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Solos por elección

Vivir en soledad es una tendencia que crece. en la argentina, mas de tres millones de personas eligen la solteria como estilo de vida. estas son sus historias, y sus vaivenes...

Domingo 28 de octubre de 2007

Por fin las expresiones “para vestir santos”, “solterona” o “solterón empedernido” quedaron obsoletas. Sí, hoy por hoy, ya se puede afirmar que la soltería dejó de ser un estado vergonzoso para pasar a ser una alternativa. El mandato social mutó con la progresión de las décadas y el éxito o la satisfacción personal ya no se alcanza al dar el “sí” en el altar. Ya sean divorciados, separados, solos o viudo, en cualquiera de sus formas, ellos pueden decir: “Sí, estoy soltero/a. ¿Y qué?”

A medida que las décadas avanzaban los números de personas solas, según el Indec, aumentaban: desde 1991 a 2001, el porcentaje de solteros pasó del 42 al 45,3 por ciento. Pero estas no son las únicas cifras. En 1960, sólo el 7 por ciento de los hogares eran unipersonales. Dos décadas más tarde, treparon al 10%, que en 2004 se convirtió en un 16%. Y ya se puede estimar que para 2010 un 22% de los hogares serán unipersonales.

Aunque múltiples y variadas, las razones del por qué de esta evolución están interconectadas de tal manera que forman una cadena de reacciones: la extensión de la etapa educativa que alarga, a su vez, la adolescencia y primera juventud. El afianzamiento del individuo en su carrera retrasa la formación de una pareja por todas aquellas responsabilidades y “obligaciones” que, se supone, traerá. Con el aumento de los divorcios aumentó también la desconfianza.

También tiene mucho que ver la llegada de la mujer a las grandes esferas del mercado laboral, porque, al nivelarse los ingresos masculinos con los femeninos, la seguridad personal dejó de ser exclusividad de la pertenencia familiar. Esto quiere decir que, en general, ya no hay “mantenidas”. Y esto generó un cambio enorme: el del concepto tradicional de familia y el valor que en el imaginario colectivo se le da hoy a las relaciones de pareja. Lo que antes se asumía como un “hasta que la muerte nos separe” hoy se vive como un “hasta que deje de funcionar”.

Solteros siglo XXI

Pero hay algo que no queda muy claro. Si los números han cambiado y ya no es un estigma social el estar solo, ¿por qué surgen heroínas como Bridget Jones o Carrie Bradshow (el personaje protagónico de Sex & the City), mujeres independientes cuya búsqueda permanente es la de la pareja ideal? “Antes se estaba en pareja por decreto, porqué así debía de ser. Ahora, la pareja es un estado idealizado,” explica la Licenciada Mariela Mociulsky, de la consultora Grupo CCR, y agrega: “Cuando las abuelas dicen «antes nos soportábamos» tienen razón. Como la soltería* justamente ha dejado de ser un estigma social, se duda mucho más en el momento de conformar una pareja y mucho menos en quebrarla cuando ésta deja de ser ideal”. La pareja hoy, entonces, se ha convertido en un territorio sin guías o reglas. Y, a la hora de estar con otro y estar bien, se ponen en juego una cantidad de variables para las que antes no había espacio: “En primer lugar, hay que resignar muchas cosas. En esta última década y como consecuencia de la globalización, ha habido una gran exacerbación de la individualidad. Los proyectos personales son los que están en un primer plano y cuesta mucho negociar el espacio propio con el de la familia. ¿Hasta dónde fundirse en la pareja? ¿Cómo negociar el espacio privado del compartido? Hoy estamos en un momento en el que la vida de a dos se está redefiniendo y reconstruyendo y, a veces, se torna muy confuso.”

De esta manera, el soltero del siglo XXI es mucho más individualista y, también, mucho más solitario. Si hay algo que modificó las relaciones interpersonales en esta última década ha sido la tecnología e Internet. Se trabaja desde la casa, se chatea y se crea una fantasía de estar relacionado con “un otro”, extendiendo el contacto on line y retrasando y, hasta a veces, resignando el encuentro personal. Hoy, según Mociulsky, “la gente se conecta y desconecta como la tecnología sin llegar a concretar un vínculo afectivo y con muy poco compromiso. Se vive un zapping afectivo lleno de encuentros intermitentes y pequeños. Esto refleja el gran temor que se vive a perderse uno dentro de una relación”.

La soltería cool

Como consecuencia de esta fantasía ideal de pareja, el lugar en el que se pone el énfasis para el gran disfrute es la búsqueda. El soltero cool es objeto de envidia de todo ser comprometido. Es aquel que no tiene que darle explicaciones a nadie, que tiene un presupuesto extendido para invertir sólo en sí mismo y tiempo para viajar. “Son el individualismo potenciado: cuidan más su peso, su apariencia, están a la moda, hacen deportes, les dan mucha importancia al diseño, a la decoración, les gusta tener chiches high tech y, en general, conforman una imagen interesante y envidiable para algunos,” agrega la Licenciada.

Y esta imagen de un segmento de la población en aumento no le ha sido indiferente al mercado. Las compañías, entonces, no dudan en ponerlos como modelo para sus campañas y apuntan a ellos como consumidores privilegiados.

“El soltero es la persona que más recurre a diferentes objetos para construir esa imagen ganadora de solo o sola. No es lo mismo sentarse a una mesa y apoyar un bluetooth que un celular básico. Esa es la gran diferencia entre el soltero y el casado. El casado no se va a gastar la plata para la cuota del cole de los chicos en un chiche”, explica Adrián Gluck, CEO de la consultora de marketing Punto 3, y añade: “Pero no es sólo en el mercado de los aparatos high tech que las compañías buscan captar a los solteros. En el área de los alimentos y las inversiones también hay una búsqueda agresiva por ingresar dentro de esta franja de consumidores”. Y tiene razón. En los supermercados pueden verse envases más chicos, porciones de diferentes cosas envasadas de a una o frascos más chicos de cualquier cosa. “Nosotros captamos esta tendencia y es a la que apuntamos con nuestra línea Premium de embutidos, Bocatti. Los envases de esta línea tienen otro diseño, otro material y tienen un gramaje menor. Los de paté, por ejemplo, fueron de 125 gramos a 90. O los envases para salamín, que están divididos en tres canelones independientes. Si abrís uno, no afectas a los otros”, explica Juan Carlos Mármol, director comercial de Bocatti.

Al no tener una pareja con la que negociar el gasto mensual, el soltero puede ser más arrojado a la hora de invertir en la bolsa. “Un inversor casado, con cargas familiares, de invertir lo hará más en empresas de value, como puede ser General Electric. El soltero, más intrépido, quizás lo haga en empresas como Google, con potencial de crecimiento, o en el área de biotecnología o biocombustibles, que están en pleno desarrollo, ya que buscan activos que tengan alto potencial de largo plazo porque ellos tienen tiempo y paciencia”, explica Alejandro Bianchi, de Invertir On Line.

En algunos rubros se han convertido en los consumidores número uno: “Si tenés una pareja, hijos, quizás tengas auto. Si estás solo, seguramente no. Por eso, los solteros son hoy nuestros grandes clientes”, cuenta Matías Primarco, de Rent a Car. Hombres y mujeres que durante la semana trabajan y vuelven tarde no van a tener un auto en una cochera parado, gastando la plata que podrían usar en comprar ropa, maquillaje o darse un buen masaje. Entonces, cuando llega el fin de semana, recurren al alquiler de coches. “Tenemos de todo: el que quiere lucirse con una chica, alquila un auto y les quita las etiquetas de la rentadora; el grupo de 3 o 4 que alquilan por el fin de semana o los que sólo quieren salir a pasear.”

Hasta no hace mucho, las personas de más de treinta que aún no estuvieran casadas eran vistas con recelo. Eran y se sentían marginados sociales. Hoy, según cifras del Indec, hay más de tres millones de solteros en la Argentina que viven solos por elección. Por un lado, un gran progreso social. Por el otro y como contrapartida, el mismo fenómeno idealizó tanto a la pareja que resulta muy difícil sostener la relación con un par a largo plazo. Pero los solteros no desisten. Desean y tienen esperanza. Y, hasta que esto se concrete, saben pasarla muy bien.

Por Constanza Guariglia

revista@lanacion.com.ar

Carla Teso 30 años, diseñadora gráfica

Al estar sola, pude tener un proyecto personal y pude elegir. Hasta hace poco, por ejemplo, conviví con dos amigos por una necesidad económica y quizás, de estar en pareja, no hubiera podido. Y es muy diferente a convivir con una pareja. Tenía mi lugar que compartía con otra gente. Pero hacía la mía. No hay una relación de compromiso afectivo. Cada cual hacía su vida pero, sin embargo, estaba acompañada y encarábamos la vida en grupo. Tenía esa libertad. Cuando estás soltero, sos dueño de tu tiempo. Yo voy a la facultad, trabajo mucho y no tengo que cumplir horarios con nadie. De todas maneras y aunque está todo bien con la soltería, me encantaría estar en pareja. Al estar sola, de todo me hago cargo yo. Y a veces siento que me falta un ancla. Algo que me ponga orden. En ciertos momentos, una pareja te pone un orden, pero también te trastorna. Es una variable muy sensible que hay tener demasiado en cuenta. Cuando estás sola, quizás elegís más los momentos de ver a las personas. Y cuando estás en pareja, aunque tengas ganas de estar sola, cumplís con verlo. Todo es relativo y todo es según como se tome. Pero, de lo que sí estoy segura ahora es de que es mejor estar sola que bancarte los desplantes de cualquiera. Es una pérdida de tiempo. Momentos que quizás hubiera podido utilizar para mis proyectos los utilicé en algo que no quería hacer y eso, a la larga, es una molestia.

Concepcion “Tina” Gonzalez Rodriguez 61 años, esteticista

Me separé de mi marido hace diez años, pero, la verdad, siento que siempre estuve sola. Lo más positivo que me quedó de estar con él fue mi hijo, Diego. Disfruto mucho de estar sola. Ahora siento que soy “yo”. Porque antes fui “la hija de”, luego “la mujer de”. Y ahora puedo decir que soy Concepción González Rodríguez. Antes, cuando estaba casada, era una obsesiva de la limpieza y el orden. Todo tenía que estar perfecto. Ahora, como el desorden es mío, estoy mucho más relajada. Si quiero limpiar, limpio, y no tengo que limpiar la mugre de otro. Si no quiero comer, no lo hago, y no tengo que cocinar para nadie. Ahora manejo mis tiempos, mi plata, lucho y salgo adelante. Con el hombre que estuve casada..., hoy lo veo y no lo puedo creer. Claro que a veces cuesta y mucho llevar adelante todo sola. Pero vas zafando. Prefiero esta vida a estar casada. No soy de las que dicen: “No seré feliz pero tengo marido”. Puedo decidir irme a Mar del Plata un mes y no le doy explicaciones a nadie. Hago yoga, hago gimnasia, voy a congresos, hago cursos, pero no busco parejas. Tengo historias, tengo pretendientes, pero los prefiero lejos. Salvo que aparezca el príncipe azul, al que nunca dejé de esperar. Pero, ¡ojo! Tiene que ser bien azul. Azul en serio.

Eduardo Grimaux 33, analista de sistemas

Es verdad que la soledad cuesta, pero a todo uno se acostumbra. Creé una independencia que, al estar con alguien, no la tendría. No te digo que no me gustaría ya tener una familia, pero no puedo lograrlo ni económica ni sentimentalmente. Y, mientras estoy soltero, lo aprovecho: salgo mucho a bailar, a tomar con amigos; soy de Entre Ríos y acá me cuesta más encontrar a alguien. Todo es más grande. La gente es distinta; los hombres tienen más labia y eso, para mí, es demasiada competencia. Pero acá también me liberé y ahora siento que a la sociedad no le tengo que demostrar nada, porque cuando cumplí los 30 se me vino el mundo abajo. Siempre había pensado que, para esa edad, ya iba a estar casado. Y para peor, todos mis amigos ya lo estaban. Igual ahora la mayoría se está divorciando y te das cuenta de que estar en pareja no es tan fácil. Mejor entonces esperar a conocer a alguien que sea la indicada, porque ya no creo en aquel tipo de matrimonio que era como el de nuestros padres o abuelos, matrimonios largos que se soportaban. Eso ya no existe. Por eso, el día en que yo me case, lo haré con alguien que me haga sentir bien y con quien sea para siempre. Quiero estar seguro.

Luis Ormaechea 40 años, docente universitario

Está bueno estar de novio, pero también estar solo. Hay una cierta idea de libertad, de poder hacer lo que querés en el momento que querés sin darle explicaciones a nadie. La verdad es que estar solo me dio la oportunidad de dar un salto profesional enorme. Porque fueron años de mucho laburo, de estar fines de semana corrigiendo y, de estar en pareja, no sé si hubiera podido. También está muy bueno el tener el control total del televisor, eso es invaluable. Cuando estás con alguien, tenés que empezar a compartir el televisor. También como cuando tengo ganas y si quiero acostarme a las 4 de la mañana, lo hago. Si no, tenés que estar adecuando siempre tus tiempos a los de otro. Entrar y salir sin tener que dar o pedir explicaciones: si hay un ciclo en la Lugones, poder dedicarle todas las noches a eso. Después salir por la Avenida Corrientes, comer algo por ahí, encontrarme con alguien, tomar un café... Básicamente eso. Siempre me gustaron las tareas domésticas y quizás tenía más problemas con mi pareja porque era más desordenada. Siempre llega el cuestionamiento: “¿Para qué tenés tantas películas? ¿Para qué tenés tantas revistas, tantos libros?” Y yo vivo de eso. El tema de compartir los espacios siempre es complicado.

Patricia Gordillo 49 años. Trabaja en el área comercial de una empresa petrolera

Nunca me casé, nunca conviví, sí tuve parejas, pero la verdad es que estoy soltera desde hace mucho tiempo. Y me siento muy cómoda con esta situación. ¿Por qué? Porque hago muchas cosas que quizás al estar en pareja no podría. Por ejemplo, hago mucho deporte y quiero seguir estudiando. Me encanta viajar y no le doy explicaciones a nadie ni tengo que hacer coincidir mis tiempos con otro. Esto no quiere decir que descarte la posibilidad de estar con alguien, pero, la verdad, no hay hombres de mi edad. Aunque salgo y tengo mucha vida social, veo y padezco mucha incomunicación entre los sexos. Pero no me siento para nada una solterona, al contrario. Cuando digo que soy soltera, me miran con extrañeza. Pero estoy muy bien así. Sí me encantaría tener hijos y no pierdo las esperanzas en ese sentido. Me gustaría formar una buena familia, pero no con cualquiera. Tendría un hijo sola aunque se que me costaría más.

Gustavo Pérez 34 años, odontólogo

Desde hace cuatro años que estoy sólo y, aunque estoy a la búsqueda de una pareja, también estoy cansado de relaciones casuales. Busco una mujer, pero sin apuro, porque el apuro trae malas decisiones. Por eso elegí, luego de separarme, quedarme sólo. Al terminar con mi última ex, a los 31, decidí quedarme solo para saber realmente lo que yo quería. Al principio me costó, porque siempre estuve de novio. Pero ahora sé lo que quiero y, de estar acompañado, no lo hubiera logrado. Pero encuentro que la soltería en Buenos Aires, hoy por hoy, para mí es una gran farsa. Es una frivolidad. Las personas están totalmente pendientes de sí mismas y no se abren. No les interesa la cabeza de los demás.

Hay muchas ventajas al estar sólo, como la independencia y el poder de decisión. Claro que puede ser un peligro porque uno se puede convertir en un ermitaño o egoísta. Con la próxima mujer con la que esté querría casarme y tener hijos. Pero, en verdad, no hay apuro.

¿Comerán perdices?

Por Fabiana Scherer

Carrie (Sarah Jessica Parker), Samantha (Kim Cattrall), Charlotte (Kristin Davis) y Miranda (Cynthia Nixon), las neuróticas heroínas de Sex and the City vuelven a adueñarse de la Gran Manzana en la película que comenzó a rodarse en Nueva York en septiembre y que tendrá como fecha de estreno en los Estados Unidos, el 30 de mayo de 2008. El popular ciclo de HBO (en la actualidad lo emite la señal Cosmopolitan TV) que fue suceso de rating desde sus inicios, en 1998 exploró con ironía las alegrías, obsesiones y tristezas de esta cuatro amigas que en busca del “hombre ideal” hicieron frente a las más desopilantes situaciones y pusieron en un plano totalmente diferente el término de “soledad” y “sexo”, todo visto desde el costado femenino y visceral. El proyecto de llevar al cine a Sex and the City surgió a principios de 2004, con el episodio 94 y tras seis temporadas en el aire, pero fue este año que se llegó a un acuerdo. Según la revista Variety, el mayor escollo estuvo en manos de Kim Cattrall, que luego de tantas idas y vueltas consiguió lo que buscaba: un salario similar al de Parker y control sobre el guión. Según se rumorea, las aventuras de la columnista de sexo Carrie Bardshaw tendrá como principal objetivo el reencuentro con Mr. Big (Chris Noth). Hay imágenes que la muestran vestida de novia, pero ya hay blogs que aseguran que sólo se trata de un sueño.

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