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Desplazan los carteles mexicanos a sus pares de Colombia

Ya controlan el mercado de las drogas

Jueves 09 de agosto de 2007
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Hasta hace no mucho, el centro por excelencia del narcotráfico latinoamericano era Colombia. Los carteles colombianos manejaban los mayores volúmenes de dinero sucio y controlaban todas las etapas del proceso. Pero esto ya es parte del pasado.

En los últimos tiempos, México dejó de ser una simple zona de tránsito y desplazó a Colombia hasta apoderarse del negocio. Tras la desaparición de los carteles de Cali y de Medellín, sus antes "hermanos menores" mexicanos se perfeccionaron y tomaron la posta: son extremadamente violentos, poseen una gran disciplina interna y tienen la batuta del mercado internacional.

Los carteles mexicanos supieron sacar provecho del lugar estratégico que ocupan en el mapa -se estima que más del 70% de la droga que llega a Estados Unidos, el mayor mercado mundial, lo hace vía México- y pasaron de cobrar un simple peaje a absorber hasta el 60% de las ganancias que genera el negocio.

"Si uno les manda [por los mexicanos] 1000 kilos, 400 son de ellos y además cobran el 20 por ciento [...] y la inversión es toda de uno. Es decir, si se cae, ellos no pierden nada", declaró en mayo pasado Luis Hernando Gómez Bustamante, el ex capo del cartel colombiano del Norte del Valle, recientemente extraditado a Estados Unidos.

Se estima que sólo por el tráfico de cocaína, los narcos mexicanos embolsan ganancias anuales del orden de 70.000 millones de dólares. Además, Washington afirma que los narcotraficantes mexicanos son los principales productores de la marihuana, la heroína y las metanfetaminas que ingresan en Estados Unidos.

Siete grupos

De acuerdo con informes de la agencia antidrogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), la estructura del narcotráfico en México se divide en siete grandes carteles.

Los tres principales grupos son: el cartel de Juárez, asentado en los estados de Sonora y Chihuahua y muy vinculado a los carteles colombianos; el cartel del Golfo, asentado en el estado de Tamaulipas, con operaciones en América Central y del Sur; y el cartel de Tijuana, que se encuentra en Baja California y en algunas zonas de Estados Unidos.

Pero los mexicanos no sólo han sacado provecho de su vínculo con Colombia. Lima informó recientemente que los carteles de México, además de coordinar los envíos de droga, han instalado en Perú laboratorios para procesarla y poder así aumentar su control sobre otras etapas del tráfico ilegal.

Una de las principales características de los narcotraficantes mexicanos es su uso indiscriminado de la violencia a una escala hasta ahora desconocida. En el último año, ya hubo más de 3000 muertes en tiroteos callejeros, decapitaciones y ejecuciones, según el diario El Universal .

Además del comercio de drogas, los carteles realizan robos, secuestros y extorsiones a comerciantes y emigrantes indocumentados que necesitan ayuda para cruzar la frontera con Estados Unidos.

La "narcoguerra"

Los analistas coinciden en que la importancia que fueron adquiriendo los carteles mexicanos en el mapa del narcotráfico y la búsqueda de nuevos territorios desencadenaron una inusitada ola de violencia, cuyos principales blancos fueron los narcos rivales y las fuerzas de seguridad.

La violencia llevó al presidente de México, Felipe Calderón, a poner en marcha desde diciembre pasado grandes operativos en varios estados del país para buscar contenerla, y para atacar las estructuras del narcotráfico.

Para tomar dimensión de la magnitud del conflicto, el "Operativo Michoacán" -la mayor ofensiva militar contra el narcotráfico de la historia mexicana-, cuenta con el despliegue de 24.000 efectivos, vehículos armados y blindados, helicópteros y embarcaciones. Es claramente mucho más que un simple operativo policial. Es lo que en México ya bautizaron como la "narcoguerra".

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