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Economía

 
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Lunes 08 de octubre de 2007 | 16:40

Mercado laboral

Uno de cada cuatro jóvenes sigue desocupado

Además, de cada 100 ocupados, 53 trabajan en negro; así se desprende de informes privados elaborados a partir de datos del Indec

Por Verónica Dema  | LA NACION

 
 
 

El desempleo y la informalidad laboral, no cede entre los jóvenes. Mientras que la desocupación promedio bajó al 9,8% en el primer trimestre de 2007, uno de cada cuatro argentinos de entre 15 y 24 años (el 24%) no consigue empleo.

Según un informe elaborado por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), sobre la base de datos del Indec, éstos son "problemas estructurales del mercado de trabajo" en la Argentina y sólo se resuelven con un "aumento de la producción".

La economista María Inés Santorum, del Equipo de Gestión Económica y Social (EGES) aporta un dato más para completar las dificultades laborales de los jóvenes. De cada 100 ocupados, 53 se tienen que conformar con trabajar en negro y cobrar salarios que los condenan a vivir en hogares pobres.

"Los más jóvenes son los más perjudicados por el desempleo y la exclusión", dice. Y agrega: "Lo más terrible es que para muchos de ellos la marginalidad ya es parte de sus vidas, la fueron aceptando así y tienen mecanismos de supervivencia".

Cuando Miguel Rivero, de 28 años, se levanta a las 6 cada mañana y observa el mundo de carros, de calles embarradas, de camiones cargados rumbo al basural se acuerda de cómo fueron las cosas desde la infancia. Junto con su padre y sus 9 hermanos partían cada mañana desde la modesta casa en el asentamiento de Loma Hermosa, en el partido Tres de Febrero, a rescatar material reciclable para vender y comida para pasar el día. Quince años después, todo sigue más o menos igual.

Rivero cuenta que hace un año y medio integra una asociación de 70 vecinos, en su mayoría jóvenes, que se ocupa de seleccionar material en la planta de reciclaje Esperanza del Libertador, que la Coordinación Ecológica Area Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse) instaló a 15 cuadras de su casa. A las 7 ya está bajando de su bicicleta para empezar su trabajo no bien llegan los primeros camiones cargados.

Se pasa 8 horas yendo y viniendo entre la montaña de basura y la cinta transportadora de papel, plástico, vidrio y nylon que separará para prensar y vender. "Con suerte sacamos 40 pesos a la vuelta del día", calcula. "Algunos buscan trabajo afuera para ganar un poco más, pero la mayoría vuelve porque dicen que los tratan mal o les pagan poco". Estos jóvenes, a duras penas terminaron séptimo grado.

Ni Rivero ni la mayoría de sus compañeros vieron nunca trabajar a sus padres. Será por eso que ahora a él le cuesta tanto coordinar la tarea de sus pares. "Nuestros mayores siempre estuvieron desocupados y nosotros tuvimos de cuando en cuando changas –dice-, pero no estamos acostumbrados a que nos manden".

Para el economista de la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), el diputado Claudio Lozano, mantener los niveles actuales de exclusión entre los jóvenes, le pone límites muy precisos al desarrollo del país. "Tener jóvenes pobres implica debilitar, en términos estructurales, la productividad del país a futuro", anticipa. Agrega que, por otra parte, "estas dos generaciones que no vieron trabajar a sus padres determina la desaparición del adulto significativo y la ausencia del proyecto de familia". Y remata: "Así no se puede pensar en perspectiva".

Calificados excluidos

La precariedad laboral no sólo afecta a los jóvenes sin calificación. Soledad, de 24 años, estudiante de Antropología en la Universidad Del Salvador, trabaja por $ 5 la hora en un call center. Cuenta que estuvo tres meses a prueba y ahora la efectivizaron, pero no sabe hasta cuándo va a durar. "La presión es impresionante", dice. Y enseguida habla de la incomodidad que le genera esa cámara tipo Gran Hermano que la vigila en su box. "No podemos ni tener el celular prendido", cuenta Soledad.

Dice, por ejemplo, que el sistema los obliga a cumplir turnos rotativos -que puede incluir trabajar a las 2 de la madrugada, como le tocó la semana pasada-, aceptar doble turno o hacer guardias de 8 horas durante sábados y domingos. "Si te negás, te llaman la atención; a la tercera vez te pueden echar con causa", informa.

Soledad recuerda que la peor prueba que pasó fue un período de guardias de 8 horas en que recibía llamados para 10 productos diferentes. "Fue enloquecedor, una alineación total", manifiesta. "Tenía que conocer una decena de guiones de venta y prepararme para atender, cada vez que apareciera una pauta publicitaria, una hora de llamados seguidos". Fue la quincena que más ganó: 300 pesos, pero no quiere repetir la experiencia.

Ella no vé la hora de irse. Pero sabe que el mercado no está fácil. "El problema no es que no haya trabajo. Conseguís enseguida, pero no son trabajos estables, te pagan mal y te exigen disponibilidad full time, para rotarte cuando quieren", describe. "A veces te obligan a elegir entre trabajar o seguir estudiando. Por ahora pude optar por la facultad".

Propuestas para salir

Los especialistas coinciden en la falta de una política de inclusión para los jóvenes. El presidente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), Osvaldo Giordano, trae los ejemplos de programas implementados en otros países de América latina donde el Estado apoya a las familias de menores recursos con la condición de que los jóvenes no abandonen el sistema escolar.

"Así se evita la deserción temprana y, por tanto, se rompe con el círculo intergeneracional que los perpetuará en la pobreza", explica. "Acá, en cambio, los planes suelen estar ligados al clientelismo; esto atenta contra el control y la gestión racional de los programas que se proponen".

La economista de EGES también apuesta a la educación y detecta la misma falta: "No hay políticas focalizadas para los jóvenes con mayor dificultad de inserción social", critica. De no mediar un cambio, advierte, no se resolverá la contradicción actual: un alto desempleo entre los menores de 30 y, al mismo tiempo, una demanda insatisfecha de vacantes que esperan ser ocupadas por jóvenes calificados. .

Por la integración. La Facultad Regional Buenos Aires (UTN) lleva adelante una propuesta de capacitación para lograr la inclusión de jóvenes en el mercado laboral. Se trata de una carrera de programación (en tecnologías Java o Net) de 6 meses de duración, que se dicta en la facultad y en la sede de la Fundación para el Desarrollo del Conocimiento (Fundesco) y cuenta con el apoyo de empresas del sector. Esto les garantiza a los jóvenes capacitación y, a la vez, les abre una puerta de inserción laboral a través de un contrato en estas firmas. Esta iniciativa, que cuenta con el apoyo de la Cámara de Empresas de Servicios y Sistemas Informáticos, Sun Microsystems y Microsoft ya involucra a 150 jóvenes desocupados (en este momento hay en marcha cinco cursos de 30 personas). En enero estarán los primeros egresados volcándose al mercado laboral: el sueldo inicial con el que empiezan como programadores junior rondaría los $1900, precisó Pablo Sardi, de UTN.

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