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En las iglesias del casco histórico

La música de las misiones jesuíticas en Buenos Aires

ADN Cultura

A partir del 9 de octubre el público porteño podrá disfrutar de un magnífico repertorio de creaciones del barroco iberoamericano

Las principales iglesias del Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires serán el marco del Segundo Festival de Música Antigua "Barroco Iberoamericano", que se realizará entre el 9 de octubre y el 6 de noviembre próximo.

Siete destacados coros y orquestas nacionales e internacionales interpretarán piezas de la música barroca misional de los siglos XVII y XVIII realizadas por maestros jesuitas y compositores anónimos de Bolivia, Paraguay y Perú en las misiones guaraníes y chiquitanas, así como sofisticadas melodías barrocas nacidas en Nueva España, México y Guatemala en los siglos XVI y XVII.

"A lo largo de las distintas presentaciones, el programa alternará un fascinante repertorio erudito con una gran variedad de canciones populares, villancicos y alegres sonidos producidos por instrumentos cuyo diseño original tiene varios siglos de antigüedad", destaca Miguel Frías, productor cultural de este Segundo Festival de Música Antigua, que organizan la parroquia San Ignacio de Loyola - Arzobispado de Buenos Aires- y el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El programa incluye la actuación del Coro y Orquesta San Ignacio de Moxos, Bolivia, dirigido por Raquel Maldonado; el conjunto Pro Música Antiqua de Rosario, dirigido por Cristián Hernández Larguía ; el conjunto Capilla del Sol, del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, dirigido por Ramiro Albino, el Ensemble Elyma, dirigido por Gabriel Garrido; el Grupo de Canto Coral Capilla Cisplatina, dirigido por Néstor Andrenacci; el conjunto Rosa Púrpura del Plata, dirigido por Gabriel Schebor y el Ensemble Louis Berger, dirigido por Ricardo Massun.

El Festival, con entrada libre y un bono contribución voluntario, se realiza en el marco de la campaña de recaudación de fondos para la restauración de la fachada y el interior de la Iglesia de San Ignacio, que comenzó a edificarse en el año 1712 según diseño del jesuita bávaro Juan Kraus.

"San Ignacio es el primer templo construido en Buenos Aires por los arquitectos jesuitas Juan B. Prímoli y Andrés Bianchi, dispuesta en un ángulo de la Manzana de las Luces, en el barrio conocido como Catedral al Sur que hoy lleva el nombre de Monserrat. Fachada barroca, planta en cruz latina, altar mayor del siglo XVII y retablo del siglo XVIII, la Iglesia sufrió muchas modificaciones y se encuentra en un estado de avanzado deterioro", destaca Frías.

Huellas

"El estilo barroco fue uno de los mas importantes e interesantes experimentos socioculturales de la historia americana de los últimos 350 años, que ha dejado huellas trascendentes en el arte, la arquitectura y también la música", destaca Darko Sustersic, director del Instituto Payró de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y eminente especialista en el arte de las misiones jesuíticas.

"Fue, por sobre todo, un lenguaje nuevo, que creció como un frondoso árbol, nutriéndose del suelo americano y de las mismas ruinas de las civilizaciones antiguas"

Este nuevo lenguaje de América fue el del barroco mejicano, quiteño, cuzqueño, de las misiones de la selva, o de la costa atlántica del Brasil, marco histórico y cultural que englobó a todas las naciones sudamericanas, no sólo durante el breve siglo XVIII, sino que mantuvo su presencia vital durante el siglo de las independencias hasta la actualidad.

"La causa es que ese barroco dejó de ser ya un estilo importado y abastecido por Europa, como fueron los estilos renacentista o el neoclasicismo, para hundir sus raíces en la fértil tierra negra, gris o colorada de América, produciendo una civilización nueva y diferente", se entusiasma Sustersic.

"Más se agranda la perspectiva histórica en el tiempo, más es admirada esa civilización barroca americana por el mundo entero", concluye.

Lejos de las exhuberancias selváticas, de los flamboyanes color de fuego y de los violines que inundan el aire de melodías mágicas; lejos de la magnificencia de aquellas iglesias con sus tallas y maderas repujadas y doradas, la ciudad junto al río color de león guarda, sin embargo, espacios para la memoria y la celebración.

"Durante casi un mes viviremos el renacimiento de una música compuesta hace tres siglos en las misiones por sacerdotes europeos y por indígenas anónimos, muchas de las cuales se creían perdidas y que fueron reencontradas en las últimas tres décadas, durante los procesos de restauración de iglesias enclavadas en el medio de la selva boliviana", dice Ricardo Massun, director del Ensemble Louis Berger, cuyo repertorio se dedica exclusivamente a la música de las misiones jesuíticas de América del Sur.

Con la perspectiva de contribuir a la preservación de un legado cultural que es un tesoro, Buenos Aires está a las puertas de una fiesta. .

Por Carmen María Ramos Para LA NACION
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