MADRID.- El grupo terrorista vasco ETA reapareció ayer en la escena española con un brutal atentado que sólo por milagro no causó muertos y que, en cambio, sí produjo enormes destrozos en un radio de hasta 400 metros de un cuartel de la Guardia Civil, en cuya cara plantó e hizo estallar el explosivo.
En el atentado, el primero desde que en junio había dado por finalizado el alto el fuego "permanente" que declaró en marzo de 2006, la organización separatista vasca hizo gala de generosos recursos, de nueva tecnología y hasta de una innovadora base de retaguardia, al demostrar que para esta ocasión contó con el apoyo de una estructura en el vecino Portugal.
Pero no fue ésa la única innovación, dado que, al parecer, la segunda variación importante registrada ayer fue la ausencia de todo aviso previo de bomba.
Eso, junto con el enorme desafío que implica elegir y alcanzar como blanco una sede de la Guardia Civil y burlar a los guardias que, según fuentes de la investigación, llegaron a advertir al vehículo con los explosivos, pero no fueron capaces de impedir que se les plantara en la puerta ni tampoco que su conductor huyera y lo hiciera detonar durante la fuga.
"Es increíble que no estemos hablando de una desgracia con varios muertos", dijo, sincerándose, el jefe del mando conjunto de Guardia Civil y de Policía Nacional, comisario Joan Mesquida. "Hasta avanzaron con la camioneta marcha atrás, donde estaba el explosivo, para que hiciera el mayor daño posible", añadió.
Ocurrió en la madrugada de ayer, cuando casi toda España todavía dormía, en la localidad vizcaína de Durango, en pleno País Vasco.
Los datos iniciales que surgen de la investigación eran poco tranquilizadores: ETA usó cerca de 100 kilos de explosivos y, como dato novedoso, contó con un equipo para neutralizar la acción de los inhibidores de frecuencia con que, como si fuera un escudo electrónico, la Guardia Civil intenta protegerse de eventuales atentados con aparatos de detonación a distancia.
Dos policías resultaron heridos, pero sin gravedad. Y ese saldo resulta francamente asombroso ante las dimensiones de la destrucción: más de 16 viviendas militares quedaron inutilizadas y una veintena de autos resultaron destrozados por la explosión. Hasta en cuatro cuadras a la redonda se encontraron fragmentos del estallido.
Por lo menos uno de los terroristas encapuchados quedó registrado con en la filmación de las cámaras de seguridad con que contaba el cuartel. Ayer, la grabación era minuciosamente analizada por los investigadores.
Amenaza concretada
El atentado de ayer fue el primero que logra concretar la banda terrorista en los 79 días transcurridos desde que el 5 de junio último formalizó con un comunicado la ruptura de la precaria tregua y, con eso, las ilusiones del acuerdo de paz que acariciaba el presidente socialista José Luís Rodríguez Zapatero.
Pero en los hechos, la violenta reaparición de la banda implica la legitimación palmaria de las peores intenciones con las que, hasta ahora, viene amenazando y alardeando desde que se produjo la ruptura. Y es que, ante la magnitud de los destrozos, nadie duda de que ayer el objetivo deliberado era matar.
Desde el costado policial, el dato más llamativo de lo ocurrido es, junto con la posibilidad de bloquear el escudo electrónico que emplea la Guardia Civil, la evidencia de una ramificación en Portugal. De hecho, de ese país vecino procede el segundo vehículo utilizado en el atentado. Se trata de un automóvil Seat Ibiza que había sido alquilado en la zona turística del Algarve portugués. Los terroristas lo usaron para escapar durante varios kilómetros, pero, cuando se sintieron seguros, lo hicieron estallar en la ruta para optar por otro medio de fuga.
Sin embargo, la policía portuguesa afirmó ayer que no tiene indicios de que la organización armada separatista vasca ETA tenga una infraestructura sólida en Portugal.
Al cierre de esta edición, Zapatero no había comparecido públicamente, sino que lo hizo la número dos del gobierno, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, para asegurar que los terroristas "no conseguirán torcer la voluntad de la mayoría" y vaticinar, de paso, su derrota, mediante "la acción judicial, policial y la unidad de los demócratas".
Retorno
Zapatero interrumpió ayer brevemente las vacaciones de que disfruta en un pequeño caserío asturiano para presidir una reunión de gabinete. Fue sorprendido por la noticia del atentado en esta capital, pero no fue eso lo que determinó su viaje. De hecho, fuentes del Palacio de la Moncloa daban por seguro que retomaría su descanso en las próximas horas.
Otros, en cambio, apuntaron que la reaparición de ETA coincidió con un viaje del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, al País Vasco francés que, en los últimos meses, experimentó un recalentamiento de la actividad terrorista (ver aparte).
En el escenario político español, el fuego de la violencia mostró una vez más las fisuras del sistema, cuando agrupaciones afines a ETA no sólo no condenaron el atentado sino que, además, dijeron que la culpa de que ocurriera la tiene el gobierno español.
"Es hora de que [el gobierno español] se deje de amenazas, de hacer malos augurios y de que explique, en cambio, por qué cuando tuvo en sus manos una propuesta formal de desarme definitivo de la banda terrorista ETA en el contexto de un acuerdo político su respuesta fue un rotundo no", dijo Pernando Barrena, vocero de Batasuna, agrupación ilegal asociada al grupo separatista.
Los vecinos de Durango no salían del espanto. "Parecía que el mundo se venía abajo. Fue un ruido espantoso", dijo uno de ellos. El País Vasco llevaba más de tres años sin este tipo de amaneceres. La banda que declara "luchar" por la independencia de esa porción de territorio demostró una vez más su intención de que no la olviden.
Por Silvia Pisani
Corresponsal en España
