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El poeta beat

Viernes 03 de agosto de 2007
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LA NACION
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Quienes lo vieron en acción aseguran que puede trabajar una línea durante semanas.Y que no deja palabra librada al azar. Esa obsesión por encontrar el verso preciso, la palabra adecuada, el ritmo necesario es tarea de un poeta. Y Leonard Cohen es poeta. También hace canciones y publicó algunas novelas, pero su oficio es el de poeta. Que sea conocido como el cantautor áspero y dolido que tuvo una sorprendente repercusión con "Suzanne" y otras melodías no menos desafiantes, no cambia las cosas. Leonard Cohen es poeta; una de las voces más inquietantes de las últimas décadas.

Minimalista, excesivo, irónico o de una ternura tan ácida como inocente, y siempre provocador, el canadiense atraído por los autores beatniks se fue de su Montreal de origen (nació en 1934) en busca de la aventura poética primero por Europa (vivió un tiempo en Londres y más tarde en Grecia), para luego instalarse en Nueva York y, más cerca de nuestro tiempo, en Los Angeles. Mientras tanto, escribió varios libros de poesía: Comparemos mitologías (1956), La caja de especias de la tierra (1961), Flores para Hitler (1964) y Parásitos del paraíso (1966), y un par de novelas: El juego favorito (1963) y Hermosos perdedores (1966). Con esta última, Cohen ganó fieles seguidores. Su historia intimista sobre fracasados marcó un hito.

* * *

Pero un día el poeta llegó a Nueva York con una nueva propuesta. Sus poemas sobre el amor, el deseo, la soledad, la guerra, la política habían encontrado una nueva estructura. Y entonces todo cambió, porque la palabra se potenció y llegó a lugares donde los libros de poemas no llegan, simplemente, porque la gente no lee poesía.

Llegaron sus canciones. En ellas, Cohen profundiza en sus temas favoritos: el amor, el fracaso, la política, la religión, el sexo, las relaciones humanas. Y lo hace con una exactitud poética implacable, a partir de cierta estructura de canción folk interpretada por un hombre dolido y un poco resentido. En fin, un artista peligroso que en cualquier momento puede burlarse de sí mismo (y de los demás, claro). Y su primer gesto fue "Suzanne", su canción símbolo, con la que debutó en la industria discográfica y sorprendió a un público ávido de nuevos lenguajes estéticos.

Las letras de las canciones de Cohen no son mejores que los poemas impresos en sus libros. Ni peores. La diferencia está en esa acción tal vez mágica que logra la música. Songs of Leonard Cohen (1967), Songs from a Room (1969) y Songs of Love and Hate (1971) son sus tres primeros discos. En ellos se concentra el potencial poético y expresivo del cantautor. Desde sus canciones se ganó la admiración de gente como Bono, Jeff Buckey, Kurt Cobain o Nick Cave. A cuarenta años de "Suzanne", se reeditaron esos primeros trabajos fundamentales. Un acto de justicia para con el poeta.

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