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Interesante revisión de un clásico de Discépolo

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17 de octubre de 2007  

Stéfano , de Armando Discépolo. Puesta en escena y dirección general: Gonzalo Hurtado. Con Paula Preuss, Alejandro Faggioni, Silvina Bailo, Gustavo Galindo, Andrea Guerrieri, Andrés García Dietza, Gonzalo Hurtado y Pedro Guerrieri. Escenografía: Federico Hurtado. Música original: Guillermo Pesoa. Vestuario: Silvina Bailo. Iluminación: Gonzalo Hurtado y Raúl Nogueira. En el Teatro del Viejo Palermo, Cabrera 5567. Duración: 80 minutos.

Nuestra opinión: buena

El grotesco criollo tuvo en Armando Discépolo uno de sus más altos exponentes. El clima y los personajes de sus obras se insertan en las atmósferas depresivas y en las contradicciones de sus protagonistas, que, tras una máscara de absurda comicidad, sobrellevan un profundo dolor y viven aferrados a un tiempo avasallado por el progreso que los asfixia. El marco de sus obras más importantes es la Argentina de principios del siglo XX, cuando cientos de inmigrantes llegaban de diversos países a una Argentina en la que se proponían "hacer la América" luego de dejar sus ciudades y aldeas, en las que la pobreza los acorralaba sin otra posibilidad que vegetar sin futuro.

Stéfano , escrita en 1928, recrea la trayectoria de su protagonista, un músico que sueña con escribir una ópera que perpetúe su nombre. Poco es lo que había conseguido en su Italia natal y decide viajar a Buenos Aires, donde se instala en la humilde casa de sus padres. Se casa con Margarita, una mujer sufrida que cree en él como músico genial, y van naciendo los hijos, que deben compartir una habitación que sirve tanto de comedor como de dormitorio, de lugar de trabajo de Stéfano y, en invierno, de tendedero de ropa.

Buen rumbo en la dirección

El tan ansiado éxito no llega para Stéfano. Su familia intenta sostenerlo en su sueño de componer esa ópera, pero él deberá resignarse a convertirse en un oscuro trombonista de una orquesta. Su madre acompaña y da consuelo al artista frustrado, pero su padre, en cambio, le reprocha constantemente haberse desprendido de sus magras posesiones en la lejana Italia para viajar a esta nueva tierra y verlo aquí alcanzar una quimera que jamás se dará. Sus hijos, entretanto, rondan a su alrededor asumiendo la pobreza y una ociosidad que los devora.

La versión, dirigida con indudable acierto por Gonzalo Hurtado, que, además, compone un Stéfano arrinconado por la miseria y por la desesperación, rescata todos los ingredientes necesarios que su autor se propuso al captar el fracaso absoluto de los sueños y esperanzas que los agonistas de sus obras traían a la Argentina. El resto del elenco logra acertar en sus respectivas composiciones, mientras que la iluminación y la escenografía sirven de sólido apoyo a esta pieza, en la que Discépolo supo mostrar la miseria de un orden social muy despiadado e injusto a través de la pintura de la vida cotidiana de los humildes, de los fracasados y de los inmigrantes.

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