Desde mañana, en el Goethe
Ciclo de nuevos dramaturgos
Lo abre una obra de Armin Petras, dirigida por Lautaro Vilo
Por Alejandro Cruz | LA NACION
El alemán Armin Petras es director de escena, dramaturgo y director artístico del Teatro Máximo Gorki, unas de las cinco salas estatales de la pujante Berlín. En 2003, fue galardonado con el premio al dramaturgo más importante de Alemania y mañana, una obra suya, abre el Ciclo de Nueva Dramaturgia que tendrá lugar en el Instituto Goethe. Pero antes de avanzar, habría que aclarar que no es Armin Petras el dramaturgo premiado sino un tal Fritz Kater (o sea, su seudónimo).
La cosa no es tan fácil de entender. Petras trata a Kater como si estuviera vivo (seguramente para él lo está). De hecho, "yo nací en 1964 y Kater, en 1966. Actualmente él está casado, tiene tres hijos y trabaja en una empresa de diseño computacional", dijo en un reportaje publicado en Santiago, Chile durante su primer viaje a estas latitudes. "Kater escribe una obra por año y me la manda por correo", se explaya ahora en el bar de un hotel.
-¿Te la envía por correo o por mail?
-No, por correo. Por mi parte, adapto una obra por año y el resto me lo dedico a dirigir unos tres o cuatro espectáculos. En la obra que se presentará acá figuro como coautor, pero simplemente adapté algo que me contó el actor Thomas Lawinky sobre su pasado como colaborador forzado de la policía secreta de la ex República Democrática Alemana.
-La construcción de un personaje, el tal Karter, ¿te ayuda al proceso creativo?
-Karter es muy importante para mí. Yo suelo preguntarme por qué vivo, cómo vivo y muchas veces Karter me da las respuestas.
De ese modo evita hablar de Karter como una construcción de su imaginario. En realidad, evita la respuesta directa. Así es Armin Petras, el coautor de Cuando gritábamos , la obra que con puesta de Lautaro Vilo mañana abrirá este ciclo de semimontado que el Goethe organiza junto a la Alianza Francesa, las embajada de Francia y Suiza, y Pro Helvetia.
En la vida de Armin Petras el teatro ocupa un lugar fundamental. Pero esa marca no vino de fábrica ni tiene que ver con influencias familiares, se fue gestando a lo largo de un proceso bastante particular. "Mi llegada al teatro es una casualidad -dice a horas de haber llegado-. Yo quería ser médico y escritor. Cuando era chico lo único que hacía era jugar al fútbol y leer obras de Tolstoi y Dostoievski, justamente escritores que fueron médicos. Ahí creo que fue madurando la idea."
Durante su paso por la armada de la ex Alemania del Este, Armin Petras trabajó en la biblioteca. Allí conoció a estudiantes de teatro con los que entabló diálogo y producto de ese vínculo -y de cierto entusiasmo juvenil- terminó dirigiéndolos en una obra. Ese montaje fue prohibido. No sólo eso, Petras terminó en prisión. "¿Cómo llegué acá?", cuenta que se preguntó varias veces mientras estaba en su celda. Parece ser que el contenido pacifista de la obra era algo intolerable para la gente del ejército, pero de eso se dio cuenta después del estreno.
Máquina teatro
Salió de prisión con la idea fija de ser médico pero, como debía esperar como dos años para iniciar los estudios universitarios, se postuló para la carrera de dirección teatral. Por esa serie de motivos justifica que su llegada al teatro es un hecho casual. Su primer montaje en su Alemania del Este natal fue Máquina Hamlet , el maravilloso texto de Heiner Müller, que fue también fue prohibido. Luego hizo teatro de títeres pero también tuvo problemas.
-¿Las presiones, la censura y hasta la cárcel te ayudaron a definir un camino?
-Sí. Cuando vivía en el lado del Este cada dos años me echaban de la sala en la que estaba trabajando. En 1988 me mudo al Oeste y en el 92, cuando me emplearon por primera vez en un teatro estatal, en medio de la función de estreno la mitad de la sala quedó vacía. Al finalizar la función, el director del teatro me dijo que podía seguir trabajando pero en las salas de ensayo.
Así fue como una persona con antecedentes poco confiables para el llamado establishment teatral terminó siendo director del Teatro Máximo Gorki. "Es un tanto contradictorio, cierto -reconoce-. Yo trato de equilibrar la cosa contratando a otros directores que llegan a un público más amplio. Y si bien parece ser que no me llevo bien con todo el público, me llevo bien con los actores y eso está bueno."
El perfil del Gorki se rige según dos criterios rectores. "Somos un teatro municipal, en el sentido de hacer teatro para todos los ciudadanos sin importar la edad y la clase social, y, por otro lado, convocamos a autores y a directores jóvenes. La prensa alemana dice que hacemos un teatro político aunque para mí es normal preocuparme por los temas del momento", dice este teatrista de 43 años.
Las cosas parecen funcionar en la sala. Por lo pronto, durante su primer año de gestión se aumentó el número de espectadores en 8 mil personas llegando a las 90 mil personas por año. "Yo creo que eso se debe a que los berlineses son muy curiosos -acota casi con cierta modestia-. Pero no soy como Frank Castorf, director de la Volksbühne; o Thomas Ostermeier, de la Schabühne [las dos salas estatales más activas de la activa ciudad de Berlín]. Ellos tienen más personalidad de jefes y yo estoy más concentrado en mi gente, en mi grupo de trabajo."
Las entradas son gratuitas y se pueden retirar dos por persona, desde una hora antes de cada función.
Programación
- Mañana y pasado, a las 20, Cuando gritábamos (Alemania), de Armin Petras y Thomas Lawinky según puesta de Lautaro Vilo. En el Goethe, Corrientes 319 (luego de las funciones, el autor participará de una charla).
- Lunes 13 y martes 14, a las 20, Salvajes, hombre de ojos tristes (Suiza), de Händl Klaus según puesta de Santiago Gobernori. En el Goethe, Corrientes 319.
- Martes 21 y miércoles 22, a las 20, Un hombre en quiebra (Francia), de David Lescot según puesta de Julio Molina. En la Alianza, Córdoba 946.
- Lunes 27 y martes 28, a las 20, Mi joven corazón idiota (Alemania) de Anja Hilling según puesta de Gonzalo Martínez. En el Goethe, Corrientes 319.
- Lunes 3 y martes 4 de septiembre, a las 20, Ciego de noche (Suiza) según puesta de Romina Paula. En el Goethe, Corrientes 319.
