

Se acentuó la venta de bonos argentinos, lo que dio más impulso a la suba del tipo de cambio

Miércoles 25 de julio de 2007
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LA NACION
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Una marcada corrida contra los bonos argentinos, que era visible desde hacía varias días pero se intensificó ayer, apuntaló otro aumento de 3 centavos en la cotización del dólar, que se terminó ofreciendo al público a $ 3,17, su mayor precio desde el 10 de marzo de 2003. Analistas y operadores no dudaron en catalogar la de ayer como la peor jornada financiera en tiempos de la administración Kirchner.

De hecho, fue la primera vez en más de cuatro años que subieron en paralelo el dólar y las tasas de interés (los préstamos entre bancos llegaron a operarse al 10,75% anual), "lo que habla de inversores demandando pesos para pasarse a dólares en operaciones de cobertura financiera; liquidando básicamente bonos en pesos para comprar dólares billete", explicó el economista y consultor Miguel Kiguel.

Al mal clima doméstico se sumó la presión de una generalizada ola de ventas de activos financieros considerados "de riesgo" (acciones en general y bonos de países emergentes, en particular) que llevó el riesgo de este tipo de mercados a su máximo en cuatro meses y causó la baja más profunda en Wall Street desde que, en marzo, la caída de la Bolsa china, combinada con el temor a una recesión en Estados Unidos, hizo a los grandes inversores visualizar un posible cambio en el ciclo económico positivo global por primera vez en cinco años.

Como venía ocurriendo en los últimos días, la baja se profundizó entre los activos locales. "Creo que el débil resultado fiscal de junio, junto con la posibilidad de una baja en la alícuota del impuesto a las ganancias para la cuarta categoría y los crecientes subsidios energéticos, disparó la percepción de que la principal ancla de la administración Kirchner, el superávit fiscal, se está contrayendo aceleradamente", interpretó Juan Arranz, analista del Santander-Río. Se refería a uno de los pocos activos que el Gobierno puede mostrar ante la comunidad financiera internacional, más aún luego de haber quedado bajo sospecha por el manejo del índice inflacionario que ajusta el valor de algunos bonos argentinos.

El salto en la plaza local fue elocuente:

l Los títulos públicos más líquidos (los que concentran más negocios a diario) cayeron hasta un 4% en las plazas bursátil y extrabursátil. El desarme de carteras fue tal que arrastró incluso a la unidad atada al PBI, una inversión que permanecía indemne gracias al crecimiento de la economía y que ayer se desvalorizó 9,5% en el Mercado Abierto Electrónico (MAE). Además provocó un nuevo salto en la tasa de riesgo país, que tocó los 390 puntos, para cerrar en 381 y ubicarse en su máximo nivel desde junio de 2006.

l El precio del dólar escaló 0,9%, su mayor alza para una jornada en cuatro años, al subir de 3,14 a 3,17 pesos, lo que activó la hasta aquí adormecida demanda minorista. "Es paradójico, pero aquí siempre la gente compra más cuando el dólar sube, lo que muestra que sigue siendo un tema que despierta sensibilidad", apuntó Leonardo Echegoyen, del Banco Piano.

l La liquidación de posiciones ayer salpicó incluso a las acciones argentinas, que venían siendo favorecidas hasta ahora por el traspaso (arbitraje) de papeles públicos a otros privados, lo que se había reflejado anteayer en un nuevo récord del índice Merval. Pero ayer la tendencia cambió, en sintonía con las principales bolsas extranjeras, lo que hizo perder 2,70% a la plaza porteña.

La presión alcista del dólar convenció al Banco Central (BCRA) de pasar a un discreto segundo plano: no compró divisas en el mercado físico, como era usual y lo había hecho incluso anteayer con la divisa ya en alza, y hasta vendió contratos en el mercado de futuros por vencer a fin de mes a $ 3,165, pese a que el precio final de esa posición en el Rofex fue de $ 3,1730. Esta fue la primera señal de que no convalidaría mayores subas, por lo menos hasta ese nivel.

Cambio "flotante"

"Si hubiéramos vendido dólares físicos, como algunos pretendían, se podría haber interpretado que defendemos un tipo de cambio a $ 3,10, que era precisamente lo que nos criticaban. Lo que pretendemos es que los inversores que jugaron a hacer diferencia en pesos antes de pasarse a un dólar estable entiendan que la Argentina tiene un tipo de cambio flotante", dijeron ayer a LA NACION desde el BCRA justificando su accionar.

En el mercado descuentan que el cambio de tendencia en la plaza cambiaria local (que por la actividad interventora del BCRA y la definición oficial en torno de un dólar alto como política de Estado se acostumbró a ir a contramano de la tendencia mundial) es temporal y, en todo caso, sólo marca un llamado de atención.

La volatilidad cambiaria, tras un extendida temporada con dólar casi fijo, se activó por la sistemática venta de papeles argentinos que también se operan en Nueva York para sacar divisas del país. Sobre esa ola parece haberse montado el Gobierno para impulsar una corrección alcista del tipo de cambio, siempre funcional a sus intereses de recibir más ingresos fiscales vía retenciones a las exportaciones. Pero nadie cree que facilite un ajuste tal que pueda sumar mayor presión inflacionaria sobre los precios, que ya crujen por la fortaleza de la demanda frente a una oferta que no logra seguirle el ritmo, menos aún con las elecciones a la vista.

Desde el BCRA convalidaron esa idea. "No aceptaremos un dólar que ponga presión sobre los precios", dijeron, aunque se cuidaron de no traducir ese concepto en un valor. Apenas aclararon que el nivel que el billete alcanzó ayer "no trae problemas en ese sentido".

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