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¿Cuándo y cómo derrotar al kirchnerismo?

Opinión

EL sábado 8 de septiembre vencerá el plazo para inscribir a los candidatos de la elección presidencial. Faltan 62 días para el 28 de octubre. Los tiempos se aceleran.

Del lado kirchnerista, todo está definido y a la espera de la decisión ciudadana. Del lado opositor faltan, en cambio, algunas precisiones. Si bien la fórmula presidencial Lavagna-Morales ya está consagrada y sólo falta proclamar oficialmente la fórmula que integran el gobernador Sobisch y el escritor Jorge Asís, el espacio peronista de Potrero de los Funes tiene en el gobernador Alberto Rodríguez Saá su candidato presidencial pero no, todavía, su candidato vicepresidencial.

Elisa Carrió será candidata a presidenta, pero aún desconocemos si culminarán con éxito sus gestiones de último momento para que Ricardo López Murphy deje de lado su propia candidatura presidencial y se le sume como un aliado de peso. La negociación Carrió-López Murphy, que en los próximos días sufrirá nerviosas fluctuaciones, probablemente culmine al filo del 8 de septiembre, con lo cual la señora de Kirchner tendría finalmente cuatro rivales principales: Lavagna, Sobisch, Rodríguez Saá y Carrió.

Las aguas del kirchnerismo están calmas. Las aguas de la oposición seguirán agitadas por algunos días más. Este contraste es lógico porque, en tanto los Kirchner ya han definido la estrategia encaminada a su propia sucesión, sus opositores tendrán que responder a una pregunta tan necesaria como difícil: ¿cuándo y cómo acabar con la hegemonía kirchnerista?

La necesidad de contestar a esta pregunta proviene de la naturaleza de la ambición kirchnerista. No nos hallamos en efecto frente a una postulación cuya mira esté puesta exclusivamente en el próximo período presidencial. La ambición de los Kirchner, al contrario, es vitalicia. En uno de sus últimos discursos, la señora de Kirchner afirmó que con su esposo pretenden fundar un período de poder comparable al que inauguró la Generación del Ochenta, un período, dijo, "de cien años". Los Kirchner pretenden nada menos que gobernar de por vida, como si fueran una monarquía.

Esto quedó en evidencia cuando el Presidente apoyó en octubre pasado el reeleccionismo perpetuo del gobernador Rovira en Misiones como un adelanto de lo que, de haber prosperado esta intención, se habría proyectado al ámbito nacional. Al fracasar en su intento por voluntad del pueblo misionero, los Kirchner lo reemplazaron por el que ahora presentan: la reelección indefinida, a través de una serie de sustituciones matrimoniales.

Quiere decir que aquello contra lo cual deben luchar los opositores no es una candidatura más sino un proyecto de largo plazo que, de tener éxito, sometería a la próxima generación de los argentinos a un poder perpetuo. Todo el poder, todo el tiempo : ésta es la íntima consigna del kirchnerismo. La naturaleza de la ambición de los Kirchner cambia de cuajo lo que estará en juego el 28 de octubre: no ya la competencia entre varios candidatos de ambición pareja, la de gobernar por los próximos cuatro años, sino la lucha de varios proyectos "normales", republicanos, de gobierno, contra otro proyecto no republicano, sin límites ni plazos.

La asimetría entre los dos tipos de proyectos que se enfrentarán el 28 de octubre confiere dramatismo a la pretensión de los candidatos republicanos, cuya tarea ya no será simplemente "vencer" sino detener, mientras puedan, una dictadura potencial.

¿Hoy o mañana?

El objetivo natural de los opositores no tiene por lo visto un mero alcance político , ganar el próximo gobierno, sino un alcance institucional : salvar a la República.

¿Cuándo y cómo lo harán? El peligro institucional que hoy se cierne sobre la República induce a defenderla cuanto antes. ¿Pero es práctica, es factible, la intención de detener al kirchnerismo ya? De un lado, urge derrotarlo antes de que pueda desarrollar plenamente su designio dictatorial. Del otro, apresurar la búsqueda del objetivo con vistas a un inmediato desenlace, ¿no llevaría a frustrarlo?

Los griegos designaron con la rica y enigmática palabra kairós , que podríamos traducir aproximadamente por "el tiempo oportuno", la condición misma de la vida política. Por eso, nos hemos preguntado aquí antes por el "cuándo" que por el "cómo" del combate republicano. La idea detrás del kairós es que, siendo en un tiempo posible lo que en otro tiempo no lo es, acertar con el tiempo oportuno es una condición decisiva del arte político.

¿Cuándo habría que dar entonces la batalla decisiva contra el kirchnerismo? Dos escuelas de pensamiento se desarrollan al respecto entre nosotros. Cuando el genial Aníbal invadía Roma en medio de la Segunda Guerra Púnica, hubo generales apurados que salieron a desafiarlo con resultados catastróficos. Pero el cónsul Fabio, también llamado "el contemporizador", eludió enfrentarlo apostando al tiempo, induciéndolo a lo que los historiadores militares llaman una "guerra de desgaste". Agotados sus recursos y sin el apoyo de su lejana madre patria, Aníbal se dio al fin por vencido retirándose a Cartago.

El horizonte de Macri

Hoy, Macri es nuestro Fabio. Si bien se vio tentado después de su rotundo éxito en la Capital, renunció a dar batalla el 28 de octubre. Optó por esperar. Macri supone que desafiar a los Kirchner de aquí a dos meses sería prematuro por dos razones. Primero, porque la bonanza económica, clave constante de los triunfos gubernamentales, todavía está vigente. Segundo, porque la oposición, aun si triunfara, estaría todavía, como la Alianza lo estuvo en 1999, demasiado "verde" para gobernar. Mejor esperar entonces que el kirchnerismo complete el curso del desgaste que ha iniciado. El kairós vendría entonces, según esta visión, recién en 2011, cuando a un gobierno nacional en pleno desgaste lo enfrente el jefe eventualmente exitoso de la Capital.

Para perfeccionar esta perspectiva "fabiana", podría decirse que el kairós republicano vendrá no ya en 2011 sino en 2009 porque, como ya se ha visto en las experiencias de Alfonsín en 1987 y de Menem en 1997, la caducidad del oficialismo se adelanta por dos años, no en una elección presidencial sino en la elección intermedia anterior, cuando el Presidente ya no puede polarizar sus huestes para la batalla final. Sería correcto imaginar que esta estrategia contemporizadora es apoyada también por otro gran "tiempista": el ex presidente Duhalde.

El empeño de los Lavagna, Sobisch, Rodríguez Saá y Carrió es, en cambio, fulminante. La idea, aquí, es hostigar al kirchnerismo de día y de noche, sin cederle posiciones y sin esperar que el binomio presidencial mate en el huevo a los "tiempistas". ¿Qué pasaría por ejemplo si los Kirchner lograran frustrar desde la poderosa presidencia la gestión de Macri en Buenos Aires? El debate interno entre los que esperan y los que apuran la acción contra los Kirchner por otra parte los debilita porque aún no han logrado unir sus fuerzas. Lo que ellos no han conseguido por impericia o por egocentrismo, ¿se los terminarán regalando al fin los Kirchner por la acumulación de sus propios errores? El enigmático kairós tiene la palabra. Los genios políticos lo presienten. Los historiadores apenas lo consignan. .

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