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Automovilismo | Turismo Carretera

No faltó el accidente tan temido, pero sin lamentos

Deportiva

Angustia cuando el Ford de Robbiani golpeó contra el paredón; se incendió y lo chocaron; no hubo lastimados

RAFAELA (De un enviado especial).- Era la vuelta tres de la final, y todo estaba bien; viernes, sábado y lo que iba del domingo sin problemas, sin sustos. Pero uno nunca puede confiarse en Rafaela hasta el sacudón de la bandera cuadriculada. La chicana que ahora es la Nº 2 (antes era la 3) siempre fue de temer y, aun modificada este año, sigue inspirando considerable respeto, cuando no algo más. En la salida de esa variante, a Mathis Nolesi se le descontroló su Ford y golpeó al de Ariel Robbiani, que venía por la izquierda. Este quedó de espalda al sentido de circulación y se desplazó contra el peralte hasta dar con el paredón.

El impacto fue a bastante velocidad, pero se presumía que no como para lastimar seriamente al piloto. Hasta que, con mucha nafta derramada en el asfalto, el costado derecho del Falcon quedó en llamas. Y, al menos por TV, no se veía que Robbiani saliera del coche. Para colmo, otros autos chocaban de rebote al incendiado, como el Ford de Mariano Juan, que voló empujado por el Chevrolet de Sergio Alaux.

Fuego, hierros abollados y humo conformaron un escenario tétrico, hasta que se divisó a Robbiani fuera del coche, caminando bien. Incluso Rodolfo Balinotti, responsable médico de TC, temió algo muy grave al acceder al lugar y ver el fuego y no a Robbiani fuera del auto. Pero a calma general llegó pronto, vía televisiva y radial, a las, según la organización, 35.000 personas que asistían a la 10» fecha de TC. "Quédense tranquilos; no pasó nada. Fue un accidente de carrera y no me duele más que el golpe de los cinturones de seguridad. Lo único que lamento es cómo quedó el auto", aclaró el protagonista central desde el hospital móvil que la categoría lleva a cada autódromo. El Falcon casi carbonizado, resultaba un precio muy bajo para tamaño accidente.

La competencia estuvo neutralizada cuatro vueltas hasta que los auxiliares de pista limpiaron la pista. "Cuando hay un accidente importante, pido a mi equipo que no me diga por radio cuál fue la gravedad, porque puedo llegar a ponerme muy mal", contaba anteayer, un día antes del accidente, Matías Rossi, al que le tocó ganar en Comodoro Rivadavia cuando murió Guillermo Castellanos. "Esta vez, cuando pasábamos por la zona del choque, los banderilleros nos levantaban los pulgares, así que nos quedamos tranquilos", narró el piloto que marchaba primero.

Las velocidades, superiores a 200 km/h, y la pared que limita a la derecha el trazado hacen de la de Rafaela una carrera tan electrizante como riesgosa. Nunca falta en este circuito -más que en cualquier otro escenario- cierta dosis de intranquilidad; de miedo, directamente, en algunos casos. Y los antecedentes no ayudan: en ese mismo sector, Emanuel Moriatis se dio un tremendo golpe en el 2004, y el año último sucedió lo peor: Gabriel Noya y Alberto Miller, corredor y acompañante de TC Pista, fallecieron. Sus colegas de Turismo Carretera decidieron no correr la final mayor de ese domingo.

Superado el momento de zozobra de ayer, algunos protagonistas consultados sobre las modificaciones hechas por seguridad en el circuito fueron, sin embargo, elogiosos. Ernesto Bessone, por ejemplo, señaló que la variante le parecía "segura". "Si pasa algo es culpa nuestra, por pasarnos en la frenada", opinaba ante encargados de la organización.

  • Fuego en el estacionamiento
    En el estacionamiento, el VW Polo de un espectador sufrió fuego cuando se extendió el foco ígneo de un asado cercano, sin víctimas. Una persona fue asistida en el hospital móvil de la categoría tras caer de una estructura.
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