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La violencia que puede provocar la violencia

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LA NACION
Viernes 27 de julio de 2007
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Monos con navaja. De Luis Sáenz. Dirección: Roberto Peloni. Con Marcelo Schnaider, Jorge Almada, Emmanuel Robredo Ortiz, Diego Corán Oria y Tamara Alamprese. En La Ratonera Cultural, Corrientes 5552, 4857-2193. Sábados, a las 21. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: muy buena

Hace seis años se estrenó esta obra de Luis Sáenz en una interesante puesta de Justo Gisbert, en el momento exacto: secuestros, asaltos y una inseguridad que crecía en forma alarmante. Bueno, hoy en día no queda anacrónica, lamentablemente.

Todo aquí ocurre en el momento en que un joven entra en una panadería para comprar churros. La atiende un personaje como salido de una película de Tobe Hooper y, enseguida, aparecen sus dos hijos, cortados por la misma tijera. Fueron asaltados 60 veces, entonces ven una amenaza en cualquiera que entre al negocio. De este modo, el joven es tomado prisionero y se crea una situación tan violenta como absurda en donde el autor deja plasmadas muchas preguntas sociales sin respuesta. Monos con navaja cuenta con el humor necesario como para que semejante sadismo y violencia que se ve en escena no repercuta demasiado en los nervios del espectador. Aunque, logra crispar y sobresaltar en muchos momentos.

Alamprese y Schnaider
Alamprese y Schnaider.

El hombre y sus "sacados" hijos torturan al joven y lo someten a lo que ellos creen que podrían ser sometidos si un asaltante-invasor entra en el territorio de su panadería. Pero la historia, como la realidad, tiene giros: todos pueden ser sospechosos en un país violento y corrompido.

Roberto Peloni consigue meter al espectador en el sombrío mundo de estos seres desde el momento en que entra en la pequeña (y fría) sala de La Ratonera Cultural. Algunos efectos especiales, una ambientación lumínica acorde y una puesta escénica pulcra. A su vez, es un buen provocador, pero en función de la obra, no de su regodeo personal. En la dirección de actores, Peloni encontró una línea intermedia entre el grotesco y el realismo, y puso acentos en la imagen.

Contó con actores dúctiles que entendieron muy bien su propuesta y la del autor. Jorge Almada, como el panadero, hace una caricatura de límites bien marcados; Diego Corán Oria y Emmanuel Robredo Ortiz, componen a unos hijos de trazo grueso, mientras que Tamara Alamprese hace una intervención de peso y Marcelo Schnaider, como la víctima, le da a su personaje los matices necesarios como para convertirse en el centro de la escena en varias oportunidades.

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