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Mil vuelos ilegales por año cruzan las fronteras

Los aviones contrabandean drogas, armas y personas

Lunes 20 de agosto de 2007

RESISTENCIA.– Pequeños aviones reacondicionados por los contrabandistas o alquilados por organizaciones criminales vulneran a diario la extensa frontera del Nordeste llevando cigarrillos, ropas, drogas, armas y hasta niños o adultos que son ingresados ilegalmente para vivir o trabajar en la Argentina al margen de las leyes migratorias, o que son ayudados a salir del país.

Son más de 1000 vuelos anuales, a lo largo de una frontera de más de 2200 kilómetros que cuenta con 895 puntos propicios para tocar tierra y bajar cargamentos ilegales, según consta en informes oficiales, tal como confiaron a LA NACION altas fuentes del área de seguridad.

Esas filtraciones alimentan la sensación de desprotección, a pesar del trabajo de la Fuerza Aérea, la Gendarmería, las policías provinciales y la Policía Federal.

La Fuerza Aérea es la encargada de velar por la seguridad de los cielos argentinos, y para la región que comprende las provincias de Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones y el norte de Santa Fe sólo cuenta con dos radares móviles que, además, funcionan por unas horas al día, debido al elevado costo de su puesta en marcha y al insuficiente número de personal capacitado para operar con ellos, explicaron a LA NACION fuerzas militares y de seguridad federales.

La cooperación prevista en el Operativo Fortín, anunciado en junio pasado para combatir, con medios múltiples, el contrabando y el narcotráfico en esa frontera caliente, quedó limitada al mínimo a poco de comenzar, por falta de presupuesto para mantener al personal experto en la zona y por la burocracia que entorpece el intercambio de información.

La ministra de Defensa, Nilda Garré, tiene en su despacho los pedidos de Chaco y otras provincias del Nordeste para que en Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones funcione un radar las 24 horas, todo el año.

La Región Aérea Nordeste, asentada en Resistencia, cubre 387.045 kilómetros cuadrados de aquellas cuatro provincias y del norte de Santa Fe.

Justamente, hace dos años, las autoridades de esa provincia admitieron que en su territorio había varias pistas ilegales que acogían vuelos furtivos, aparentemente, provenientes del Paraguay. Tal como publicó entonces LA NACION, el ministro de Gobierno santafecino, Ricardo Rosúa, admitía que la provincia no contaba con equipos de control aéreo para detectar los aviones de los contrabandistas.

Los informes difundidos recientemente en Chaco revelan que en las zonas de monte del Nordeste, difíciles de controlar por tierra, existen 895 lugares aptos para el descenso de los aviones en vuelo clandestino.

Los aviones que hacen los vuelos furtivos tienen equipos cada vez más sofisticados para evitar ser avistados. Las aeronaves y sus cargas sólo son capturadas cuando se ven obligadas a realizar un aterrizaje de emergencia. La Fuerza Aérea no tiene permiso legal para realizar derribos de vuelos no identificados: sólo puede perseguirlos y dar aviso a la Justicia.

Un Cessna reacondicionado puede llevar hasta 500 kilos de carga de todo tipo. Los cigarrillos y las drogas son las principales cargas, aunque también se pasan armas, animales silvestres, y mujeres y niños, víctimas de la trata de personas. Desde el corazón del Nordeste, evalúan las fuentes consultadas, las cargas siguen viaje por tierra.

Ya en 2005 se admitía en el área de Defensa que el costo del gasoil necesario para hacer funcionar el radar Westinghouse TPS 40 (del tipo 3D, capaz de establecer distancia, altitud y dirección de un vuelo) era demasiado para el exiguo presupuesto militar.

En Resistencia hay instalado uno, que funciona ocho horas diarias, y hay otro idéntico en Posadas. Los expertos evalúan que para hacer un trabajo efectivo se necesitan dos de esos radares por provincia, con funcionamiento a tiempo completo.

La ampliación del número de radares es una deuda que pasa de administración en administración a nivel nacional. El gobierno de Néstor Kirchner ha anunciado ya el plan de radarización, por ejecutarse a partir de fines de este año. La reciente crisis en el control de los vuelos por la salida de servicio del radar de Ezeiza –que obligó a aceptar en préstamo un radar civil y otro militar de España– parece haber apurado los tiempos más que la permanente permeabilidad de las fronteras aéreas.

Maniobras elusivas

El 5 de julio pasado, el Presidente anunció una lucha contra el contrabando y narcotráfico en coordinación con todas las fuerzas armadas y de seguridad para todo el norte del país.

Se trataba del Operativo Fortín, impulsado por el Ministerio de Defensa, por el cual se enviaron a la zona tres radares de alerta temprana del Ejército (los Cardion Alert Mark II, que proveen altitud y rumbo).

Pero el plan no cumplió los objetivos. Los radares del Ejército, instalados en el Regimiento 29 de Formosa, no funcionan por cuestiones logísticas y de falta de presupuesto.

Otro punto es el del uso de la información obtenida. Vedada su actuación en cuestiones de seguridad, los militares sólo están autorizados a comunicar los datos de los supuestos vuelos furtivos a la Justicia Federal, que será la que, eventualmente, ordenará a las fuerzas de seguridad federales los procedimientos que correspondan. La Gendarmería, con mayor despliegue en esta región, carece de suficientes equipos de comunicación y de aeronaves aptas para reprimir los vuelos ilegales.

Con sus limitaciones, las provincias están poniendo la máxima colaboración, incluso económica, para que se concrete la instalación de los esperados radares. La instalación de una base de la Fuerza Aérea con 250 efectivos fue tomada como una buena noticia en la región. Ahora resta que se los provea de "ojos" para escudriñar el cielo con posibilidad de éxito.

Por José V. Derewicki Para LA NACION

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