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Para la Iglesia, peligra la paz social

Por Silvina Premat De la Redacción de LA NACION

Miércoles 22 de agosto de 2007
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Para la Iglesia, la paz social en Santa Cruz está en peligro. Por eso, la actitud de monseñor Juan Carlos Romanín, obispo de Río Gallegos, de haber encabezado ayer la marcha opositora en esa ciudad, no sorprendió al Episcopado. “No es extraña la intervención del obispo, porque la Iglesia participa cuando la paz social corre peligro”, dijo a LA NACION el padre Jorge Oesterheld, director de la oficina de prensa de la Conferencia Episcopal Argentina.

Ayer a la mañana, Oesterheld llamó a Romanín para interiorizarse de la situación, y después informó sobre esa conversación telefónica a las máximas autoridades del Episcopado, que integran la Comisión Permanente y que comenzaron ayer uno de sus habituales encuentros. La veintena de obispos, presididos por el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, escuchó el informe de Oesterheld sin hacer comentarios. Los obispos no quisieron hablar con la prensa, pero trascendió que redactarán una declaración que darían a conocer mañana al término de su reunión. En el texto se referirían a la situación social y política del país y quizá repitan alguna de las afirmaciones del mensaje que dieron a fines de abril último, a poco más de un mes de las elecciones porteñas.

En ese texto -titulado "Compromiso ciudadano y las próximas elecciones" y firmado por la totalidad de los obispos argentinos- pidieron que las elecciones sean transparentes y se alejen de "prácticas demagógicas y presiones indebidas, como el clientelismo y la dádiva", tras reclamar también que los poderes del Estado sean real y auténticamente autónomos.

Si bien no harían referencia explícita a la crisis santacruceña, el apoyo del Episcopado a Romanín es claro. Durante la mañana de ayer, además de llamar al obispo por teléfono, Oesterheld atendió a todos los medios de comunicación que lo buscaron por esa cuestión. Además el Episcopado publicó en su sitio de Internet el mensaje de Romanín casi en el mismo tiempo en el que lo pronunciaba ayer en Río Gallegos.

Hace cinco meses, en cambio, cuando esos mismos obispos estaban reunidos y Romanín protagonizaba una movilización social, el Episcopado no se dio por aludido. Nadie lo llamó ni planteó la crisis santacruceña en el diálogo entre los pastores. Al menos así lo informaron varios de los participantes a LA NACION.

Romanín, de 53 años, nació en Avellaneda y dirige la diócesis de Río de Gallegos desde enero de 2006. Es salesiano y como tal conoce a fondo la realidad del sur del país. Es uno de los obispos considerados amigos del cardenal Bergoglio.

La autonomía

"Monseñor Romanín me dijo que su objetivo es fortalecer la paz social, las instituciones y la democracia en Santa Cruz y que para ello estaba trabajando con muchas organizaciones sociales de la esa provincia", contó Oesterheld. En cuanto a la autonomía del obispo patagónico, el sacerdote dijo que "así debe ser. El Episcopado no interviene en problemas locales y Romanín no debía preguntar ni consultar a nadie".

También Bergoglio se mostró recientemente preocupado por el mantenimiento de la paz social. Hace dos semanas celebró una misa en la Catedral por el día de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo. Al saludar a los fieles dijo: "Ustedes han venido aquí para proclamar la dignidad contra toda esclavitud y clientelismo, y para reconocer el valor de la familia y de la paz social".

Junto con los titulares de las otras diócesis de la región patagónica -Néstor Navarro (Río Negro), Fernando Maletti (Bariloche), Virginio Bressanelli (Comodoro Rivadavia), Marcelo Melani (Neuquén) y Esteban Laxague (Viedma)- Romanín denunció en varias oportunidades "los atropellos a los derechos humanos" que se vivieron en Santa Cruz después del asesinato del policía Jorge Sayago. Ya en marzo de 2006 Romanín y los otros obispos pedían justicia "convencidos de que no se está garantizando el Estado de Derecho propio de una democracia".

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