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Caloi y Tute, dos artesanos del humor

Padre e hijo hablan con LA NACION sobre sus creaciones, sus lectores y de qué se ríen los argentinos

Martes 21 de agosto de 2007
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Entre muchas anécdotas hay una que pinta al creador y a su personaje con toda su carga de gracia y melancolía. Solito y sin manos, sentado en un tablón, un Clemente negro apareció durante el Mundial de Fútbol de 1982 cantando por la TV: "¡Burumbumbum, burumbumbum, yo soy el hincha de Camerún!".

Entonces el mundo echaba una mirada curiosa a la selección africana que sudaba la camiseta en canchas españolas y otra más conmiserativa a la Argentina, que libraba la Guerra de las Malvinas. El padre de la criatura, Caloi (Carlos Loiseau), lleva 41 años aplicando el humor como herramienta expresiva ( www.caloi.com.ar ).

Caloi es el capitán de un barco integrado por seis tripulantes: su mujer, María Verónica Ramírez -pintora y realizadora del ciclo televisivo Caloi en su tinta -; sus hijos Juan Martín -reconocido como Tute, dibujante de LA NACION-, de 34 años; Tomás, de 31; Aldana, de 30, y los hijos de su mujer, Tobías, de 26, y Juana, de 24 años. Todos impregnados por los genes del dibujo, el humor, el cine y el arte.

Sobre Tute, el inolvidable Roberto Fontanarrosa -fallecido hace un mes- escribió: "Es un dibujante; digo más, un humorista de particular relieve. Además nos amenaza ahora con nuevas correrías: la pintura, la poesía, el cine ¿Hasta dónde piensa llegar este miserable?" ( www.tutelandia.com.ar ).

De personajes y maestros

Tute aún no ha creado su propia familia en el humor gráfico, pero está en ello. "Me da un poco de temor quedar encanado a los personajes fijos. Pero no lo pienso mucho porque quiero ir detrás de lo que deseo hacer", dice al conversar con LA NACION, junto con su padre, sobre el dibujo y el humor.

Clemente, en cambio, es la marca registrada de Caloi, en Clarín : "Es un personaje absurdo, tan libre que, después de 40 años, todavía tengo ganas de dibujarlo". Con 35 libros publicados, Caloi se siente "como un cantor de tango al que le piden sus grandes éxitos, porque algunos lectores empiezan a reclamar dibujos de otras épocas".

Sus trabajos han llegado -entre otros países- a China, donde es ídolo de multitudes. "Hay chistes que tienen claves locales, pero los chinos deben interpretarlos como elementos surrealistas, que no necesitan explicación. También prevalece la universidad del lenguaje de humor gráfico, que es muy simple. Hay símbolos y códigos que se entienden en todas partes."

A Tute, cuyo primer libro salió el año último, lo leen en Japón. Y ya es famoso en México y Guatemala, entre otros países. "Tengo anécdotas de lectores que se han levantado minas con mis dibujos."

-¿De qué nos reímos los argentinos?

Caloi: - Hay una mayor atención de la gente sobre la producción de humor gráfico cuando el humor no está en la calle, cuando falta la libertad de expresión o hay censura. Como el humor tendría que estar en la canasta de los artículos de primera necesidad, y no se encuentra en la calle, entonces adquiere relevancia el humor gráfico.

Tute: - No sé de qué se ríen los argentinos, pero no parece que todos se rían de lo mismo. Hay muchos tipos de humor y cada uno tiene su público. A mí me gusta el humor que me conmueve y me refleja.

-¿Los argentinos se ríen más que otros de las desgracias ajenas?

Caloi: - No lo sé. A mí me gustan mucho los chistes de gallegos. Les encuentro un costado no ofensivo y son una pintura muy simple, lo que no significa que uno los subestime.

Tute: - Hay dos tipos de humor. Está aquel en que uno se pone en el lugar y se ríe por identificación. O el humor del que se ríe del otro. Lo más difícil es reírse de uno mismo.

-¿El humor puede ser una forma de supervivencia?

Caloi: - El humor es una forma de subsistencia fantástica. Uno no se mata de risa de todo. Pretende un tipo de humor con ingenio y creatividad. En mi caso, ni soy gracioso ni cómico. La gracia está en los dibujos.

Tute: - La banda Divididos decía que los sostenía el humor. Y de eso se trata: es una forma de sostener y hasta de sanar. Por otra parte, yo no me siento un dibujante ni tampoco un humorista en realidad ni siquiera sé qué me siento [se ríen padre e hijo].

-¿Qué han logrado incorporar el uno del otro?

Tute: - Durante muchos años no advertía la influencia de mi viejo, justamente cuando ésta era muy fuerte. Un día me empecé a avivar e intenté modificarla. Al forzarlo, los dibujos eran horrorosos. No se parecían ni a él ni a mí. Después lo hice con naturalidad y me fui despegando de la influencia.

Caloi: - Cuando Tute terminó el secundario, me dijo que se iba a tomar un año sabático. ¿De qué -le pregunté- si no estudiaste un carajo en todo el colegio?

Tute: - En realidad yo quería laburar en un garaje de noche, donde no venía nadie, para poder dibujar.

Caloi: - ¡Si se tomaba un año sabático no volvía a agarrar un libro! Me convenció una amiga, que me dijo una vez: "Nunca vi un tipo tan vago y tan inteligente". Entre los dibujantes actuales es uno de los más inteligentes. Tiene planteos poco habituales. Con eso me identifico porque me recuerda mis primeros años.

-¿Qué límites se imponen?

Caloi: -Depende de las épocas. En la dictadura militar era muy poco lo que se podía comunicar. El fútbol fue una buena hendija para filtrar comentarios. Pero, por ejemplo, durante el Mundial del 78 yo no hacía chistes sobre presos. Esa fue una coincidencia con Quino. Después tampoco adherí al triunfalismo de Malvinas.

Tute: - Aquélla fue una época en la que se desarrolló mejor la vida interna de los personajes Yo empecé a publicar en la democracia. Uno se adapta al medio. Hay una ética que no sabría describir, pero uno hace el humor que lo expresa naturalmente. A mí se me puede ocurrir un chiste zarpado, pero no lo haría en LA NACION.

-¿De qué se ríen con ganas?

Tute: - De nada extraordinario. Me río con mis amigos, con el cine, los espectáculos. Me gustan muchas formas de humor. Puedo disfrutar tanto un chiste grosero con mis amigos como el humor de Borges.

Caloi: - Me gustan mucho los buenos cómicos. Disfrutaba mucho a los uruguayos de Telecataplum , a Olmedo y al Negro Fontanarrosa. Me divierte Les Luthiers. Pero lo que me hace llorar de la risa es el humor cordobés, que es tan exagerado.

-¿Los personajes tienen vida propia?

Caloi: - ¡No tienen vida propia un carajo! A veces la gente me dice que se imagina encontrarse con Clemente a la vuelta de una esquina y yo pienso: «A mí no me pasa porque tengo que dibujarlo, mandarlo y después, ir a cobrarlo». Igual me da mucho placer hacerlo.

Tute: -Lo saludable es no pensar cuando estás dibujando porque eso puede limitarte. Después de generar la idea, recién pienso por qué lo dibujé.

Por Susana Reinoso De la Redacción de LA NACION

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