RIO GALLEGOS.- "Ni un herido más entre nosotros", pidió, casi exigió, a los gritos, el obispo Juan Carlos Romanín ante la multitudinaria marcha de gremios y de partidos convocada ayer aquí. Las gargantas de las más de 8000 personas (según coincidentes estimaciones periodísticas) reunidas en el corazón de la ciudad estallaron en apoyo al obispo, en reclamo por la vida y en repudio al ex ministro Daniel Varizat que el viernes atropelló con una camioneta a 17 manifestantes, cuatro de los cuales aún siguen internados.
El obispo, además, realizó un llamado al gobierno provincial, encabezado por Daniel Peralta, para que "asuma la responsabilidad de gobernar en esta etapa de transición".
Antes de la marcha, la multisectorial conformada aquí entre la Mesa de Unidad Sindical, gremios y asociaciones civiles, entregó en la gobernación un documento en el cual pide que se garantice aquí "el respeto por la vida, la defensa irrestricta del conjunto de los derechos humanos, la plena vigencia de la democracia y un aumento salarial" para distintos sectores.
Algunos gremios hicieron ayer una huelga, como los estatales afiliados a ATE, los judiciales y los docentes, que se cumplió con un altísimo porcentaje de acatamiento, en tanto que la actividad comercial de la ciudad se paró después del mediodía. Los comercios cerraron sus puertas en adhesión a la marcha. Anoche, en un congreso provincial, los docentes resolvieron seguir hoy el paro de actividades.
Luego, el único orador fue Romanín, que llegó a la Carpa Blanca instalada ante la casa de gobierno, cerca de las 16, hora en la que partió la columna más importante de la convocatoria.
Por primera vez desde que en marzo se iniciaron las protestas docentes, dos motos de la policía provincial patrullaban el recorrido e iban cortando el tránsito. El gobernador Peralta había dispuesto que se garantizara la seguridad de los manifestantes.
Una bandera de diez metros con la leyenda "Basta de impunidad" unía a todos los dirigentes gremiales mientras en el centro, con boina gris y campera de lona azul marino, Romanín encabezaba la marcha. Todos, hasta el obispo, cantaban: "Si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está".
"Yo acompaño esta gran movilización del pueblo, yo no la encabezo", afirmó el obispo a LA NACION antes de subirse a la plataforma del mástil convertido en improvisado atril en cada manifestación. Romanín dijo que ayer, en la reunión del Episcopado, el primer tema que tocaron los cardenales fue la situación de Santa Cruz.
Cinco meses atrás, Romanín habló por primera vez. Días después, el Presidente Kirchner lo acusó de "distraído", y así se inició una serie de fuertes cuestionamientos del kirchnerista a la figura del obispo, hasta el punto de que el propio Varizat, que aún era ministro, dijo que el obispo "necesitaba una pericia psicológica".
Ayer, en su discurso, Romanín señaló que en Santa Cruz se están construyendo "los cimientos de una nueva sociedad" y destacó que entre los valores que se reclaman están, entre otros, "la convivencia de gente diversa, el cuidado de las personas, el reclamo de trabajo digno y estable, la libertad de expresión, la transparencia en el manejo de los fondos públicos, la defensa del medio ambiente".
Romanín explicó que el viernes pasado "la población respondió con cuidado ante el atropello, con racionalidad ante lo irracional, con pedido de justicia ante la criminalidad, con serenidad ante tamaña y brutal violentación".
A metros del obispo, un manifestante levantaba un pingüino embalsamado, ya símbolo de estas marchas, que fue cambiando de atuendo según los acontecimientos. Ayer, tenía una camioneta 4x4 en alusión a Varizat.
Reclamo
Romanín también hizo un llamado a las autoridades provinciales "para que asuman la responsabilidad de gobernar para todos" y a la sociedad le pidió "que cuide de manera particular la serenidad y que garantice que lo que está naciendo pueda crecer".
"No a la violencia, no a las agresiones, sí a la justicia, sí a la paz", concluyó Romanín, ante las gritos de aprobación de la multitud. Lo acompañaron curas y monjas de la diócesis.
A metros del improvisado escenario, Vilma Ripoll, la precandidata a presidente por el MST-Nueva Izquierda, explicó a LA NACION que había viajado a esta ciudad a participar de la marcha porque aquí "deberían estar todos los dirigentes de la oposición que plantean el fin de los feudos provinciales y defensores de la democracia".
Finalmente, se leyó el documento presentado al gobierno, firmado por casi medio centenar de personas. Allí se pide que "los gobernantes garanticen la paz social, el respeto por la vida, el juicio y condena a todos los responsables de haber ordenado y perpetrado la violencia, la desmilitarización de la provincia, la anulación de la renegociación del acuerdo de renegociación petrolera con Pan American Energy, una justicia independiente del poder político, la libertad de prensa y el acceso a los medios oficiales".
Quizás adelantándose a este último pedido, ayer el gobierno provincial ordenó por primera vez en cinco meses que un equipo del canal provincial filme el acto. La noticia fue la apertura del noticiero que se emite a las 20.
Por Mariela Arias
Para LA NACION