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La nueva forma de leer casos policiales

Marisa Grinstein, creadora de la serie, intenta develar el trasfondo que esconde cada historia criminal

Jueves 09 de agosto de 2007
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LA NACION
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El café está en Santa Fe y Esmeralda, y la hora es la misma en la cual los oficinistas abandonan sus tareas cotidianas. Marisa Grinstein llega a la hora señalada con aplomo y sencillez, mientras Mujeres asesinas , la exitosa serie de unitarios que ya cerró su tercer ciclo y tiene listo el cuarto para 2008, se distribuye entre todos los países conocidos de cualquier continente, pero además entre otros que están muy lejos de ser un lugar cotidiano a nuestros oídos.

Su creadora, Grinstein (que por diez años fue periodista política en Noticias ), hurgó en los archivos policiales en busca de esos casos que, muchas veces, pasan inadvertidos en pequeños titulares de los diarios, y en los que las mujeres son las victimarias, pero también las víctimas. Esos casos, que en la TV ganaron millones de espectadores, llegaron a su fin. Tres libros y tres temporadas en el aire generaron una nueva forma de leer (y escribir) casos policiales y una nueva medida de calidad para las producciones televisivas.

El éxito editorial no es menor que el televisivo. El primer tomo de Mujeres asesinas ya cuenta diez ediciones; el segundo, cuatro, y el tercero acaba de aparecer con una tirada inicial de 10.000 ejemplares.

Historias que asombran

Las mujeres no asesinan sólo en nuestro país; sin embargo, esos casos que primero pasaron por las crónicas de Grinstein y luego fueron adaptadas para la TV resultan tan originales y tan bien interpretados que el mundo entero se asombra como el público argentino ante el horror y la desesperante ternura que provocan esos personajes.

Los unitarios producidos por Pol-ka ganaron el Martín Fierro de Oro 2006, pero también se llevaron otras distinciones, como mejor unitario, mejores actrices (primero Inés Estévez; luego, Cristina Banegas), mejor libro y dirección.

Más allá del éxito del nuevo formato creado a partir de su pluma, Marisa Grinstein parece aún sorprendida por el alcance de sus casos policiales, y confirma que ya no habrá más Mujeres asesinas : "Lo veo como el final de una etapa: la de ponerme a estudiar e investigar a mujeres asesinas. Es el fin de un ciclo".

Con la aparición de Mujeres asesinas 3 (Sudamericana) se cierra una saga que nació de la curiosidad de la autora: "Surgió de tanto ir al archivo. Tenía curiosidad por el tema de crímenes cometidos por mujeres y me puse a investigar. Fue a partir de un caso que me había atraído mucho, el de Emilia Basil [que hizo empanadas con la carne de su marido] y en determinado momento me encontré con varios más... Había hablado con varios forenses, y ahí nació la idea del libro."

-¿La televisión todavía no había aparecido como posibilidad?

-Nunca lo había imaginado para la televisión o para el cine.

-Los relatos tienen una estructura de crónica periodística. ¿Fue para que no se entendieran como ficciones?

-Quería elegir la manera más sencilla, contarlo de una forma que se entendiera. Quería comprender el camino que habían recorrido esas mujeres para llegar adonde llegaron, qué las llevó a matar, qué tenían en la cabeza, y me puse a contarlo y la narrativa salió naturalmente. Deliberadamente traté de que fuera crudo, porque la realidad era cruda.

-¿El asesino hombre es más previsible?

-Ese es el viejo paradigma de que la mujer es débil, y de alguna manera esto es un quiebre; tal vez por eso llame la atención.

-También la manera como se desencadenan esas situaciones.

-Si se contara a través del género estrictamente policial, haría más hincapié en los hechos, pero a mí me interesa más descubrir qué las lleva a matar, incluso entender la situación más opresiva de los que la rodean y la importancia del discurso. El discurso de la madre, del marido, machaconamente, y cómo eso va modificando el escenario. El discurso, las situaciones, el ámbito. De esos climas salen las mujeres que matan. No salen de un lugar maravilloso y una familia donde se conversa todo.

-¿Hubo un caso que te costó mucho más escribir?

-El de una mujer que mató a los dos hijos. Era un tema que no podía evitar, porque en casi el 80 % de los crímenes cometidos por mujeres las víctimas son los hijos. Fue un caso circular. Una mujer que cuando era chica la madre había intentado estrangularla; finalmente no lo hace, pero tiempo después la madre se ahorca en el ropero. Se cría con la abuela, se casa, el marido la deja, se siente abandonada y estrangula a los hijos. Me costó mucho hacerlo. Si cuento que una madre mató a los hijos y punto, es una cosa, pero si cuento qué le pasó a la mujer en la vida, se empieza a entender el final trágico.

-¿Qué casos fueron los más sorprendentes?

-Hay algunos ante los que me digo: "No se me hubiese ocurrido nunca inventar una cosa semejante". Una mujer, por ejemplo, que puso una víbora en una canasta para que la nuera pusiera la mano y fuera mordida por la serpiente. Otra que mata al marido clavándole un paraguas. Después te das cuenta de que ésa es una anécdota, porque cuando empezás a ver qué las llevó a eso...

-Y eso es en realidad lo más atractivo de las historias.

-Sí, es esa cosa curiosa que una tiene y se pregunta cómo llegó esta mujer a hacer un puchero con el marido, quiénes estaban y cómo era su familia.

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