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Desde el jardín

Cuidados para las begonias

Suplemento Countries

Por Cristina L. de Bugatti
Para LA NACION

Hablar de begonias es meterse en un mar de imprecisiones. La servicial Enciclopedia de Agricultura y Jardinería propone un ordenamiento clarificador, pero poco aplicable para sencillas jardineras. Con la salvedad de que a todas las begonias las perjudican los fríos excesivos, también ellas -no todas son muy buenas plantas de jardín- quieren suelos húmedos y que no las hiera el sol. La más popular y resistente es la Begonia serpenflorens, la familiar flor de azúcar, originaria del sur de Brasil y hasta de nuestra Mesopotamia. Su densa mata de follaje verde o morado, su profusa y continua floración, su condición de perenne, le han dado un lugar frecuente en borduras, canteros y macetas. Se reproduce por semillas, gajos o división de la mata. Se han obtenido híbridos, con flores más grandes. La Begonia rex, asiática, de raíz rizomatosa, se cultiva en maceta y en interiores, y de ella derivan infinidad de híbridos. Las grandes hojas de largos tallos presentan como base una coloración gris plateada, con franjas o partes del limbo de tonalidades increíbles. Quiere riego moderado, pero a cambio humedad ambiental y mucha luminosidad. Produce flores rosadas, de poco valor. La reproducción doméstica es más experimental que práctica: consiste en apoyar una hoja sobre sustrato húmedo y hacer cortes en las nervaduras donde, con suerte, se formarán nuevas plántulas. Otras especies rizomatosas son más difíciles de identificar. Puedo recordar una bonita planta cultivada en el jardín, baja, con hojas brillantes, arriñonadas, a la que llamábamos corazón de estudiante . Daba altos tallos florales con racimos de flores rosadas, y se reproducía con gajos de su grueso tallo. Las begonias tuberosas, que aparecen en primavera en los viveros, son originarias de Bolivia. Como su nombre lo indica, se reproducen por bulbos. Su espléndida floración no dura mucho. La especie tuberhíbrida, derivada de aquéllas, produce ejemplares más grandes, y floración más variada y durable. Las de raíz fibrosa, cuyos tallos pueden superar el metro de altura, han sido cultivadas en jardines abrigados: la forma de las hojas, con manchas blanquecinas o plateadas, les valió el nombre de alas de ángel, y las flores, blancas, rosadas o rojas, formaban racimos colgantes. Hablo en pasado porque casi no se las ve más. Y eso que era tan fácil pedir un gajo... ¡y que brotara!

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