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Los subsidios favorecen más a los ricos que a los pobres

Benefician a sectores acomodados que empujan la demanda y la inflación

Sábado 15 de septiembre de 2007
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Los fuertes subsidios a los servicios públicos, tendientes a mantener las tarifas sin cambios, actúan como un "impuesto inflacionario" para los sectores más pobres de la sociedad, según un estudio de una consultora privada. Prefinex realizó un informe sobre las subvenciones públicas al transporte, la electricidad, el gas, la medicina prepaga y la educación privada y concluyó que estos fondos "redistribuyen ingresos a favor de los sectores de ingresos más altos".

Tras la difusión de los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) sobre las variaciones de precios según la estructura de consumo por quintil de ingresos, Prefinex indicó que "los subsidios públicos (estimados en $ 12.000 millones) y los controles de precios tienen un sesgo regresivo". Por este motivo, según el reporte preparado por los economistas Osvaldo Cado y Nicolás Bridger, hay un traslado de ingresos desde el 20% más pobre hacia las clases medias y altas.

Según el informe, la mayoría de los bienes alcanzados por los subsidios forman parte de la canasta de consumo de las clases medias y altas, ya que éstas logran un ahorro a raíz del congelamiento de tarifas que vuelcan al consumo y así crean presiones inflacionarias, que afectan sobre todo al 20% más pobre (comprendidos en el primer decil de ingreso). En la lista de subsidios cuestionados por Prefinex por razones distributivas figuran, por un lado, los destinados a la electricidad y gas residencial: las tarifas más baratas se encuentran en la ciudad de Buenos Aires, que concentra más del 40% del consumo nacional, mientras que en el resto del país se "paga una tarifa aproximadamente 100% superior". También aparecen los recursos para combustibles para automóviles, el transporte aéreo de cabotaje y la medicina prepaga.

Según Prefinex, en el caso del transporte, los subsidios a colectivos y trenes para 2007 están en el orden de los $ 3000 millones y aquellos destinados a paliar la crisis energética (fondos públicos para inversiones, importar gas, gasoil, electricidad) ascienden a 5000 millones.

El economista Luis Secco, de Perspectivas Económicas, calculó que los subsidios este año totalizarán unos $ 13.343 millones, frente a los 6020 millones de 2006. En particular, explicó que los de transporte pasaron de 3150 millones a 6250 millones; los de energía, de 2520 millones a 5800 y los relacionados con el agro y la ganadería, de 350 millones a 1293 millones.

Prefinex consideró que "la clase media no sólo se beneficia de los subsidios y los controles establecidos por el sector público, sino que también le cobra indirecta e involuntariamente una especie de impuesto inflacionario a los estratos económicos más bajos". La consultora agregó que el diagnóstico empeora si se toma en cuenta que dentro del 20% más pobre "abundan los mayores índices de empleo en negro", cuyos salarios todavía están el 12% por debajo de los niveles de fines de 2001 (a diferencia de los sueldos en blanco, que están un 24% arriba).

Carga impositiva

Osvaldo Cado agregó que al esquema de subsidios "hay que sumarle la carga impositiva, porque el IVA del 21% lo pagan todos, mientras que las tarifas más caras las pagan sólo los pobres, como ocurre con el gas en garrafa". Además, explicó que los sectores acomodados que son beneficiados por las tarifas "tienen mayor capacidad de ahorro y, por lo tanto, generan mayor demanda que aumenta las expectativas inflacionarias".

Alberto Müller, del Plan Fénix, opinó que para analizar el efecto redistributivo de los subsidios hay que tomar en cuenta toda la política económica, incluyendo "los instrumentos que se utilizaron en estos años para mejorar la situación de los sectores de bajos ingresos, como la moratoria previsional". En cuanto al otorgamiento de subsidios, Müller indicó que en el caso del transporte de cargas "se beneficia a los sectores de menores ingresos", mientras "el subsidio al transporte aéreo no se justifica para nada" y las tarifas de luz "en realidad en los 90 fueron de las que más aumentaron entre los servicios públicos".

Desde otra perspectiva, Secco consideró que si se quisiera mejorar la equidad, habría que "subsidiar a los consumidores, no la oferta". Advirtió que si el Gobierno tiene intención de aumentar las tarifas, "va a tener que negociar duramente con los gremios la pauta salarial en un contexto de inflación real del 18 por ciento". Pese a todas estas advertencias, en el Gobierno afirman que, con o sin subsidios, "la distribución de ingresos mejoró y por eso el coeficiente Gini está en 0,48, frente al 0,54 del tercer trimestre de 2003".

"Cuando se analiza el esquema distributivo, hay que recordar que se generaron 800.000 puestos de trabajo en un esquema macro consistente", afirmó una fuente oficial.

Por Martín Kanenguiser De la Redacción de LA NACION

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