Ultima página | María Fux
"Sólo produzco cambios que mejoran la existencia"
No puede disimular su alegría. Acaba de publicar Ser danzaterapeuta hoy , su sexto libro, y el último fin de semana, en el Teatro San Martín, revivió una experiencia que había organizado 35 años atrás: "Brindar a los padres y a sus hijos un espectáculo de danza sin payasos ni objetos de plástico, sin caras pintadas, tan sólo un encuentro con aquello que no se puede comprar. Por ejemplo, ¿se puede viajar en una gota de agua? ¿O qué puede pasar si los dedos gordos nos miran?", ríe María Fux. Pero no son las únicas causas: acaba de recibir un sobre blanco y alargado con el membrete de la Academia Nacional de Bellas Artes en el que se le comunica que el 27 de septiembre, junto con el poeta y crítico de arte Rafael Squirru, le entregarán el Premio Gratia Artis, que la Academia otorga a quienes se han consagrado a la creación y el apoyo del arte.
María Fux es bailarina, coreógrafa y danzaterapeuta. Comenzó sus estudios de danza clásica a los 13 años con la bailarina rusa Ekatherina de Galantha, de quien recuerda que, para bailar, se adornaba la cabeza con flores como si se preparara para una fiesta. "Dos años más tarde cayó en mis manos el libro Mi vida , de Isadora Duncan, que cambió para siempre mi visión de la danza. Continué con Ekatherina hasta los 20 años y después comencé a buscar un maestro que me revelara otros caminos. Viajé a Estados Unidos y así llegué al estudio de la gran Martha Graham, con la que trabajé duramente un año. Un día, y después de verme bailar durante una hora, me dijo: "María, ya eres una artista, no busques maestros fuera de ti, tu maestra es la vida, vuelve a la Argentina", recuerda.
-¿Qué es la danzaterapia?
-El nombre se lo debo a Lía Lerner, una querida amiga psicóloga. Es un método que produce cambios para lograr una mejor calidad de vida en gente con problemas; sordera, síndrome de Down, estrés, no importa la edad. La idea es que la danza, el movimiento, logra activar zonas dormidas o conflictivas de todo nuestro cuerpo, transformándolo no sólo en lo físico, sino también en lo mental y espiritual. Porque cuando bailamos expresamos no sólo belleza, sino también miedos, rabia, angustia, dolor. Cada uno de estos estados es un personaje que vive dentro de nosotros y que quiere expresarse, pero nos resistimos a que se muestre. Y es a través de la danza, más que de la palabra, como logran encontrar una salida. Las principales barreras que el danzaterapeuta encuentra en su tarea son los límites que el alumno, consciente o inconscientemente, ha creado en él: los temidos no puedo . La danzaterapia trata de transformar esos no puedo en ¡sí puedo! Pero para comprender mejor mi propuesta quisiera aclarar algunas cosas.
-¿Por ejemplo?
-Soy una artista, yo no curo, no soy médica, sólo produzco cambios que mejoran la existencia. Tampoco enseño, todo lo que hago es transmitir mis experiencias. Experiencias que siempre son nuevas, porque en la vida nada se repite. Las cosas pueden tener un parecido, pero en el fondo siempre son novedosas.
-¿Qué pasa en sus encuentros?
-Tomo un tema, por ejemplo la ternura, y coloco globos de colores inflados alrededor del grupo de trabajo. Los tomamos uno por uno y los acariciamos para conocerlos. Entonces se oye una música, que puede ser un canto, y poco a poco vamos descubriendo cuánta ternura hay en cada uno de nosotros. Lentamente, el globo se transforma en un ser vivo al que puedo darle mi ternura, mi dulzura, haciéndolo girar, viendo cómo cambia de color. ¡El globo se convierte en un ser que necesita de toda nuestra ternura! Y así, el canto, la esfera transparente y nosotros mismos nos integramos en un todo que baila dando ternura. O bien ponemos un montón de cartones y hojas de diarios viejos en el centro del estudio, un símbolo triste que recuerda a la gente que vive en la calle. Pongo música de Piazzolla y nos acercamos a los papeles, los acariciamos y tratamos de mover nuestro cuerpo creando sensaciones nuevas. Todo se transforma, los papeles siguen siendo los mismos, pero nuestra manera de vivirlos ha cambiado totalmente. Nuestros cuerpos y la música de Piazzolla han descubierto una ciudad mágica, llena de poesía.
-¿Una experiencia que recuerde especialmente?
-Fue en el Hospital de Rehabilitación Respiratoria María Ferrer, donde bailé para chicos, jóvenes y adultos con parálisis, que pasaban los días inmóviles dentro de un pulmotor. Fue una experiencia que me conmovió profundamente. En general, cuando termino un espectáculo todos los chicos quieren danzar conmigo, pero en este caso tan especial eso era imposible. Entonces se me ocurrió que podíamos cantar juntos, y el resultado fue algo fabuloso. Ellos cantaban con entusiasmo mientras yo bailaba sus canciones. Esa noche soñé que estaba en un pulmotor, inmóvil, sin poder abrir ni siquiera los ojos. Sentí claramente que me había identificado con mis espectadores. Al despertarme, maravillada al sentir que podía moverme, me comuniqué con la psicóloga del instituto y le conté mi sueño. Paradójicamente, ella me contó que mis espectadores habían soñado que podían moverse, que dejaban los pulmotores y se iban bailando conmigo. .
Luis Aubele