El film transcurre en los pasillos y las habitaciones de un hotel cinco estrellas Foto: Alfa Films
Mujer de lujo ( Hors de Prix , Francia/2006). Dirección: Pierre Salvadori. Guión: Benoît Graffin y Pierre Salvadori. Con Gad Elmaleh, Audrey Tautou, Marie-Christine Adam, Vernon Dobtcheff, Jacques Spiesser y Annelise Hesme. Fotografía: Gilles Henry. Música: Camille Bazbaz. Edición: Isabelle Devinck. Diseño de producción: Yves Fournier. Producción hablada en francés con subtítulos en castellano y presentada por Alfa Films. Duración: 104 minutos.
Nuestra opinión: buena
El modelo al que Pierre Salvadori recurrió para Mujer de lujo es, claramente, el clasicismo de los grandes exponentes de la comedia sofisticada y filosa como Billy Wilder, Preston Sturges y muy especialmente Ernst Lubitsch. Hay aquí un sano -y por momentos logrado- intento de combinar los diálogos punzantes y el ritmo vertiginoso de la screwball-comedy , el humor físico propio del slapstick y una mirada irónica sobre el universo -inalcanzable para la inmensa mayoría de los mortales- del consumo de lujo, con su juego de apariencias, su cinismo extremo y, también, la seducción que generan los hoteles, las tiendas y los restaurantes exclusivos ubicados, como en este caso, en paradisíacos enclaves de la Costa Azul francesa.
Los protagonistas de esta comedia romántica son Jean (Gad Elmaleh), un tímido y bastante patético camarero que trabaja en un hotel cinco estrellas, e Irène (Audrey Tatou), una ambiciosa y manipuladora joven cuya principal misión es sostenerse en el circuito veraniego de lujo seduciendo, uno tras otro, a veteranos millonarios, lo que le permite desarrollar un consumo compulsivo de artículos de grandes marcas, hasta poder conseguir algún día el objetivo final: casarse con uno de ellos.
Pero, como en toda buena comedia de enredos, las cosas tienden a complicarse: Irène creerá que Jean es un potentado y, por lo tanto, una posible presa de su despliegue para la atracción y el hechizo, pero pronto se dará cuenta de que se trata de un farsante a su altura. Además, una vez iniciado en el juego del engaño, Jean demostrará que también puede participar como ella en las grandes ligas de los cazafortunas profesionales.
Salvadori explota al máximo el encanto de las locaciones de Montecarlo, Niza, Biarritz y Cannes, y ofrece una descripción bastante despiadada sobre las relaciones entre seductores y seducidos, aunque, claro, siempre dentro de la ligereza y la superficialidad que exige un relato de estas características.
No hay nada en este eficaz e inofensivo producto que desentone demasiado ni tampoco ningún aspecto que vaya a revolucionar el devenir de la comedia romántica. En medio de esa corrección, cabe aclarar -por si todavía hace falta- que el "toque" Salvadori está muy lejos del famoso "toque" Lubitsch y que Mujer de lujo no es ni Ninotchka ni Un ladrón en la alcoba , pero para los seguidores de la comedia francesa más liviana que intelectual se trata, de todas formas, de una propuesta para tener en cuenta.
Diego Batlle