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La guardiana de la lengua rapa nui

Carmen Cardinali dedicó su vida a la conservación y difusión del idioma original de Isla de Pascua, parte de una herencia cultural que ha sobrevivido gracias a la tradición oral pero que se ve amenazada por la ausencia de un alfabeto y por la inmigración

Domingo 26 de agosto de 2007
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ISLA DE PASCUA .- No existe un diccionario de rapa nui. No hay un alfabeto en pascuense. No hay gente que sepa leer o escribir en esa lengua. Lo que hacen los habitantes de Isla de Pascua es hablar el idioma a partir de la tradición oral. Casi por milagro, con tantas idas y venidas, inmigraciones e influencias, la lengua sigue viva.

En realidad, parte de ese milagro tiene que ver con una mujer que desde 1966 viene luchando por conservar sus raíces y el rapa nui. La chilena Carmen Cardinali, de 63 años, es la mujer que desde hace más tiempo enseña este idioma en la isla.

Curiosamente, su apellido no es pascuense. Pero para entender la lógica de Isla de Pascua hay que saber que los apellidos de sus habitantes no significan nada. Carmen nació allí, pero tiene apellido italiano porque cuando la inscribieron en el registro civil quien dijo su nombre fue su madre, Angela Cardinali, hija del italiano Nicolás Cardinali, un cocinero de barco que llegó durante la Segunda Guerra Mundial en busca de oportunidades, naufragó y allí se quedó.

Carmen tuvo un flechazo con su idioma a los 13. A esa edad la mandaron a una escuela de Santiago sin saber una palabra de español. "Lo único que quería era volver a la isla, porque hay algo en la gente de Rapa Nui que es tan fuerte, la tierra lo tira a uno. Acá estaba toda mi familia y en Santiago me sentía muy sola. No saber el idioma del lugar es desesperante y además me sentía discriminada. Me decían ´la india porque nosotros nos vestíamos con plumas.

Fueron tiempos duros. Carmen no se adaptaba. Sólo iba una vez al año a la Isla para ver a su familia, para las fiestas de fin de año. "En ese tiempo no había avión, sólo un barco de la Marina que iba una vez al año. Veía a mi familia y volvía. Eran siete días de viaje en barco y normalmente la embarcación se quedaba una semana acá. O sea, era sólo una semana la que estaba con mi familia.".

Carmen aprendió el castellano a la fuerza, mientras cursaba lo que hoy se conoce como enseñanza media. Después entró a la Escuela Normal, donde se convirtió en profesora. Y en cuanto pudo, volvió a su terruño, para enseñar rapa nui. "Mi deseo era ayudar a mi pueblo. Siempre tuve esa inquietud, y por eso estudié lo que estudié. Me gusta aportar algo a la gente. Me apasiona mucho, yo creo que es una cosa innata, no sé cómo explicarlo. Otras mujeres de mi edad ahora están disfrutando de la vejez y de los nietos. Yo soy una revolucionaria en ese sentido. Es que el deseo de mantener nuestra cultura es tan fuerte, mantener esta lengua, inyectarla a los que vienen, dejarla bien. Y hay mucho que hacer todavía, entonces no se puede dejar así nomás. Yo creo que la cultura rapa nui es de una riqueza muy grande, no se puede perder. En este momento tenemos muchas inmigraciones y eso puede provocar que se vaya perdiendo la lengua, porque la gente tiene mucha facilidad de aprender otros idiomas y va perdiendo el propio. Eso es lo que nosotros no queremos. Está bien aprender, pero también debes saber de dónde vienes".

En 1966, Carmen empezó a formar un grupo de personas interesadas en preservar el rapa nui, motivada por la llegada de Luis Gómez, un lingüista de la Universidad Católica de Valparaíso, y por una pareja de profesores estadounidenses. "Ahí empezamos a formarnos, a entusiasmarnos y a pedir al Ministerio de Educación que el rapa nui se instaurara como una asignatura más dentro del programa de estudios. Eso se hizo y lo empezamos a aplicar en 1976, ya con decreto y todo. Antes no era una materia porque no les cabía en la cabeza que un niño tuviera que aprender o mantener la lengua dentro de la escuela. Era como un tema desconocido, una lengua que no tenía futuro".

Con esa batalla ganada, se creó un departamento del idioma en el liceo Lorenzo Baeza Vega, donde Carmen dio clases a niños y adolescentes. "Es difícil sacar la cuenta de las personas que han aprendido conmigo", dice ahora. Hace años que no pisa ese establecimiento porque "el sueldo de profesor no alcanzaba" y decidió poner una hostería para generar más recursos. Pero nunca dejó de enseñar. Hoy está asociada a Promoción y Desarrollo de la Mujer y hace clases particulares a adultos "principalmente continentales".

-¿Cómo podría cambiar en Chile la percepción que se tiene de los pascuenses?

-Siempre ha existido la sensación de que los pascuenses son racistas o que no quieren saber de los continentales. Pero eso no es tan así. El problema es que acá en la isla está llegando mucha gente que en Santiago rechazan. Traen malas costumbres. Un ejemplo: aquí no existía eso de que en las peleas se tajeara a alguien con un cuchillo, pero hace poco eso sucedió porque el continental trae esa costumbre. Como nosotros no la tenemos, la rechazamos, y la gente lo empuja a que vuelva a Santiago.

Pero Carmen prefiere concentrase en su familia y en su cruzada personal por preservar su idioma. Ahora está en plena formación de la Academia de Rapa Nui que hace un mes logró su personería jurídica. "Salió en el Diario Oficial y todo", comenta con orgullo. La idea de esta entidad es que logre instaurar normativas sobre cómo escribir en rapa nui, ordenar el conocimiento que se tiene y, ojalá, escribir un diccionario con las palabras, su significado y fonética. El marido de Carmen la apoya en esta cruzada. Se llama Alfonso Rapu, llevan 41 años de matrimonio. "También es profesor, tenemos esa vocación. El me apoya mucho en mis iniciativas".

Tres de los hijos de Carmen viven en la isla: Tatiana, Alfonso y Ra a. "Mis hijos sufrieron lo mismo que nosotros, porque para estudiar afuera es un sacrificio tanto del hijo como de los padres. Nosotros dejamos de trabajar en el colegio porque el sueldo no nos alcanzaba para apoyarlos. Buscamos trabajos particulares para pagarles sus estudios a dos en Santiago y a la última en Nueva Zelanda", dice.

-¿Qué es lo más difícil del rapa nui?

-La pronunciación, la forma de escribir. Por ejemplo, la palabra leche se dice "uuu", pero ésa es la dificultad que hay, no hay un alfabeto rapa nui. Uno al decir "uuu" escribe tres veces la letra "u", pero ahora estamos entrando en el trabajo de los lingüistas para usar algún signo y no repetir tres veces la "u". La solución sería ponerle una rayita arriba, para indicar que esa letra se alarga en la pronunciación. Entonces es muy difícil de enseñar y que te entiendan porque, además, hay muchas palabras que tienen miles de significados y todo depende del contenido. Por ejemplo, "mai" significa "dar", pero también es "hacia uno". Se necesita una gramática uniforme."

Pero Carmen sabe que sus objetivos son múltiples. Por ahora, la academia no tiene un lugar físico donde funcionar. "Comprenderás que no podemos estar de una casa a otra con las computadoras y los archivos que tenemos", se queja. Y agrega: "Mi trabajo es para la isla, la gente, los niños, quiero dejar un legado dentro de lo que son mis conocimientos. Hay muchos que esperan esta formación de la academia y muchos quieren aportar y ser parte de esto, de este rescate de cosas antiguas, de cuentos, de cantos, de un todo. Mi sueño es dejar eso en un libro y tenerlo en la academia para que cualquier persona, de cualquier parte del mundo, que sea lingüista o pertenezca a otra profesión, tenga donde encontrar algo del rapa nui. Esa es la meta".

LA NACION y El Mercurio

Por Natalia Núñez

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