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Premian a la antropóloga Mercedes Doretti con la "beca de los genios"

Tiene un valor de 500.000 dólares; la otorgó la Fundación MacArthur a 24 investigadores

Miércoles 26 de septiembre de 2007
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LA NACION

Hace 23 años, en los primeros días del renacer de la democracia, una estudiante a punto de recibirse de antropóloga en la Universidad de Buenos Aires ayudó a fundar el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) para esclarecer los crímenes de lesa humanidad producidos durante el último gobierno militar.

Al frente de ese grupo, que desde entonces trabajó en más de treinta países -entre los que figuran Bolivia, Brasil, Chile, El Salvador, Guatemala, Haití, México, Honduras, Paraguay, Uruguay, Perú, Venezuela, Etiopía, Angola, Costa de Marfil, Kenia, Namibia, Sierra Leona, El Congo y Sudáfrica-, la tarea de Mercedes Doretti, Mimí, fue fundamental para reunir evidencia física que respaldara los relatos de los sobrevivientes y sus familiares.

Seguramente en esos días en los que llegó a recibir amenazas de muerte por su trabajo, no podía imaginar que esta semana un representante de la Fundación MacArthur la llamaría para informarle que había sido elegida como uno de los 24 destacados científicos que este año recibirán la célebre "beca de los genios": un subsidio de 500.000 dólares a lo largo de cinco años "sin obligaciones específicas ni de rendir cuentas" destinado a individuos de cualquier edad o actividad "que muestran excepcional creatividad en su trabajo". El año último la misma distinción fue a manos del físico argentino Matías Zaldarriaga.

"¡No lo podemos creer!", asegura exultante Doretti desde Brooklyn, donde vive desde hace quince años, cuando se hizo cargo de la oficina neoyorquina del EAAF. El "nosotros" se debe a que, aunque el premio es personal, lo considera una distinción a todo el grupo. "Trabajé toda la vida en equipo", subraya.

El EAAF realiza investigaciones forenses en violaciones de derechos humanos. "Mientras estudiaba, veía la tarea científica y el compromiso con los derechos humanos como dos cosas separadas -explica-. Me parecía muy importante que se hiciera justicia, pero no me imaginaba que yo, como antropóloga, podía hacer algo. Participaba como una ciudadana más."

El momento de decisión llegó en 1984, cuando la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas y las Abuelas de Plaza de Mayo resuelven pedir ayuda a forenses norteamericanos para identificar a nietos nacidos en cautiverio y restos de desaparecidos. "Ese año llega a la Argentina el doctor Clyde Snow, una eminencia en antropología forense -cuenta Mimí-. Queda completamente conmovido por el caso y sigue trabajando cinco años en la Argentina."

Un llamado

Había dos problemas por los cuales el cuerpo forense tradicional no podía trabajar en estos casos: carecía de entrenamiento para exhumar y analizar restos óseos (estaban acostumbrados a trabajar en tejidos blandos, que a esa altura ya habían desaparecido), y no ofrecían credibilidad para los familiares.

Clyde hizo un llamado a los graduados sin mucha fortuna, tras lo cual se dirigió a los estudiantes avanzados de antropología. "Durante los siguientes cinco años lo ayudamos y aprendimos con él", recuerda Doretti.

En sus investigaciones, los antropólogos forenses observan cuatro etapas. En primer lugar, reúnen los datos históricos, revisan los archivos de cementerios, diarios de la época, entrevistan a testigos y sobrevivientes, y analizan toda la documentación existente sobre el caso.

El segundo paso es estudiar toda el área de fosas y en ese mismo lugar recolectar información física de las víctimas cuando estaban vivas, como registros odontológicos, diarios, etc.

Luego, se aplican las técnicas de la arqueología tradicional y la criminalística para la recuperación de evidencias, tales como proyectiles, ropa, efectos personales, y todo lo que acompaña los restos en el lugar del enterramiento y la escena del crimen.

Finalmente, llega la etapa de laboratorio, durante la cual se emplean técnicas de antropología biológica, medicina forense y genética. "Según convenga -aclara Doretti- podemos recurrir a distintas disciplinas. A veces, usamos más la geofísica, a veces la balística..."

Para la investigadora, entre los casos más resonantes en los que trabajó figura "la identificación de los restos de monjas francesas, cuyos cadáveres habían vuelto a la playa, el de la primera presidenta de las Madres, y de desaparecidos que habían sido arrojados desde aviones al Río de la Plata".

"Nuestro trabajo fue importante porque ofreció evidencias físicas sobre algo de lo que existía sólo evidencia testimonial -subraya-. También investigamos la masacre de El Mozote, en El Salvador, que produjo 800 víctimas, el 40% de las cuales fueron niños, en un momento de la guerra civil en que las fuerzas armadas tenían una política de tierra arrasada, de «quitarle el agua al pez»; es decir, el apoyo de la población a la guerrilla."

Mercedes Doretti recuerda que en sus comienzos la tarea del EAAF fue resistida en el ámbito académico, porque se la consideraba "poco científica". Y que pudo encararla gracias a su sólida formación familiar: "Hay una cosa que debo decir: mi contacto con los derechos humanos tuvo mucho que ver con las convicciones de mi mamá. Debo agradecer los valores que me inculcó. Eso, sin duda, me inspiró muchísimo".

La madre de Mercedes Doretti es nada menos que Magdalena Ruiz Guiñazú.

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