Opinión
Passarella jugará su propio partido
Por Alberto Cantore | LA NACION
Hace casi un año, el 8 de octubre de 2006, un controvertido Daniel Passarella se reconciliaba con los hinchas de River. Un categórico y lucido éxito en el superclásico le permitió revertir la imagen, y el nivel de idolatría se acercó al que lo supo acompañar durante sus días de Gran Capitán. Pero los sucesivos fracasos deportivos de este segundo ciclo como conductor provocaron que el repudio de la gente recrudeciera, y aunque el presidente José María Aguilar lo niegue, en Núñez empezó la carrera por la sucesión con Diego Simeone como principal candidato.
Imposible imaginar un escenario más delicado para el Káiser, que será el centro de las miradas de propios y extraños. El plazo que se impuso para lograr un objetivo, en mayo último, ya es anecdótico. Y una victoria sobre Boca no alcanzará para modificar una relación que no tiene retorno. El entrenador jugará su propio partido.
El disgusto y la escasa paciencia de los simpatizantes genera temor. El miedo por un nuevo hall de protesta está instalado, aunque los violentos no deberían tener su lugar. .
